BUSCANDO AL CID

Luis A. Moratilla

El viaje que os voy a contar lo hice desde Madrid, no por ning¨²n motivo particular, sino porque yo, desde que recuerdo (e incluso antes), he vivido en Madrid. Pero eso no quiere decir que no pod¨¢is ir desde cualquier punto de España. Estoy seguro que, inici¨¦is el viaje desde donde lo inici¨¦is, lo disfrutar¨¦is tanto como yo.

Si part¨ªs de Madrid y sois como yo, que no me gusta conducir, pero s¨ª viajar, os aconsejo que utilic¨¦is la R2 (s¨ª, esa que es de peaje y nos obliga a rascarnos el bolsillo). Yo utilic¨¦ la A2 y todav¨ªa me estoy arrepintiendo, ya que, pese a que era s¨¢bado de un fin de semana normal (sin fiestas ni puentes ni lluvia), tuve bastante tr¨¢fico hasta Guadalajara.

El primer destino era Medinaceli, y all¨ª llegamos a media mañana, la carretera no tiene p¨¦rdida. Cuando pas¨¦is Guadalajara, y antes de llegar a Zaragoza, ten¨¦is que estar un poquito pendientes, ya que en alg¨²n momento aparece un desv¨ªo a la derecha que nos permite cruzar la autov¨ªa (no s¨¦ si por arriba o por abajo, pero eso, salvo que vay¨¢is en bicicleta, da igual) y colocarnos en una especie de v¨ªa de servicio (Medinaceli- Estaci¨®n) en la que encontramos una cafeter¨ªa-restaurante-hotel-gasolinera donde podemos comer nosotros y  nuestro veh¨ªculo. En esa misma v¨ªa, un poco m¨¢s adelante, aparece un nuevo desv¨ªo por el que en solo 3 km. de ligera pendiente (eso s¨ª, toda cuesta arriba), alcanzamos Medinaceli.

El origen de Medinaceli se sit¨²a  en ¨¦poca celtib¨¦rica (Occilis), aunque empez¨® a ser m¨¢s conocida con los romanos. Tan importante era que hasta la amurallaron al ser lugar de paso entre Caesar Augusta  y Emerita Augusta (posteriormente denominadas Zaragoza y M¨¦rida respectivamente). M¨¢s tarde,  Abderraman III la convirti¨® en un punto estrat¨¦gico en los avances de los ¨¢rabes por el Duero. El famoso caudillo Almanzor muri¨® en esta villa, y la tradici¨®n nos dice que fue enterrado en uno de sus cerros.

                                                                                                Ermita del Humilladero

La villa fue tomada a los ¨¢rabes por Alfonso VI en 1104. Alfonso VIII cre¨® el condado de Medinaceli que, posteriormente, pas¨® a ser ducado con los Reyes Cat¨®licos. De esta villa, seg¨²n las teor¨ªas, hoy muy cuestionadas, de Men¨¦ndez Pidal, hubo de ser originario uno de los juglares que compuso el Cantar de mio Cid.

Despu¨¦s de esta breve introducci¨®n hist¨®rica, proseguimos con nuestro viaje. En el ¨²ltimo cruce, antes de entrar en Medinaceli, encontramos a la izquierda la ermita del Humilladero, de estilo renacentista. Os aconsejo aparcar y bajaros.

Tanto el exterior de la ermita como su entorno merecen que estrenemos nuestra c¨¢mara de fotos mientras empezamos a imaginar a las legiones romanas cruzando la villa en direcci¨®n a los cerros cercanos.

La entrada se realiza por la carretera que rodea la villa. El coche lo podemos aparcar junto al Centro de Recepci¨®n, situado frente a una gran explanada con aspecto de campo de f¨²tbol. En el Centro pod¨¦is pedir informaci¨®n de todo tipo con la seguridad de ser bien atendidos.

Antes de empezar a callejear, lo primero es hacernos la foto junto al famos¨ªsimo Arco Romano (de triple arcada, ¨²nico en España). Para la foto nos har¨¢ falta una media hora, y no porque seamos malos fot¨®grafos (que tambi¨¦n), ni porque por culpa de los contraluces obtengamos una imagen o muy clara o muy oscura (que tambi¨¦n) ni porque nos cueste encuadrar en nuestra c¨¢mara toda la amplitud del Arco (que tambi¨¦n), sino porque seremos tantos los que queramos hacer la misma foto que creo que cualquier d¨ªa van a poner un aparatejo como esos que vemos en las pescader¨ªas de las grandes superficies y que nos permite coger turno para ser atendidos por el dependiente. Aqu¨ª el turno ser¨¢ para hacer la dichosa foto.

Una vez obtenido nuestro primer trofeo, nos adentramos en la villa. Todos sus caminos conducen, no a Roma, sino a su bell¨ªsima Plaza Mayor. Hay que destacar la antigua Alh¨®ndiga, as¨ª como  la fachada del Palacio de los Duques (siglo XVI).

