EL LIBRO DEL ALBORAIQUE

José Guadalajara

bautizo-de-judios-conversos-detalle-perteneciente-al-retablo-de-san-marcos-arnau-bassa-colegiata-basc3adlica-de-santa-marc3ada-manresaLa polémica contra los judíos y conversos en la península ibérica no solo adoptó un aire de conflicto permanente reflejado en la calle, sino unas manifestaciones escritas que, durante varios siglos, se reflejaron en un tipo de literatura en latín o romance con la que se trataba de combatir o defender la causa de éstos.

Textos, en este sentido, hubo muchos en España. Ahí están para corroborarlo el Pugio fidei (1278) de Ramón Martí, el Contra judaeos (1414) de Jerónimo de Santa Fe, el Lumen ad revelationem gentium (1465) de fray Alonso de Oropesa, el Fortalitium fidei (1464) de fray Alonso de Espina o la Sentencia-Estatuto (1449) de Pero Sarmiento contra los conversos, considerado el primer escrito que abogaba por la “limpieza de sangre” para acceder a cargos públicos y otros oficios.

El Libro del alboraique es un libelo anónimo compuesto hacia 1467 que incide en las acusaciones contra los conversos, sobre todo contra los “falsos conversos”, es decir, aquellos que en secreto, una vez convertidos –a la fuerza en su mayor parte, no se olvide- al cristianismo, seguían practicando el judaísmo. Esas conversiones en masa se sucedieron sobre todo en el año 1391, cuando las matanzas de judíos se extendieron en un reguero de sangre por toda la península.

¿De dónde procede este título? El autor anónimo lo aclara desde el principio, al contar que en el pueblo de Llerena (Badajoz) se les puso el nombre de “alboraicos” a los “convertidos neófitos judaiçantes” porque, cuando a Mahoma lo llamó el arcángel San Gabriel para ascender al cielo, le dio un animal al que llamaban Alboraique (al-Buraq) para que llegara hasta allí. Éste, ni caballo ni mulo, “ni una cosa ni la otra”, sino un prodigio extraño, representa bien lo que, a su juicio, son esos falsos conversos, que ni son cristianos ni son judíos.

El libro está compuesto bajo la clave de un simbolismo zoomórfico que gira en torno a ese fabuloso alboraique. El autor ofrece veinte características del mismo que se corresponden con su peculiar fisiología o con otros aspectos relativos a los arreos de su montura. Por ejemplo, el alboraique tiene boca de lobo, rostro de caballo, orejas de perro lebrel, ojos de hombre, cola de serpiente, pelaje de todos los colores, cuerpo de buey… o bien come de todos los manjares, tiene estribos de muchos metales, la silla de un estrado rico, el freno de fuego encendido…

Cada uno de estos rasgos es interpretado por el autor en clave tropológica para extraer de ellos las señas de identidad de los falsos conversos, es decir, de los “alboraicos”. Así, la boca de lobo representa la hipocresía y su falso don profético; el rostro de caballo es su crueldad para derramar sangre humana; la cola de serpiente le viene dada porque los conversos extenderán muchas herejías y de ellos procederá el Anticristo; las orejas de perro lebrel aluden al retorno a ritos y ceremonias del judaísmo como la celebración del Sabbat y la circuncisión, porque, como escribe el autor, así “como el perro torna al vómito y a comer lo que echó, estos canes tornan al sábado y circuncisión y ceremonias que usaron ya cuando se bautizaron”.

alborayque (1)Todo el Libro del alboraique rebosa esta intencionalidad polémica y crítica, a escaso tiempo ya del establecimiento de la Inquisición por los Reyes Católicos en 1478, que entró a saco a partir de 1480 contra los conversos sevillanos. Incluso el libro, haciéndose eco de profecías y creencias muy de época, recala en aspectos apocalípticos y predice que, en el fin de los tiempos, los conversos se convertirán a Dios, aunque antes habrán militado en el ejército del Anticristo.

Concluye el libro con una enumeración de lo que el autor considera las “maldades que dicen los judíos y conversos contra nuestra Ley”, un modo más de procurar la animadversión y condena hacia éstos por parte de los viejos cristianos. Esta última parte descansa sobre el plano lingüístico y se referirá a los diferentes términos hebreos que designan, a modo de insulto o caracterización negativa, diversos actos, nombres de las divinidades, fiestas, cargos eclesiásticos, etc., de los cristianos. Así, por ejemplo, según afirma el autor del libro, los conversos llaman a la Virgen “Timea”, que quiere decir “cosa sucia” o a Jesús, “Maus hervar avida”, que significa “hecho en fornicación e hijo de la enconada”.

Sin duda, este Libro del alboraique fue una pieza más en el engranaje que propició el establecimiento de la Inquisición y la posterior expulsión de los judíos de los reinos de España.