ALONSO FERNÁNDEZ DE MADRIGAL (EL TOSTADO)

Ángel Moreno García

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Alonso Fernández de Madrigal, «El Tostado» (Catedral de Ávila»).

Puede que el lector de este artículo haya oído o leído la frase “escribir más que el Tostado”.

¿Y quién era el Tostado? En verdad, autor poco conocido, aunque mencionado sin mucho detenimiento en algún manual de literatura, nació hacia 1410 en Madrigal de las Altas Torres, provincia de Ávila, hijo de Alonso Tostado y de Isabel de Ribera.

Se le conoce por el sobrenombre “el Tostado”, por su tez morena, si bien hay quien indica que alude al apellido familiar;  o  “el Abulense”, pues fue obispo de Ávila.

Parece ser que fue, desde niño, de mente despierta  e inteligente, de modo que podía, según cuentan, recitar de corrido la Biblia y la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino.

Estudió en el Colegio de San Bartolomé de Salamanca, del que llegó a ser rector. Allí inicia su carrera como Bachiller en Artes (1431-1432). En la Universidad, cursó estudios de teología, filosofía, derecho civil y canónico, matemáticas, historia, artes liberales y llegó a dominar, además del latín, las lenguas hebrea y griega.

Ocupó varias cátedras como la de Poesía, Filosofía Moral  y Biblia, siendo, además, canciller de la Universidad y canónigo de la catedral salmantina.

Fue comisionado para asistir al Concilio de Basilea, pero no llegó a participar. No obstante, sí acudió a Siena para defender 21 proposiciones ante el Papa Eugenio IV, no obstante, tres de ellas fueron consideradas erróneas e impugnadas por el cardenal español Juan de Torquemada a instancias del Sumo Pontífice.

De vuelta, triste y cansado, se recluyó en la Cartuja de Scala Dei, en Tarragona, tomando el hábito de novicio el 16 de enero de 1444. Permaneció allí hasta el 15 de abril de ese mismo año, momento en el que fue solicitado como consejero por el rey Juan II de Castilla, por cuya mediación fue nombrado obispo de Ávila en 1445.

Finalmente, fallece el 3 de septiembre de 1455 en Bonilla de la Sierra, provincia de Ávila. Suero de Águila le dedicó el siguiente epitafio:

            Aquí yace sepultado

            quien virgen murió y vivió

            en ciencias más esmerado,

            el nuestro Obispo Tostado,

            que nación honró.

            Es muy cierto que escribió

            para cada día tres pliegos

            de los días que vivió

            su doctrina así alumbró,

            que hace ver a los ciegos.

Estos versos nos dan una idea de su prolífica pluma. Según  un crítico, sus escritos suman un total de sesenta mil doscientos pliegos. Destacan sus Comentarios, en latín, sobre el Génesis, el Éxodo, el Levítico, el Deuteromonio…, además de otras obras como el Breviloquio de amor e amiçiçia, las Paradoxae quinque, el Defensorium trium conclusionum, el Tractatus contra sacerdotes concubinarios, su Tractado de cómo al ome es necesario amar, De Optima politia y Sobre los dioses de los gentiles.