HIJOS DE LA LUZ CONTRA HIJOS DE LAS TINIEBLAS

Julián Moral

 

8951--644x428En los mesianismos siempre hay un mensaje de desastre, una escatología de los últimos tiempos que se solapa con un mensaje liberador o redentor, en un contexto político, social y religioso convulso.  El mensaje cristiano nace en estas coordenadas; así, para estudiosos, exegetas e historiadores de las religiones hay que entenderlo a partir de la relación con el mesianismo, desarrollado al hilo de una situación político-religiosa incardinada en lo que se ha dado en denominar el judaísmo del Segundo Templo, así como a través del desarrollo conceptual y esotérico aportado por los esenios.

Desde la cautividad babilónica, el inconsciente religioso-político colectivo del pueblo judío se nuclea alrededor del mesianismo profético con la esperanza de un nuevo resurgimiento como pueblo elegido y su restauración (junto con el Templo destruido por Nabucodonosor  en 586 a. de C.) en la ‘’tierra prometida’’. Tras la victoria de Ciro el Grande sobre los babilonios (539 a. de C.), los judíos pudieron  regresar a su tierra e iniciar la  reconstrucción  del Templo, aunque muchos de ellos permanecieron en el exilio.

Pero el espíritu y mensaje mesiánico continuaban en plena vigencia, pues los avatares político-religiosos del pueblo elegido, como veremos, seguían en continua efervescencia. Los profetas del judaísmo en el exilio y en el interior (Ezequiel, Jeremías, Isaías) hablaban de preparar los caminos del Señor en el desierto. Isaías anuncia los hechos y muerte de un personaje (el siervo de Yahvé) que sería ejecutado (Is. 40.1y s.s.). El libro de Daniel,  escrito sobre el año 165 a. de C., habla, al igual que Isaías, de redención militar mesiánica. Profecías estas y posteriores hechas en situaciones de ocupación, revueltas, enfrentamientos religiosos, levantamientos armados bajo liderazgos de supuestos mesías (Flavio Josefo, historiador judío, llega a contar hasta cinco de estos mesías militares entre 40 a. de C. y 73 d. de C.) que predeterminaron el desarrollo político del periodo greco-romano de la historia de Israel.

topicDurante las conquistas de Alejandro Magno y la posterior repartición de su Imperio, los hebreos habían recibido y asimilado importantes influencias del mundo helenístico; lo que los movimientos político-religiosos más judaizantes definieron como la Gran Apostasía. Estos movimientos cargados de mesianismo y sentido purificador de la relajación espiritual producida durante la dominación seléucida  dieron lugar al nacimiento de un complejo entramado de corrientes, sectas e hibridación de conceptos como el llamado Segundo Tiempo de la Ira durante el reinado de Antíoco IV Epífanes (175-164 a. de C.) que prescribió, en la práctica, la religión judía y propició la rebelión y alzamiento de los Macabeos (Judas Macabeo 160 a. De C.), que determinó un tiempo políticamente incierto en  el que se acuñó el concepto de periodo de La Gran Confusión (manuscritos de Qumrám, mar Muerto).

En este paisaje religioso-político-militar tan complejo es donde surge el movimiento esenio, cuyo grupo principal se retira a una zona desértica cerca de la orilla occidental del mar Muerto y crea un asentamiento y comunidad: Qumrám, donde se genera toda una cosmovisión religiosa, una forma de vida comunitaria y una literatura religiosa, profética, esotérica, militar, etc., hasta que el asentamiento es arrasado por los romanos en los años 67-70 d. de C. La validación de la existencia del movimiento esenio no solo viene determinada por la arqueología e historiadores como Flavio Josefo, Filón de Alejandría, Eusebio de Cesarea, Plinio el Viejo, sino por la aparición en 1947 en las cuevas que rodean el asentamiento de una serie de documentos escritos (comprobados y reconocidos como auténticos) pertenecientes al periodo del judaísmo del Segundo Templo. La datación de los Rollos de Qumrám oscila entre el siglo II a. de C. y los inicios del siglo primero después de Cristo. Son documentos cercanos a la geografía  y al tiempo de la vida y predicación de Jesús y a la formación del judío-cristianismo o cristianismo primitivo.

