MITOS DEL MEDIEVO: EL SANTO GRIAL

Julián Moral

APARICION GRIALLa quimérica búsqueda o demanda del Santo Grial es uno de los mitos medievales más ricos en simbolismo y misticismo y de más larga proyección en el tiempo, ya que renace y se renueva durante más de doscientos años y, aún en la actualidad, su ininterrumpida fascinación continúa en la literatura y el cine quizá porque sus raíces están alimentadas en el arcaísmo del eterno retorno.

El Grial, vaso nutricio que procura alimento; matriz o útero de la diosa-madre tierra; caldero de la abundancia o la resurrección; cáliz de la sangre de Cristo crucificado; gema preciosa de la transmutación alquímica, tiene, pues, ecos de mitos del neolítico alimentados por viejas leyendas célticas de fecundidad, abundancia y regeneración de la tierra, que literatura y ficción medievales elevaron al límite de la realidad, la magia y la espiritualidad, enmarcándolo todo en un mundo y una geografía indefinidas.

Pero la leyenda del Grial no es una sola historia; son muchos relatos con diferentes protagonistas tomados de fuentes diversas: antiguos cuentos paganos celtas: Peredur; Chrétien de Troyes y su Cuento del Grial; la Queste del Sant Graal incluido en la gran épica cisterciense Ciclo de la Vulgata; junto con otros relatos como Perlesvaus, Percival-Didot, Parzival. El siglo XII fue una época de despertar espiritual: las cruzadas, la herejía cátara, la espiritualización de la mujer por los trovadores… En este contexto, la magia de las leyendas célticas, alimentada a través de las cruzadas por la refinada cultura islámica y la mística sufí, propician la creación de un género fantástico de aventuras caballerescas en las que la búsqueda (“queste”) o demanda del Santo Grial estaba en el corazón de una nueva religiosidad cargada de misticismo y espiritualidad.

Algunos estudiosos del mito señalan tres ramas que nacen del tronco común de las mitologías célticas y las fuentes bíblicas apócrifas.

En primer lugar, la rama céltica, que entroncaría el mito del Grial (vaso o cuerno de la abundancia, caldero mágico de resurrección) con los arcaísmos de la regeneración-renovación, eterno retorno y recuperación del paraíso.

La rama cristiana, que asocia el mito con la Eucaristía, la redención y el más allá, a través de la búsqueda de la perfección interior, la práctica de la pureza y la humildad.

La tercera rama enlaza el mito  –sin abandonar su sentido cristiano- con las especulaciones alquímicas de la transmutación y todo el esoterismo que conlleva. Según Carlos García Gual, “caben interpretaciones mistéricas de la búsqueda del Grial”, pero, coincidiendo con él, preferimos olvidarlas.

Las arcaicas leyendas de la mitología céltica, que se mantienen vivas a través de “canteurs” bretones, juglares y bardos, nos hablan del caldero mágico que provee de alimento en abundancia en el festín mítico-ritual de renovación-resurrección. La novela inacabada de Chrétien de Troyes, El cuento del Grial, transmite el genio del autor sobre la base de estas tradiciones: Perceval, a través del poder del Grial, debe sanar al Rey Tullido y restaurar la fecundidad de las tierras convertidas en páramo. El mito céltico novelado tiene conexiones con el viejo mito de la abundancia, la regeneración, la edad de oro y los paraísos terrenales. El caldero, cuerno, vaso o bandeja sería el símbolo de esa abundancia perdida, sólo recuperable con la restitución del Grial a la diosa madre tierra.: “Lo que podría describirse como lejana reminiscencia de la antigua sociedad igualitaria y matriarcal”, según Malcolm Godwin en su libro El Santo Grial.

