¿POR QUÉ ME GUSTA LA NOVELA HISTÓRICA?

Sabino Fernández

libreriaMe salgo en esta ocasión del tono neutro de mis artículos para explicaros alguna sensación y vivencia personal. Es evidente que me gusta la novela histórica. Pero alguien puede preguntarse el porqué de este gusto y qué proceso lector me ha llevado a esta afición.

Para comenzar señalaré que provengo de una familia de clase media-baja, con apuros económicos para llegar a fin de mes. Estoy en la cuarentena, con lo que también os sitúo en cuanto al tiempo. Por todo ello, en mi casa no había muchos libros. En mi época escolar era habitual comenzar las primeras aventuras literarias en el colegio leyendo fragmentos de grandes clásicos. Existía un libro llamado Senda, que creo que editaba Santillana, que recogía estos fragmentos. El problema principal era que esas lecturas las empezabas con 10 años aproximadamente y se componían de pequeños extractos de la Iliada de Homero, Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique, El Quijote de Cervantes, o La metamorfosis de Kafka, por poner algunos ejemplos. Parecía lo menos indicado para iniciar a un niño en la lectura, pero por esas extrañas circunstancias que coinciden en un individuo, a mí me despertaron la curiosidad sobre esta afición.

 Mis primeros libros, los nostálgicos los recordarán, tenían su componente histórico quizá por mera coincidencia. Así, Miguel Strogoff de Julio Verne, Taras Bulba de Nicolai Gogol, Guillermo Tell de Max Frich o La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson se cuentan entre los primeros títulos que la editorial Bruguera publicó en su famosa serie juvenil. Como la economía familiar no era muy boyante, al principio tuve pocos libros, lo cual hizo que me aficionara a leerlos y releerlos, hasta que los personajes de estos libros empaparon mi imaginación. Mi otra gran afición en literatura es la ciencia ficción marcada también por las primeras lecturas como Veinte mil leguas de viaje submarino o De la Tierra a la Luna de Verne.

  Pronto esos personajes sabidos casi de memoria de tantas relecturas me empezaron a interesar como personajes históricos reales y ya con acceso a bibliotecas del barrio o del propio colegio me adentré en las historias verdaderas que esas novelas de aventuras encubrían. ¿Quiénes eran los piratas que salían en La isla del tesoro? ¿ Y los mongoles que casi cegaban a Miguel Strogoff ? ¿Y el Guillermo Tell que disparaba a la manzana sobre la cabeza de su hijo? Preguntas así me llevaron a libros de historia pura y dura. El problema era que la historia era más aburrida que una narración al uso de una novela. Fue entonces cuando se desarrolló mi gusto por la novela rigurosamente histórica, que combinaba la amenidad con la historia pero sin descompensaciones.

 senda3_0Todo un descubrimiento para mí fue la novela de Robert Graves, Yo, Claudio y su continuación Claudio el Dios y su esposa Mesalina. Ya habían echado la serie por televisión pero yo no la había visto, era pequeño y de aquella ponían rombos, además de darla en horario no infantil. Por aquel entonces se llevaba a rajatabla lo de los dos rombos, por lo menos por parte de mis padres, y te enviaban a la cama a las 8.30 de la noche. El caso es que teniendo yo 13 o 14 años cayó en mis manos la novela de Graves. Desde un principio me fascinó, por las intrigas cortesanas, por los buenos y malos de la novela y, sobre todo, porque habían sido personajes reales de quienes estaba leyendo hechos que con mucha probabilidad habían ocurrido. Eso marcó sin duda mi preferencia, primero por el mundo romano imperial y luego por todo el mundo antiguo.

 Cuando hube leído todo lo habido y por haber sobre el mundo antiguo en castellano, recordad que entonces no era tanto como ahora (se publicaba muy de cuando en cuando novela histórica y casi tan solo editorial Edhasa se dedicaba al género), decidí que si quería no limitar mis horizontes debía internarme en otras épocas. Los primeros libros que empecé a leer sobre el medievo me resultaron complicadísimos. No entendía nada de las estructuras de poder y de la fragmentación de éste. No entendía cómo el rey de Francia (que yo imaginaba como la Francia actual) mandaba menos que un conde de Anjou, por ejemplo, o el poder que la iglesia ejercía bajo la coacción de las excomuniones. Inquieto y curioso como soy, pensé que eso no podía ser y me empapé de Historia de esa época hasta que todo se iluminó como cuando uno enciende el árbol de Navidad una noche cerrada. De pronto comprendía el motivo de las cruzadas, las relaciones feudales, como cada barón, conde o duque de un territorio era el verdadero dueño de ese territorio, pues era quien lo defendía… La Edad Media se hizo entonces interesantísima dentro de su complejidad y juegos de poder.

Descubrimientos posteriores fueron culturas orientales como los imperios mongoles, chinos, persas, seléucidas, otomanos… que incorporaron la riqueza de lo exótico y desconocido tanto en arte, filosofía, formas de vida, arquitectura, costumbres y rituales palaciegos y tantas y tantas cosas que hacen fascinantes las novelas históricas ambientadas en estos parajes.

De ese creciente deseo de aprender cosas nuevas, personajes nuevos, a veces olvidados en la Historia entre páginas y páginas de estructuras económicas o sociales de la época y esa curiosidad por la vida de personas que existieron en realidad y que tuvieron unas vivencias que yo quiero saber como enriquecimiento personal, nació mi gusto, o debería más bien decir mi pasión, por la novela histórica.

  Por eso al preguntarme si me gusta la novela histórica lo lógico sería responder: ¿Cómo puede no gustarme? Sería imposible.