El entramado ideológico-religioso-político, e incluso militar, del movimiento esenio (los ungidos, el pueblo de Dios), aparte de la resistencia a los intentos de helenización asumida por los propios judíos o forzada por Antíoco  IV Epífanes,  determinaba  una cosmovisión en la que la Torah o ley de Moisés, portadora de la ley y tradiciones judías,  era un elemento nuclear que sustentaba una filosofía al mismo tiempo espiritual y política, cuyo objetivo sustancial era la espera y preparación del mesianismo liberador: el Mesías del Final de los Tiempos que enfrentaría a los Hijos de la Luz contra los Hijos de las Tinieblas.

esenios 2Flavio Josefo, historiador judío nacido el 38 d. de C. (primeramente fue un líder activo en Galilea contra Roma en la guerra del 66 y luego, tras su derrota y captura, pasó a colaborar con el ocupante) define la filosofía de la secta de los esenios en su obra Las guerras de los judíos, libro II, VIII, resaltando que  “suelen también menospreciar las riquezas, y tienen un maravilloso espíritu de comunidad”. Comunidad de bienes en lo social, estricta observancia de la ley mosaica, fuerte influencia del mesianismo liberador, grandes conocimientos de las escrituras sagradas, así como de hierbas, minerales, astros, etc., y, como revelan los escritos de Qumrám, con una parte muy importante de la secta retirada en el desierto y regida por doce sacerdotes y la figura  enigmática y carismática del llamado Maestro de Justicia, completan un cuadro en el que no faltó –si seguimos a Josefo— una beligerancia activa contra Roma en la rebelión del 66, que significó la caída de Jerusalén y la destrucción del Templo en el año 70 por las legiones de Tito. Aunque no se conocen referencias escritas de contactos de Jesús y sus seguidores con los esenios (hay quien pone en duda la propia existencia de Jesús, aunque no del núcleo del mensaje cristiano), sí se puede hablar de una importante correspondencia en su cosmovisión y su actitud social a la vista de los manuscritos de Qumrám. Estudiosos, historiadores y exegetas señalan indudables puntos de contacto (también innegables divergencias) en mensajes, comportamientos comunitarios y actitudes sociales, sobre todo en lo espiritual, la coincidencia en la idea de vivir en un Nuevo Pacto. Por referencias de Josefo (posiblemente perteneciente al partido o secta de los fariseos), Filón de Alejandría, Eusebio de Cesarea, etc., se puede colegir que hubo una no desdeñable relación entre los esenios y los nazarenos judío-cristianos.

Según Hugh Schonfield en su obra El enigma de los esenios hay pasajes de los Hechos de los apóstoles que contienen a su vez pasajes basados en algunos de los manuscritos esenios del mar Muerto, algunos de los cuales son cita directa. Igualmente señala que la coincidencia de la vida de Jesús (o del movimiento cristiano original) se solapa en tiempo y espacio físico con las postulaciones mesiánicas de la venida del Maestro y el Mesías del Final de los Tiempos. La conjunción de interpretaciones bíblicas y mesiánicas, la ocupación político-militar romana (los Hijos de las Tinieblas), las hambrunas, la efervescencia sectaria (saduceos, fariseos, esenios, zelotes, nazarenos…) crearon un clima revolucionario que finalmente determinó las revueltas del año 66 d. de C. El mencionado libro de Josefo nos ofrece un relato de un país en continuo estado de sublevación, guerra solapada y anarquía, señalando a ladrones, asesinos, sicarios, etc. Pero también se refiere Josefo a los que en nombre de la religión, aunque con medios aparentemente pacíficos, pedían cambios sociales y provocaban y arrastraban al pueblo a sus viejas creencias mesiánicas.