877804_1Las leyendas religiosas del Grial se enmarcan entre 1180 y 1230. En la Crónica de Helinandre, monje de Froidmont, siglo XII, aparece una de las primeras referencias cristianas al mito. La primera novela del Grial es la de Chrétien de Troyes, el inacabado y luego continuado por varios autores Cuento del Grial, cuyo relato, como señalábamos anteriormente, se nutre de los recuerdos de la antigua mitología céltica. En él no se encuentra un significado religioso particularmente determinado. El ambiente mágico y la atmósfera son una transición entre lo cristiano y lo profano. Martín de Riquer señala sin rodeos en su prólogo a la novela de Chrétien (Ediciones Siruela, Madrid, 1989), que el relato es una “diáfana y eficaz alegoría de la decadencia del reino cristiano de Jerusalén”, estableciendo un paralelismo entre el silencio de Perceval, que defrauda las esperanzas del tullido Rey Pescador al no hacer las preguntas al paso del Grial, y la pasividad de Felipe de Flandes (mecenas de Chrétien), que defraudó las esperanzas de su primo el Rey Leproso de Jerusalén, Balduino IV, “al negarse a asumir la defensa del reino de Jerusalén”.

El Roman du Graal de Robert de Boron, trilogía que comprende José de Arimatea, Merlín y Perceval-Didot (1191-1202), es, según la crítica, la novela que cambia y cristianiza radicalmente la leyenda. José de Arimatea sería el primer custodio del Grial y luego lo serían los descendientes de su cuñado Bron. Estos personajes pasaron de Palestina a Britania y aquí encontramos el nexo de unión entre el mundo celta y el mundo cristiano del mito. La mitología de la naturaleza deviene ritual cristiano sobre la base de una tradición apócrifa del Nuevo Testamento, los llamados Evangelio de Nicodemo y los Hechos de Pilatos (s. IV) En esta tradición, José de Arimatea recoge en un vaso de oro (el Grial) la sangre de Cristo crucificado.

La segunda novela de la rama cristiana es la colección del ciclo Lanzarote-Grial, también llamada Vulgata (1215-1235): producto de varios autores bajo una dirección posiblemente cisterciense. La tercera novela, Perlesvaus, la relaciona la crítica con la abadía de Glastombury. La Queste del San Graal o Demanda del Santo Grial (1190-1230) ya tiene una fuerte influencia cisterciense sustentada en la trilogía: castidad, caridad, clemencia. Como señala Malcolm Godwin (obra citada), “los cistercienses alcanzaron su punto culminante de influencia en los años en que apareció lo fundamental de las leyendas del Grial cristiano”.

La cristianización del Grial implicaba una profunda diferenciación entre la visión panteísta de la Naturaleza y la concepción cristiana de una naturaleza superior de esencia divina que suponía una ruptura con las viejas cosmogonías de regeneración periódica en aras de una regeneración única que se materializaría en la vida eterna del más allá. La conquista del Grial presupone ya una meta en la que el espíritu triunfa sobre la materia, y su demanda debería seguir un camino de perfección cristiana y, sobre todo, de pureza y castidad. Camino de castidad que, por otro lado, tocaba la línea de flotación del código caballeresco cortés: el caballero que conquiste el Grial deberá ser un caballero puro y sin pecado en una búsqueda que será senda de iniciación y renuncia; una existencia caballeresca nueva con nuevos valores.

Así pues, sobre la atmósfera mágica de los viejos mitos y relatos se trataba de idealizar la aventura de la búsqueda o demanda como fórmula que diese sentido y función aristocrática a una clase social que desde la cima del poder feudal tenía que  renovar –frente al centralismo creciente y ascenso de la burguesía ciudadana- su prevalencia, dotando a su función militar de contenido ético-moral-religioso. La visión de los autores monásticos o dirigidos por ellos, supo dar a las leyendas profanas un profundo sentido e impulso de espiritualidad, no siempre bien visto por la ortodoxia de Roma, pero tolerado por lo que suponía de sustitución y evasión hacia la transcendencia de las peligrosas maneras corteses y caballerescas de las cortes de amor, o, como señala Carlos García Gual: la mística del Grial fue también un mecanismo de idealización y purga que lavaba el sentimiento de culpa por las conductas poco edificantes de muchos caballeros en sus dominios y en las Cruzadas. El mito del Grial suponía una visión más ascética de la caballería como milicia de Cristo, superando así el espíritu cortés y de aventura.