Mi consejo es que entr¨¦is en el Aula Arqueol¨®gica, situada en la plaza junto al palacio. Aqu¨ª, adem¨¢s de visitar las distintas estancias que componen el Aula, los gu¨ªas que trabajan en la misma os explicar¨¢n  la historia de Medinaceli y os acompañar¨¢n, en una breve pero interesante visita, al Palacio Ducal.

Y aunque lo mejor de Medinaceli y de muchas villas que iremos visitando en pr¨®ximas entregas es el callejeo por su interior, dej¨¢ndonos guiar por nuestro instinto y por el de nuestra pareja, que, seg¨²n ella (y cualquiera lo discute), es m¨¢s sensible a la belleza, hay otros monumentos que no debemos dejar de ver, como el Convento de las Clarisas de Santa Isabel, que tiene una magnifica puerta adornada por el cord¨®n franciscano (v¨¦ase la foto de la entrada m¨¢s abajo).

Y digo que no lo debemos dejar de visitar, adem¨¢s de por el cord¨®n, porque all¨ª podemos adquirir unos riqu¨ªsimos dulces que las mismas clarisas preparan; eso s¨ª, nos resultar¨¢ imposible ver a las reposteras, ya que son monjas de clausura y para la venta se valen de un curios¨ªsimo torno en el que ellas depositan sus manjares y nosotros el dinero. Este torno lo hacen girar desde el interior del convento para realizar el intercambio, lo que, por lo tanto, nos impide verlas. Aunque no os gusten los dulces, os aconsejo que os acerqu¨¦is a ver este curioso y antiguo sistema y. de paso, medit¨¦is sobre lo anacr¨®nico -o no- de que haya personas que viven de modo permanente en un recinto cerrado sin que quieran tener ning¨²n contacto con el exterior.

Y aunque en ellos no nos vendan dulces, tambi¨¦n os aconsejo incluir en vuestro callejeo los siguientes monumentos:

¡ñ  La ex Colegiata de Santa Mar¨ªa de la Asunci¨®n (siglo XVI). Iglesia de una sola nave alta de tres tramos, con capillas casi todas de ¨¦poca barroca. Son curiosos sus balcones interiores, que conectan con el palacio a trav¨¦s de un pasadizo utilizado por los duques para asistir a la homil¨ªa. Destaca tambi¨¦n en su interior el sepulcro de los duques, as¨ª como la reja que cierra el presbiterio.

¡ñ  El Arco ¨¢rabe, situado junto a la ermita del beato Juli¨¢n de San Agust¨ªn

¡ñ  Los exteriores del Castillo (ya que a los interiores, por mucho que lo intent¨¦is, nadie os dejar¨¢ entrar). Est¨¢ situado en la parte occidental de la muralla romana, tiene planta cuadrada y conserva torreones circulares en tres de sus esquinas.

¡ñ  El nevero medieval. Ubicado en las afueras, cerca del ¨¢ngulo nordeste de la muralla (no muy lejos del Convento de las Clarisas) y del Beaterio de San Rom¨¢n. Es de origen ¨¢rabe. Siempre me han impresionado estos neveros. Aunque nuestros hijos crean que los frigor¨ªficos siempre han existido, eso no es cierto, por lo que resulta interesante imaginar aquella ¨¦poca en que la funci¨®n frigor¨ªfica la ejerc¨ªan estas b¨®vedas de piedra cuya ubicaci¨®n permit¨ªa conservar la nieve y as¨ª mantener frescos los alimentos. Si vais con niños, nada mejor que acabar el paseo explic¨¢ndoles la utilidad de estos neveros

Y ahora os estar¨¦is preguntando d¨®nde, despu¨¦s de tanta visita, tanto andar y tanta foto, paramos a comer. El establecimiento se llama  Restaurante “Asador de la Villa El Granero” y, aunque no se busque, se encuentra. Est¨¢ situado cerca del Centro de Recepci¨®n, en una bonita callejuela que seguro cruzaremos cuando nos dirijamos a la Plaza Mayor. La comida nos cost¨® en torno a 30 euros por persona y la calidad, correcta, aunque no “para tirar cohetes”. Por lo tanto, no es que os aconseje que no dej¨¦is de comer all¨ª, pero s¨ª opino que no saldr¨¦is descontentos si os decid¨ªs por reponer fuerzas en ¨¦l.

                                                                                                        Plaza Mayor

Y ya con el est¨®mago lleno, carretera y hacia Sigüenza, pero esto lo dejo para mi pr¨®xima cr¨®nica, porque estamos en verano y ya sab¨¦is que, con el calor, explotar demasiado las neuronas puede generar desmayos y deshidrataciones.