Aunque hay corrientes eruditas que cuestionan la tesis del pacifismo absoluto del mensaje de los judío-cristianos, los datos históricos se resisten a su inclusión en la participación armada en las revueltas, aunque su mensaje cargado de espiritualidad también lo estaba de un profundo sentido revolucionario y cambio social que hacía dudar de su pacifismo y no dejaría indiferentes a los ocupantes romanos y a las élites judías. Pero también hay autores que no dudan en afirmar, o cuando menos insinuar, relaciones de apoyo entre el movimiento zelote (que llevaban su fe en la ley judía y el Mesías liberador a una práctica revolucionaria de hostigamiento guerrillero contra Roma y las élites judías colaboracionistas) y los judío-cristianos y los esenios. De estos últimos es segura su participación en la guerra del 66, causa por otro lado, de la destrucción posterior de su asentamiento del desierto. También Josefo da noticia de Juan, el esenio, como jefe de uno de los grupos o facciones más influyentes en la defensa de Jerusalén.

ESENIOS-ROLLOS-2Por otro lado, en opinión del antropólogo Marwin Harris, la influencia del Mesías pacífico (representado por Jesús) se desarrolló en el epicentro de lo que para él fue una verdadera guerra de liberación, y los Evangelios esconden el hecho de que Jesús (o el movimiento judío-cristiano) pasó parte de su vida o se dio en el teatro de operaciones de una verdadera guerra de guerrillas. Guerra que continuó y se intensificó después de la muerte (o supuesta muerte) de Jesús hasta culminar con la toma de Jerusalén.

La opinión de algunos historiadores de la guerra del 66 es que los judío-cristianos se exiliaron a Pella siguiendo u optando por una postura pacifista acorde con algunas de las enseñanzas del Nazareno. Otros opinan ,en cambio, que fue una decisión madurada y sustentada en el convencimiento de las escasas posibilidades de la revuelta ante un enemigo tan poderoso. Seguimos de nuevo a Harris, que opina que en el tiempo en que se escribieron los primeros Evangelios (Marcos: años 65-68 d. de C.) ya predominaba la idea de un Mesías Pacífico, imagen que se comienza a perfilar y transmitir de forma decidida y contundente tras la caída de Jerusalén. “Durante el intervalo entre la muerte de Jesús y la redacción del primer evangelio, Pablo sentó las bases para el culto del mesianismo pacífico” como una respuesta de adaptación a la previsible continuidad de la dominación  romana. Por ello opina Harris que el culto al Mesías Pacífico no habría prosperado si en lugar de la derrota del conglomerado levantisco-nacionalista-revolucionario-mesiánico (Los Hijos de la Luz) hubieran sido derrotados Los Hijos de las Tinieblas, esto es, el Imperio Romano.

En opinión de acreditados historiadores, y a la luz de los descubrimientos de Qumrám y Nag-Hammadi, fue así como, tras la caída de Jerusalén y la nueva destrucción del Templo y el final de la guerra con la toma de la fortaleza de Mesada (año 73), tomó fuerza en las primitivas comunidades judío-cristianas la idea del Mesías Pacífico .El mesianismo que englobaba lo religioso-político-militar-nacional se fue sustituyendo por un mesianismo espiritual. Minimizando o haciendo abstracción de las aristas más beligerantes del judaísmo etnocéntrico, las comunidades cristianas gentiles externas a Israel comenzaron a crecer. Su principal líder impulsor, en opinión muy contrastada, fue Saulo de Tarso, San Pablo, que si encontró resistencias por parte de la influyente comunidad cristiano-judía del interior, terminó por imponer sus directrices, sobre todo a partir de la caída de Jerusalén.

En una próxima reflexión, apoyados en los evangelios apócrifos y evangelios y escritos gnósticos descubiertos en Nag- Hammadi, trataremos de orientarnos en el complejo tablero de los primeros siglos del cristianismo.