Wolfram von Eschenbach en su Perzival amalgama diferentes influencias del mundo bretón y cristianas tiñéndolas de un cierto esoterismo, de ideas espirituales orientales y tradiciones de magia y misticismo adquiridas de la empresa cruzada. El Grial no es ya el cáliz sagrado sino una piedra preciosa de mágicos poderes interpretada posteriormente de varios modos, uno de ellos como la “piedra filosofal” de los alquimistas, con poderes de transmutación material y espiritual. Algunos eruditos señalan la influencia templaria en la intermediación de ideas y en el sincretismo occidental-oriental alrededor del mito.

topicTambién en este autor, en opinión de críticos y eruditos, hay un intento de enlazar las fechas de la Demanda con el inicio de la ascensión de la dinastía merovingia (s. V) de la que Godofredo de Bouillón (capitán de la Primera Cruzada y conquistador de Jerusalén) sería el héroe más egregio del ideal cristiano y cuyo equivalente en la ficción sería Galaad, el caballero perfecto, descendiente de la casa de David y del linaje de José de Arimatea. También, en este autor alemán, se sitúa el castillo del Grial en Montségur, la última fortaleza cátara. En buena medida el mito se contaminaba de herejía para la ortodoxia católica, máxime si tenemos en cuenta la posición relativamente predominante de la mujer, tanto en las antiguas y arcaicas leyendas referidas a la diosa madre tierra-diosa de la fecundidad, como en las versiones posteriores del mito novelado como portadora del Grial, lo que implicaba conceder a la mujer la misma categoría que al hombre en la celebración de ritos y ceremoniales. El Cister, a través de San Bernardo, transformó ese protagonismo femenino matriarcal que gravitaba sobre las paganas y luego cristianizadas leyendas en culto y veneración mariana. La ortodoxia cristiana dotaba así al dogma de esa fuerza femenina que tanta influencia venía demostrando y que se reflejaba en las cortes de amor, las sensibilidades cátaras…

¿Qué es y a quién sirve el Grial? Esas son las preguntas que debería haber hecho Perceval para regenerar la tierra y sanar al Rey Tullido, y esas son las preguntas que sugiere este mito medieval de ingredientes esencialmente paganos (calderos de la regeneración, cuernos de la abundancia, páramos…) condensados y transmutados a una visión cristiana en el cáliz Grial: receptáculo del cuerpo y sangre de Cristo portadores de la vida eterna. La leyenda del Grial, salvo aditamentos esotéricos, oscila entre estas dos visiones en todos los textos y siempre hay un elemento de pérdida (fecundidad, abundancia, paraíso, pureza virtud) y un intento de recuperación como restablecimiento o restauración del páramo en paraíso, o como una suerte de potencia vital que posibilitará el más allá de la vida eterna.

Resumiendo, se podría decir que la primera etapa de la leyenda está bajo la influencia de la magia y el rito, de la evolución del tiempo, del ciclo de renovación; la segunda etapa sería la del tiempo histórico lineal bajo la influencia en el mito de lo ideal cristiano, la gracia de la redención y la esperanza de la salvación eterna; la tercera etapa, la rama alquímica, sería una síntesis de las anteriores: regeneración cíclica y regeneración única, solapadas gracias a una fuerte componente sincrética de influencias orientales.

Luego, como vemos, lo sustancial del Grial se desplaza de la búsqueda en una concepción cíclica, regeneracionista y conservadora (eterno retorno) de la existencia, a la búsqueda de otra vida superior y eterna sobre la realidad de la linealidad temporal, la evolución y el cambio. Este aparente progresismo del mito cristianizado se fundamenta, no obstante, en un mensaje de ascetismo, renuncia, piedad y purificación ejemplarizante. De ahí que finalmente, en esta intrincada imaginería de la leyenda, sea el nuevo modelo de caballería y de caballero, el casto Galaad, quien consiga el Grial.