LOS ENIGMAS DEL LIBRO DE BUEN AMOR

Ángel Moreno García

DPHay dos grandes cuestiones sobre las que la crítica aún sigue debatiendo cuando abrimos un ejemplar del Libro de buen amor: la autoría y el significado.

Este es el libro del Arcipreste de Hita, el cual compuso siendo preso por mandato del cardenal don Gil, arzobispo de Toledo.

Este explicit nos ofrece pistas fundamentales, pero los estudiosos siguen debatido sobre el cautiverio -¿real o metafórico?- y sobre la vida del autor -¿nació en Alcalá, en Segovia? ¿Fue realmente arcipreste de Hita?

Aunque parece paradójico, aun cuando el propio texto ofrece referencias muy concretas, todavía no podemos trazar con total seguridad la biografía de Juan Ruiz.

El otro aspecto más fascinante y que también ha dado lugar a muchas interpretaciones es el sentido de la obra: ¿qué quiso decir Juan Ruiz?

A medida que vamos leyendo, nos encontramos con exempla, episodios alegóricos, digresiones de tipo moral, paráfrasis del Arte de amar de Ovidio, poesías líricas religiosas, sátiras, cantigas profanas, entre otras composiciones.

Igualmente, la cantidad y variedad de temas tratados es notable. Ello ha provocado que se hable del posible didactismo o vitalismo de la obra y de la ambigüedad que se respira en las páginas de esta joya medieval.

Todos los seres se mueven por el amor, fuerza telúrica y natural. De hecho, comienza sus argumentos con un argumento de autoridad:

Como dice Aristóteles, cosa es verdadera,

el mundo por dos cosas trabaja: la primera,

por haber mantenencia; la otra cosa era

por haber juntamiento con hembra placentera.

Pero frente a eso, está la muerte, que acaba con los placeres, con la hermosura.  Vida y muerte se corresponden con bien y mal, respectivamente. Es la dialéctica que mueve la obra.

El hombre está sometido a fuerzas superiores, a problemas y dilemas de los que no puede o no sabe salir. El dinero corrompe a las personas, la desconfianza es tónica general de la sociedad… El libro muestra un angustiado personaje que vive en un mundo difícil e incomprensible en muchos casos.

Se parodian instituciones y textos, el humor y la ironía aparecen con frecuencia, la sensualidad es evidente.

Sin  duda, la riqueza de la obra estriba en la abundancia de temas, géneros, tópicos y reflexiones.

Quién eracalixtoII Juan Ruiz y qué quiso plantear son cuestiones que no pretendemos resolver. Que cada lector relea las páginas del arcipreste y saque sus propias conclusiones. Observará cómo aquel lejano y convulso siglo XIV muestra asuntos que hoy en día siguen vigentes: en tiempos de crisis -económica, de valores, social-, nos hacemos las mismas preguntas.