A VUELTAS CON EL GÉNERO

Gonzalo J. Sánchez Jiménez 

Pues sí, yo lo he hecho. Lo he leído.

Pues sí, cada día aumenta la imbecilidad y la gilipollez en este asunto. No lo digo yo; en su día lo escribieron otros muchos (en este término incluyo también a muchas mujeres feministas, sensatas, inteligentes y cultas, que se pronuncian en contra de esta forma de expresión). Y después de leerlo se me ocurren varias preguntas:

  1. Leerlo ya cuesta. ¿Pero sería capaz de hablar así la persona (o el persono) que lo escribió? En una conversación normal, coloquial, nadie se expresa de esta guisa, aunque lo intente; so pretexto de terminar a las puertas de un psiquiátrico o de ellas hacia adentro. El desdoblamiento continuo de sustantivos y adyacentes nominales en ambos géneros atenta, como es visible, CONTRA LA ECONOMÍA DE LENGUAJE, regla elemental y común a todos los idiomas.
  2. ¿ES COHERENTE? Deduzco que quien lo ha escrito es consciente de un error generalizado que se comete al utilizar este registro: la FALTA DE CONSISTENCIA. La postura más extendida es utilizar estas fórmulas a principio de discurso (sólo para quedar bien) y luego olvidarse de ellas por incómodas y ridículas, a no ser que pretenda comparar la resistencia de sus oyentes o lectores con la de los pacientes cubanos. Parece, pues, que sabe lo que hace; no quiere que le acusen de incoherente. Hay que reconocer el tesón que ha puesto. Pero, está clara la anormalidad de este grotesco discurso; es difícil atar todos los cabos. Mucho bombo y platillo, sin embargo excluye a las hijas del personal municipal. Sí, sí. Miren en la cabecera de la solicitud, a la derecha del anagrama del Ayuntamiento de Madrid, con letras bien grandes en color azul. También se olvida de las empleadas (véase el primer renglón del recuadro enmarcado en rojo). ¿Y las progenitoras? ¡Esas ya no cuentan! Tendrían que aparecer en el renglón siguiente a la barra azul número 3.
  3. ¿ESTO ES IGUALDAD? ¿ES FEMINISMO? Hay que predicar con el ejemplo, señoras y señores. El textito está totalmente desequilibrado. Cuenten todas las ocasiones en las que tan ecuánime escribiente alude a ambos sexos. Ahora cuenten las ocasiones en las que antepone a las personas de sexo femenino a las del masculino. Exacto: ¡ninguna! Podría haber tenido la delicadeza de repartir mitad por mitad, de buscar la igualdad; pero no, en todos los casos posterga el femenino al masculino. Estamos ante un escrito ABSOLUTA Y DESCARADAMENTE MACHISTA.