MALAS NOVELAS HISTÓRICAS

Sabino Fernández

Los que somos lectores habituales de novela del género histórico nos encontramos con cierta frecuencia con alguna novela que podríamos considerar mala.

Por supuesto, los gustos no son todos idénticos ni los momentos son todos los mismos. Todos tenemos algún libro que se nos atragantó en alguna ocasión y que, a base de sucesivas recomendaciones, hemos acabado retomando e incluso disfrutado. Lo que había ocurrido en ese caso es que no nos había cogido el punto psicológico de perfecta preparación para leer ese determinado libro. Eso ocurre con frecuencia, y, en esos casos, es mejor dejar un libro para otro momento que empeñarse en algo que no nos está haciendo disfrutar.

 Pero no nos referimos en este artículo a esos libros que “hemos cogido en mal momento”, sino a los que, cogidos en el momento que los cojamos, acaban siendo malos por muy benévolos que nos encontremos. Una novela histórica puede ser mala por distintas razones, aunque normalmente lo es por varias a la vez.

Podemos clasificar esos defectos en varios apartados:

 1) Aquellas novelas mal o insuficientemente documentadas. Hoy en día no se le permite a una novela histórica que no tenga un mínimo trabajo de documentación, tanto de los personajes a los que se refiere como a la época en que se desarrolla. Costumbres, fiestas, comercio, construcciones…deben adecuarse con el mayor rigor histórico posible a la realidad del periodo en que se reconstruye ese mundo histórico que es la novela. Vemos en alguna obra de este género que un personaje histórico conocido visita lugares en los que está documentado que no estuvo, participa en batallas en las que no participó en la realidad, o come productos que no existían en esa época en ese sitio o viste ropas que no se usaban en tiempo o lugar. No estamos negando al autor de novela histórica la posibilidad de crear personajes ficticios ni de cubrir huecos históricos con supuestas actividades verosímiles, lo que le impedimos es negar la Historia. Si tal personaje murió con 29 años no podemos hacerlo aparecer en la vejez, o si tal personaje era rechoncho y moreno no lo podemos hacer alto y rubio.

 2) Aquellas novelas con un mal argumento. En ocasiones, el marco histórico está bastante bien reconstruido, los personajes se atienen a lo históricamente reconocido, pero el argumento de la novela es lo suficientemente malo como para afirmar que la novela no pasa el mínimo filtro. Con el sello editorial esto sucedía cada vez menos, si acaso con el personaje de moda de turno que la editorial sabía que iba a vender sí o sí independientemente del valor literario de lo escrito. Pero ha llegado la autopublicación, el e-book, amazon, y lo que nos espera en el futuro, lo que ha abierto las compuertas a todo tipo de autores. Por ello cada vez son más las novelas en las que el argumento no hay por dónde cogerlo, en las que los saltos son más propios de la ciencia ficción que del género histórico, por aquello de que van más allá del espacio-tiempo, en las que los personajes son insulsos y prescindibles o en las que se quiere abarcar mucho y apretar poco, como dice el sabio refranero.

 3) Aquellas novelas que podrían clasificarse como clónicas. Este tipo de libros abundan cada vez más. Lejos de ser una especie en extinción, la clonación de novelas está más de moda que la clonación de ovejas. Se trata de aquella novela que ha obtenido un éxito comercial y es copiada (clonada) hasta la saciedad, buscando satisfacer al mismo tipo de lector que provocó el primer superventas. Alguien me dirá: eso ocurre en todos los géneros. Efectivamente, todos vemos el número de novelas que han salido clonando “Las cincuenta sombras de Grey” o “Milenium” (en este caso creo que con clonar al autor en cuanto a nacionalidad y género ya se conformaban). Pero este fenómeno ya se produjo con anterioridad incluso en novelas históricas. ¿Cuántas novelas clonan “Los pilares de la tierra” o “El nombre de la rosa“? ¿Cuántas novelas había sobre personajes como Domiciano antes de la novela de Santiago Posteguillo? ¿Cuántas hay ahora? Desde luego se me puede contestar que el intentar hacer una novela sobre un misterio en un monasterio no tiene que resultar un clon de “El nombre de la rosa” ni tampoco necesariamente mala. O lo mismo si tratamos de los constructores de una catedral. Es cierto, la bondad o maldad de esa novela dependerá en buena medida de los dos puntos anteriores, pero este punto es el apartado de la originalidad temática, que es para mí una de las cuestiones más importantes de una novela histórica.

Muchas veces me preguntan por qué no leo determinada novela de un conocido o amigo y la verdad es que a lo mejor no es una mala novela. Pero resulta que trata de un personaje del que he leído pongamos diez novelas y de las cuales tres o cuatro son magníficas. ¿ A qué altura puede quedar esa novela? Si es muy buena, quedará como buena, pero, si es regular, quedará como mala. Por la simple razón de que mi capacidad de sorpresa ante ese personaje ha quedado ya colmada y mi capacidad de ver la excelencia de la literatura sobre dicho personaje también.

Resumiendo, puedo aconsejar a aquellos que pretendan escribir una novela histórica que no sea mala que escojan temáticas poco tratadas, o, al menos, tratadas con mediocridad por otros autores, que se documenten adecuadamente o pasen sus manuscritos a gente que le detecte esos errores históricos tan frecuentes y les hagan un buen filtrado y, sobre todo, que tengan algo que contar, coherente e interesante. Al fin y al cabo, los lectores queremos que nos sorprendan, nos emocionen y nos enganchen