LA BÓVEDA CELESTE Y LA HUMANIDAD

Juan Carlos García Santos

54ab0e3f7dba0_620x0En un insignificante punto dentro del infinito universo, se dan las condiciones excepcionales que permiten la existencia de nuestra vida. Ajenos a ese tremendo orden que marca el ritmo de los cuerpos celestes, nos encontramos observando desde tiempos remotos el devenir de los astros que nos sirven de referencia nocturna.

Según evolucionaban los homínidos, dejando de lado parte de sus instintos animales para ir consiguiendo una capacidad de razonamiento mayor, se incrementaba la curiosidad por penetrar en el universo. Se tomaba la referencia de la situación de las constelaciones y se implicaba con las creencias religiosas que, sin duda, buscaban explicar aquello que no se podía comprender fácilmente.

Es así como, ya en el Paleolítico, el conocimiento de los cazadores y recolectores sobre la situación de cada astro y constelación en una determinada época del año era minucioso y primordial para ubicarse en el tiempo y en el espacio, así como lo era para los cazadores y recolectores modernos. Los tiempos quedan marcados ya para el resto de la historia de la humanidad: las fases lunares, los cambios en la posición del sol en el horizonte, la duración de días y noches se relacionan con la vida, la muerte, la fertilidad o el camino a seguir como nómadas en busca de recursos.

Este fue el inicio de la relación entre el hombre  y el universo, una relación obvia cuando nuestro razonamiento era una característica más del género humano. Se fue cambiando la forma de vida y con ella el modo de ver el cosmos; las personas dejamos de depredar en la naturaleza para manipularla, domesticando animales y plantas que  criábamos y cultivábamos; así nuestra interpretación de los astros varió superponiéndose a viejas creencias.

De este modo, toma importancia la diosa de la fertilidad y con ella los ciclos lunares. El Sol y la sucesión de las estaciones también marcan las creencias, y el solsticio de invierno se relaciona con el reposo de la naturaleza y con la muerte. Monumentos funerarios como los dólmenes se orientan hacia la posición del Sol en esta época del año. Con el equinoccio de primavera y el solsticio de verano se relaciona el renacimiento del medio natural, la germinación de semillas, el florecimiento de las plantas y la fertilidad.

En el Neolítico y la Edad de los Metales todas estas creencias y conocimientos quedan plasmados en la existencia de diosas madre como las encontradas en yacimientos de Anatolia, caso Hacilar, o Çatal hüyuk y monumentos como las alineaciones de Carnac y Le Menenec en Francia o Stone Henge en Gran Bretaña a modo de observatorio astronómico para interpretar la bóveda celeste.

Cuando se ha pasado de la pequeña aldea neolítica al imperio de la Edad Antigua, la humanidad ya tiene presente la idea de analizar el universo de forma sistemática, sin dejar de estar marcada por las creencias religiosas pero buscando una comprensión del mismo. Esto queda patente en Mesopotamia y Egipto y queda además reflejado en sus conocimientos escritos y en sus monumentos religiosos y funerarios.

En Sumer se ideó un sistema para hacer recuento en las transacciones comerciales y en los excedentes que se almacenaban en los templos. Esto será el origen de la escritura. Es con este sistema de transmisión de ideas con el que nos van a aportar los conocimientos que tenían sobre el universo. El orden de las constelaciones queda fijado en el zodiaco, compuesto por doce signos que marcan el destino de los humanos adscritos por nacimiento a cada uno de ellos. Junto con esta sistematización se dan otras: crean un sistema sexagesimal y con él dividen el día en 24 horas, mientras que el calendario se organiza por meses solares.

piramidesEn Egipto la sistematización de las fuerzas que rigen el universo está marcada por su civilización eminentemente agrícola y centrada en el río Nilo; es, por lo tanto ,el Sol, su nacimiento y  su ocaso el que la influye. Las creencias religiosas nos hablan en su escritura jeroglífica de una diosa Nut, con sus cuatro extremidades apoyadas en cada punto cardinal, que representa el cielo; a través de Nut, el Sol, es decir, Ra, transitaba cada día sobre el río.

La idea de nacimiento y ocaso marca toda la religiosidad egipcia y también la vida en letargo, en el más allá, el tránsito de un día a otro en la noche. De hecho el calendario egipcio empieza siendo lunar, pero la comprensión de las fases solares permitió diseñar hacia el 2000 a. C. un calendario solar de 360 días a los que se añadieron después cinco. Son los cinco días que, según su mitología, había ganado la luna, Jonsu, a Ra en una partida y que permitieron el nacimiento de Osiris.

No cabe ninguna duda de que estas creencias tienen su reflejo en la orientación de las pirámides. Así, en la época en que se construyeron, se tuvo en cuenta la situación de las estrellas Mizar de la Osa Mayor y Kochab de la Osa Menor para situar uno de sus lados hacia el norte, según asegura la egiptóloga Kate Spence de la Universidad de Cambridge. En los templos como el de Karnak los rayos solares en los solsticios marcan la posición del altar.

El antropocentrismo del mundo clásico racionalizará el conocimiento del universo ya de una forma ajena a la religión, aunque Tales de Mileto en el siglo VI a. C. estudia a los conocimientos procedentes de Mesopotamia. Alcmeón de Crotona ya concibe al universo y la humanidad bajo el mismo plan organizativo (500 a. C.) y Aristarco de Samos, en el siglo III a C., considera que la Tierra tarda veinticuatro horas en dar la vuelta alrededor de Sol y que los planetas giran en órbitas circulares. Estos conocimientos permitieron a Eratóstenes medir el diámetro del planeta Tierra y con más error a Ptolomeo. Roma copiará el calendario basado en el ciclo solar que habían creado los egipcios y que aún utilizamos hoy día.

mesopotamia-called-cradle-civilization_7f903d086fb91064El mundo árabe transmite y es permeable a los conocimientos clásicos, incluso superándolos, al considerar que los planetas debían girar en torno a un cuerpo central, no a un punto, como ocurre con Averroes en el siglo XII. Frente a estos conocimientos que los árabes aplican con esmero en la navegación en la Europa cristiana durante la Edad Media se da un sentido meramente místico al universo. Eclosionará de nuevo el saber clásico que se ha transmitido también desde el mundo musulmán en el Renacimiento y desde este momento y durante la Edad Moderna la Astronomía nacerá como ciencia con la participación de astrónomos como Kepler, Copérnico, Galileo o Newton.

Esta es una breve descripción que abarca un contexto geográfico próximo y que, por tanto, deja de lado otros hitos importantes para la astronomía como las aportaciones del calendario maya o de los astrónomos chinos, pero se trata de hacer un pequeño homenaje a una ciencia que quizás analiza una realidad que es la más trascendente para la raza humana, la del universo.

Mientras los insignificantes entes con vida que somos las personas seguimos debatiendo sobre nuestras banales preocupaciones, el espacio infinito que nos rodea sigue su evolución de acuerdo con unas reglas ya marcadas y que nosotros sólo pretendemos comprender como ya hicieron nuestros antepasados más remotos.