LAS MEJORES PELÍCULAS DE HISTORIA

Juan Angulo Serrano

En mi anterior artículo me limité a reseñar las doce mejores películas históricas de la Historia del cine, según mi opinión, totalmente discutible, aunque varias de ellas estarían seguramente en cualquier lista. Casi todas ya han sido comentadas en esta Página y pueden consultarse en la sección de archivo y también en las dos entregas de las décadas prodigiosas. No obstante, voy a resumir aquellos textos para animar a que sean vistas de nuevo, o a que puedan ser disfrutadas por primera vez.

 En esta ocasión voy a relacionarlas por fecha de exhibición, para no repetirme.

2bf7e4e551a448fbad89903fd74e4a861957- EL PUENTE SOBRE EL RÍO KWAI (David Lean). Se inspira en un hecho real. Desconozco hasta qué punto es fiel a lo que aconteció. Sí es cierto que, periódicamente, se reúnen los supervivientes de ambos bandos para rememorar aquello. Se nos narra la construcción de un puente por los japoneses, con la participación de prisioneros ingleses.

Saito, paradigma del militar nipón, sostiene que hay que dar hasta la vida por el Imperio y el Emperador –hara kiri, kamikazes– sin cuestionarse nada, y desprecia a los soldados ingleses por haberse dejado capturar, cuando un japonés hubiera luchado sin rendirse nunca. Contrariamente, Nicholson, el coronel inglés, tiene un concepto del honor mucho más reglamentista y legalista. Se ha dejado capturar porque así se lo ordenaron sus superiores. Defiende, a costa de su vida, que sus oficiales no realicen trabajos manuales de acuerdo con la Convención de Ginebra –de la que Saito se mofa. Y llega al absurdo de colaborar al máximo con sus enemigos en la construcción del puente para demostrarles su gran disciplina y superioridad técnica y moral, aunque para ello llegue a contradecir parte de sus primeras convicciones.

1959- BEN HUR (William Wyler). Es la cinta más “oscarizada” de la historia. Será raro que alguien no la haya visto. Insuperable la carrera de cuádrigas, y a destacar igualmente el cautiverio de Judá en galeras y su relación con el Cónsul ―un Hawkins soberbio―, el encuentro con el árabe y sus caballos, que presta el necesario contrapunto cómico a tanta épica, las apariciones de Jesucristo –Wyler tiene el genial acierto de hacer que nunca aparezca su rostro― y la música de Miklos Rozsa, para mí, sin duda, el mejor compositor que haya dado nunca el cine.

1960- ESPARTACO (Stanley Kubrick). Kubrick renegó de ella al no haber podido terminarla, debido a sus enfrentamientos con Kirk Douglas que la producía, además de protagonizarla, en parte para resarcirse por no haber sido elegido para interpretar a Ben-Hur. Épica donde las haya, narra la rebelión de los gladiadores, capitaneados por Espartaco, contra la tiranía romana. Transcurre entre los años 71 al 73 a.C. y es un memorable canto a la libertad, con unos diálogos excelentes de Dalton Trumbo. ¿Qué decir de las interpretaciones del propio Douglas, Laurence Olivier, Peter Ustinov, Tony Curtis o Jean Simons?

1962- LAWRENCE DE ARABIA (David Lean). En varias ocasiones se había intentado llevar a la pantalla la vida de este singular personaje. Pero era necesario basarse en su libro autobiográfico/filosófico “Los siete pilares de la sabiduría”, cuyos derechos detentaba su hermano Arnold, que no quería que Hollywood hiciera una versión superficial. Spiegel y Lean consiguieron convencerle, pero con la condición de que él tenía que dar el visto bueno al guión final. El rodaje se inició en Jordania. El propio Rey Hussein estuvo en el plató y facilitó varios aviones de su ejército. Fue durísimo. Temperaturas superiores a los 50º grados centígrados. Fortísimos vientos. Tormentas de arena que deterioraban los instrumentos. Omar Sharif tenía 12 trajes iguales, negros, que tenía que cambiarse constantemente, porque su transpiración los teñía de blanco.

Todo el equipo se dirigió a la mismísima Aqaba para rodar “in situ” la toma de la ciudad, una de las partes más impresionantes de la cinta. A Lean no le gustaron los exteriores y él mismo se puso a buscar nuevas localizaciones. Y encontró una: ¡Almería!, a donde se trasladaron. Luego siguió rodando en varias localidades españolas.

1963- EL GATOPARDO (Luchino Visconti). Inspirada en la novela del mismo título de Giuseppe Tomasi de Lampedusa. La acción se sitúa a finales del siglo XIX, basándose en la vida de su bisabuelo, durante la unificación de Italia y la invasión de Sicilia por las tropas de Garibaldi.

 Reflexión sobre la decadencia de la aristocracia ante los cambios que originan las revoluciones pero bajo la cínica y famosa frase del propio Lampedusa de que: “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. Visconti llega a sus más altas cotas de refinamiento y belleza. Las interpretaciones de Burt Lancaster, Claudia Cardinale y Alain Delon resultan espléndidas.

