UN ENIGMA SOBRE EL REY SABIO

José Guadalajara

350px-Las_Siete_PartidasEl rey Alfonso X de Castilla, conocido como el Sabio –también como el Estrellero o el Astrólogo-, arrastra tras de sí una vieja leyenda poco divulgada de su biografía, a no ser entre los estudiosos de su persona y los especialistas de su reinado.

Se trata de uno más de esos enigmas que nos depara el pasado, un enigma que oscila entre la realidad y la ficción y que ha quedado depositado en un puñado de crónicas y algunos textos proféticos. En su día, muy posiblemente, tuvo su origen en un testimonio oral, tal vez verídico o tal vez inventado para contribuir con su difusión al desprestigio de la figura del rey de Castilla. Sabido es que en los últimos años de su vida sufrió la revuelta de su hijo Sancho, que llegó a usurparle el poder y que contó con el apoyo mayoritario de la Iglesia y la nobleza. Se declaró entonces una guerra civil con desastrosas consecuencias, a la par que la dolorosa enfermedad del rey galopaba sobre su salud provocándole terribles estragos. Sus físicos no conseguían frenar el avance del carcinoma que le corroía la mandíbula y que le sacaba el ojo izquierdo de la órbita ni detener la hidropesía que, muy probablemente, fue la causa primera de su muerte.

En este contexto, se le atribuyó a Alfonso X una afirmación considerada blasfema para la época, pues atentaba contra el mismísimo Dios. Como signo de arrogancia y de soberbia, se difundió la idea de que el rey castellano había proclamado que si él hubiera estado presente en el momento de la Creación, ésta no hubiera arrostrado muchos de los defectos que padecía y que muchas cosas hubieran sido “mejor hechas de cómo Dios las hiciera”. Esta proclama tiene antecedentes es una leyenda atribuida a su madre, Beatriz de Suabia, y que ha sido recogida, entre otras, en la Crónica Geral de Pedro de Barcelos en 1344.

El testimonio es elocuente, pues la reina Beatriz alude a un pronóstico que, siendo joven, le hizo una sabia griega acerca de su futuro. Le auguró que se casaría con un rey de España, que tendría seis hijos y dos hijas y que su primogénito –que no sería otro que Alfonso X- “por una palabra de sobervia que diría contra Dios avía de ser deseredado de su tierra”.

cantigasEste último aspecto de la profecía es el que nos interesa en este caso. Como puede apreciarse, constituye en sí mismo un argumento excelente para ser utilizado por los detractores y enemigos del rey Alfonso X. Por lo tanto, cabe aquí formularse la siguiente y esencial pregunta: ¿responden las “blasfemas” palabras del rey a una realidad o fueron una invención del entorno de su hijo con claros fines de difamación propagandística?

Este enigma histórico, al que no cabe dar una respuesta satisfactoria, parece, sin embargo, inclinarse hacia un plano interesado en consonancia con la situación política de los últimos años de la vida de Alfonso X, entre 1282 y 1284. Se puede añadir a ello la sospechosa circunstancia ofrecida por otro testimonio en donde se alude a la intervención del infante don Manuel, hermano del rey Sabio, muy querido por él y seguidor de sus consejos, pero que en estos momentos decisivos ha abandonado su causa y se ha puesto al lado de su sobrino, el futuro Sancho IV.

Según parece, un caballero del infante don Manuel, llamado Pedro Martínez de Pampliega, tuvo una visión en la que se le apareció un ángel para advertirle de una sentencia divina dada contra el rey, cuyo cumplimiento se verificaría si no se arrepentía de las palabras blasfemas lanzadas contra Dios. El infante mandó a la ciudad de Burgos a Pedro Martínez para que le transmitiera a su hermano el contenido de la visión. Al parecer, según transmite la crónica, el rey hizo caso omiso de sus advertencias. Esto, tan simple hoy en día frente a nuestros ojos, y quizá tan pueril, tenía su fundamento en una sociedad como la medieval y bastaba para presentar al rey como a un hombre al margen de los designios de Dios y de su orden cósmico.

En definitiva, un buen motivo de propaganda para ofrecer la imagen de un enemigo de Dios y, además, como un hecho justificativo de la usurpación del poder verificada por Sancho, ya que la sentencia concluía con esta apocalíptica frase:

“Así como despreciasteis al que os hizo, os crió y os dio honra, de la misma manera os despreciará el que de vos desciende, y seréis bajado y tirado de la honra y estado que tenéis y así acabaréis vuestros días”.

El enigma queda ahí como referencia histórica. También como curiosidad. No es fácil saber la efectividad que esta sentencia pudo tener en su época.