LOPE

Juan Angulo Serrano

lope-teaser1VAYA POR DELANTE mi reconocimiento a  que por fin alguien, aunque sea brasileño y no español, se haya atrevido a llevar a la pantalla la vida del “Fénix de los Ingenios”. Además, me soluciona el problema de la crónica de este mes pues, como ya reitero demasiado, son pocas las películas con cierto interés que se estrenan sobre temas o personajes históricos.

Es también de agradecer que solo se circunscriba a una etapa concreta de su juventud, entre 1583 y 1588, cuando iniciaba la veintena, pues su larga y azarosa vida no es posible comprimirla en cien minutos.

Como me temía, por la intensa promoción que ha tenido, comparable a la de Ágora, se trata de una película pura y llanamente comercial, lo cual, en sí mismo, no es un demérito. Se nos narran sus peripecias, principalmente en Madrid, desde su vuelta como soldado participante en la conquista de la Isla Terceira (Azores),  hasta su marcha al destierro para cumplir la condena de ocho años que se le impuso por haber propalado una serie de libelos contra  D. Jerónimo Velázquez, padre de su amante Elena Osorio  (Filis en sus poemas). En general, con las habituales y lógicas  licencias, es bastante fiel a los hechos conocidos. Sin embargo, se nos presenta, sobre todo, al Lope provocador, inconformista y enamoradizo. Según Montalbán, su discípulo y biógrafo, “… tenía todas las gracias que permite la juventud curiosa de los mozos, como es danzar, cantar y traer bien la espada…”  En definitiva, más cercano a un Alatriste o al Errol Flynn de las de espadachines, quedando en muy segundo término su faceta poética o teatral.

No tengo nada que objetar a que en el Cine Histórico se introduzcan hechos o situaciones ficticios para agilizar y actualizar la trama, siempre y cuando no desfiguren demasiado la personalidad o el contexto en que se desarrolla. Por eso, me choca mucho, no siendo un experto en nuestro héroe, que, conocida su fama de mujeriego impenitente – lo que parece haber heredado del padre –,  en las dos relaciones amorosas que vemos sean las mujeres quienes tomen la iniciativa, mientras él se deja querer.

"LOPE"El guión me pareció bastante obvio y lineal, como el de una serie de televisión. La inserción  de poemas resulta a veces forzada y hasta roza el ridículo, como en la escena del famoso soneto a Violante. Sus amoríos con Elena Osorio son tratados con un desarrollo adecuado, en contraste con los de Isabel de Urbina, a la cual, al conocer que Lope es el autor de los versos que le dedica su pretendiente, le viene de súbito el arrebato amoroso donde antes solo había cierta complicidad y admiración. Igualmente, y con vistas a la taquilla, quizá se abuse de las escenas de cama – conté cinco – y, salvo la de la silla, todas parecen la misma. Por idéntica causa se incluye una pelea a espada entre Lope y unos secuaces que irrumpen en su casa, escena totalmente prescindible, máxime en una cinta que solo dura 109 minutos. El juicio a Lope parece estar hecho con desgana o precipitación, perdiéndose una buena ocasión para darle más intensidad.

 Lo mejor son la ambientación y el “casting”. Vemos un Madrid sombrío, pobre y destartalado, con unos habitantes pueblerinos y una nobleza poco distinguida, como se me antoja debió ser, pues solo hacía poco más de veinte años que Felipe II le había otorgado la capitalidad de forma oficiosa. Excelente la recreación del corral de comedias que regenta Velázquez, así como la verosimilitud de las representaciones que se realizan en él. Parecen bien invertidos los 13 millones de euros que dicen costó, y los cerca de 1500 figurantes.

Alberto Ammann, actor argentino que nos deslumbró en su primera película, Celda 211, con su interpretación del funcionario de prisiones infiltrado entre los presos, y por la que fue premiado con un   Goya, compone un Lope absolutamente creíble. Sus gestos, ya airado ya enamorado, su forma de andar y su dicción van a quedar insertados en nuestro subconsciente de forma que, cuando pensemos en el escritor, nos va a aparecer su rostro.

Juan Diego, dando vida a Jerónimo Velázquez, es insuperable, como siempre. Dubitativo, tramposo, enérgico, padre amante y alcahuete de su hija a la vez, y enamorado del teatro. Que nos dure mucho.

Leonor Watling -Isabel de Urbina- y Pilar López de Ayala -Elena Osorio-, interpretan  eficazmente sus roles, aunque la primera quede algo desdibujada, posiblemente por necesidades del guión.

lope-021En cintas de este tipo, con muchos personajes, es fundamental la labor de los actores secundarios. Aquí son de lujo, destacando Luis Tosar -Fray Bernardo-, Antonio de la Torre -el hermano- o Antonio Dechent -el actor. En esta faceta, tenemos poco que envidiar a ninguna otra cinematografía.

El director brasileño, Andrucha Waddington, me parece un eficaz artesano, posiblemente adecuado a los objetivos pretendidos. Pero creo, sin pecar de chauvinista, que algún director o directora españoles, le hubiese sacado más partido. Una superproducción de este tipo, cara para nuestro cine, podría haber resultado más interesante desde el punto de vista artístico, aunque, si lo que se pretende, como parece, es un éxito de público, posiblemente lo consiga.  Ha clausurado la Mostra de Venecia y acude al Festival de Toronto. No obstante, me parece muy loable acercar al gran público personajes tan importantes de nuestra cultura.

Al documentarme para escribir este artículo, quedé impresionado por la intensísima peripecia vital de D. Félix Lope de Vega Carpio, de la que solo conocía algún detalle. Aprovechando el actual tirón mediático, alguna productora de televisión debería atreverse a realizar una serie sobre este personaje, imposible de abarcar en una película.  Se han hecho muchas y muy buenas de época: La Regenta, El Quijote de García Sánchez, Cañas y Barro, Los gozos y las sombras, Teresa de Ávila. Todas algo antiguas. Al público español le encantan. Véase el éxito de Águila Roja.

         CURIOSIDAD: Los mejores escritores de nuestro Siglo de Oro, Lope, Tirso, Cervantes, supieron del destierro o de la reclusión.