1966- UN HOMBRE PARA LA ETERNIDAD (Fred Zinnemann). Tuvo un éxito asombroso de público, aunque no era nada espectacular, pero planteaba temas bastante profundos. Obtuvo seis Oscar, entre ellos película, director, guión y actor principal, (Paul Scofield). Trataba sobre la rivalidad entre Enrique VIII y Thomas Moro ―al que el rey mandó cortar la cabeza por no apoyarle en su deseo de romper su matrimonio con Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena, que también perdió la cabeza poco después, lo que dio origen a la iglesia anglicana.

BarryLyndon21975- BARRY LYNDON (Stanley Kubrick). Su desarrollo puede resultar lento. El guión –basado en una novela de Thackeray, que, a su vez, se inspiró en Casanova– es previsible y poco original. Los actores resultan lejanos –la inexpresividad de Ryan O`Neal, la languidez de Marisa Berenson… Pero todo esto es lo que D. Estanislao quería. No es una historia que enganche demasiado. Está narrada por una omnipresente voz en off. No vemos escenas emocionantes. Pero sí emociona, hasta lo más íntimo, su extraordinaria belleza, en la que Kubrick se recrea hasta congelar escenas durante varios segundos, rememorando cuadros de la época, o deleitándonos con unos paisajes y unas tomas de interiores nunca vistos hasta entonces. Hay travelings memorables, como el de la bandera que preside el desfile de la leva de reclutas para la guerra. Una de las películas más hermosas que yo haya visto.

Y la música, siempre fundamental en este director, que aquí fusiona grandes obras de autores clásicos ―Bach, Beethoven…― con otros vanguardistas –Walter Carlos, György Ligeti, Penderecki… ― de forma inigualable.

1976- NOVECENTO (Bernardo Bertolucci). Generó una gran controversia por su atrevimiento al plantear, sibilinamente, una oda al comunismo italiano, abordando a la vez la formación y destrucción del fascismo en ese país. También por sus 314 minutos de duración, algo impensable entonces y mal acogido por parte de la crítica y por los exhibidores. Espectacular la relación de intérpretes, encabezada por Robert de Niro y Gerard Depardieu, no tan famosos entonces, secundados por actores de la talla de Donald Sutherland como Attila, dirigente fascista que es linchado por el pueblo en clara alusión al final de Mussolini, o Burt Lancaster, en sus últimos y mejores años, después de haber colaborado en Italia con Visconti en El Gattopardo y Confidencias.

1987- EL ÚLTIMO EMPERADOR (Bernardo Bertolucci). Detallada biografía del último emperador de China, Aisin Yoro Pu Yi. Ganó, además de múltiples premios, nueve Oscar, entre ellos el de película, dirección y guión. Para la elaboración de éste contó con la colaboración del hermano mayor de Pu Yi, Puchieh, coautor a su vez del libro autobiográfico del protagonista en la que se basa. Logró la autorización del gobierno chino para poder rodar por primera vez una película histórica en la Ciudad Prohibida y que le dieran el visto bueno. Es muy fiel a los hechos históricos.

1993- LA LISTA DE SCHINDLER (Steven Spielberg). La considero una de las películas más terribles que se hayan realizado (tampoco es desdeñable la primera media hora de Salvar al soldado Ryan, del mismo director), sabiendo además que se basa en hechos reales. Creo que me sería difícil volver a soportar ver algunas escenas, como la de Ralph Fiennes disparando al azar a los prisioneros, como si fuesen ciervos en una cacería, o la de los niños escondiéndose en las letrinas. Quizá la obra maestra de este irregular y también admirable director.

Braveheart-898928745-large1995- BRAVEHEART (Mel Gibson). Ha muerto Alejandro III, rey de Escocia, sin clara sucesión. Los nobles pelean entre sí por la corona, lo que aprovecha Eduardo I, rey de Inglaterra, para intervenir y sojuzgar el país. El padre de Wallace es asesinado por los ingleses. Este hecho fue el que provocó la rebelión de Wallace y el inicio de su lucha independentista, de la que fue su adalid, logrando que se fueran uniendo más escoceses a su causa hasta formar un importante ejército. La mayoría de los nobles no le secundan, debido a las luchas internas entre ellos por el poder y su doble juego con Eduardo I, del que buscan sus favores y apoyos. El momento culminante de su historia y de la propia película es la batalla de Stirling, en la que con menos efectivos Wallace aniquila al ejército inglés y pasa a convertirse en mito. Quiero destacar que contrariamente a la actual y exagerada utilización de la tecnología digital para este tipo de escenas, aquí se llegaron a emplear hasta dos mil figurantes, la mayoría soldados del ejército irlandés.

2006- APOCALYPTO (Mel Gibson). Rodada con su personal estilo. Violencia, realismo, utilización de la lengua de la época, decorados reales y escenas de muchedumbres de carne y hueso sin recurrir a la digitalización, utilización exhaustiva de primeros planos, montaje trepidante…

 La tribu maya, post-paleolítica y previa a la aparición de los españoles, vive feliz, integrada en su ambiente natural, pero sus hombres son raptados por el ejército de la ciudad “civilizada”, que necesita víctimas para sus sacrificios humanos. Sofisticada metáfora de situaciones actuales, aunque Gibson haya dicho que “es solo una película de aventuras”. Van para seis años en los que no se ha vuelto a realizar ninguna cinta histórica de primer nivel.