LA PALABRA PÚBLICA (II)

Gonzalo J. Sánchez Jiménez

En el artículo anterior aludía a los proyectiles que atacan a la madre Lengua. Donde más se concentran, posiblemente, es en el plano semántico. La metáfora no era gratuita, hay argumentos que la justifican.

He llegado a pensar que algunos informadores se despistan al acudir a su puesto de trabajo; su destino no era un campo de fútbol, sino la primera línea del frente. Más que informadores deportivos parecen corresponsales de guerra: “disparar”, “lanzar un cañonazo”, “detener el obús”, “árbitro mercenario”, “eliminar al enemigo”, “salir a muerte”, “fusilar al portero”… ¡Qué violencia! En este lenguaje bélico intercalan numerosas redundancias: precalentar los músculos, registrar un nuevo récord, ser más líder (¿va alguien delante del primero?), imponer una multa económica (¿es que las multas de los futbolistas no eran antes como las de todas las personas humanas?). No se privan de las contradicciones; una muy común es tiempo de descuento; cuando quieren decir lo contrario: tiempo añadido, adicional o de prórroga.

Hay una expresión muy extendida que trepana los tímpanos y la pituitaria simultáneamente:

“El Real Madrid hace aguas en su campo”. ¿No la han oído? Pues ya huele. Y no es extraño; entendiéndose Real Madrid, o cualquier otro equipo, como un colectivo compuesto por jugadores, entrenadores, técnicos, directivos y socios, y “haciendo aguas” todos en el campo, es imposible que no huela; eso no es un campo de fútbol; es un enorme retrete, porque “hacer aguas” es hacer sus necesidades, en su doble opción: aguas mayores y aguas menores, y no me detendré en dar más explicaciones al respecto. El listillo de turno oyó campanas y la confundió con el dicho marinero “hacer agua”, referido a cualquier embarcación que sufre una vía de agua y corre peligro de hundimiento, y que se aplica a cualquier entidad o institución que no funciona correctamente o que está próxima a la quiebra.

A buen seguro, algún lector ha asociado ya alguna de las anteriores expresiones con alguien más que los periodistas. Están en lo cierto. También las utilizan los políticos, otros profesionales de la palabra que deberían ser mucho más cuidadosos en sus discursos.   Recuerdo que a finales de los setenta y principios de los ochenta nos bombardearon, entre otras, con una palabra que me llamó mucho la atención: obsoleto. Todo estaba obsoleto. Y eran muchas las cosas, cierto, que estaban anticuadas. Pero quizás lo más obsoleto de todo era la palabra obsoleto. El afán de significarse posibilitó el rescate de una palabra de escaso uso. No hay mal que por bien no venga.

La influencia del inglés causa numerosas impropiedades. Una confusión habitual es la de honesto con honrado. En boca de los políticos muy pocas veces se oye honradez; casi siempre dicen honestidad. Será un bobada mía, pero me parece que la palabra honradez suena algo más fuerte, más rotunda; da la sensación de que existe cierto temor a pronunciarla. Cuando algo nos asusta, cerramos los ojos para no verlo. Un buen amigo hace una clarísima y gráfica distinción entre ambos términos; establece la frontera entre las dos palabras en la cintura: de cintura para abajo empieza la honestidad; de cintura hacia arriba, la honradez. Bromas aparte, la confusión se debería a una falsa traducción del inglés “honest”, que se aproxima más a sincero, leal. La honestidad es el recato, la decencia; ser decente no implica ser sincero ni leal.

Otro caso: “El temporal ha provocado serios daños en la zona”. Los daños nunca son serios ni alegres, son más o menos graves o importantes. Al mismo tiempo, en ese enunciado hay otro error: provocar. Provocar es mover o incitar a alguien a que ejecute algo, estimular con hechos o palabras el enojo de alguien, excitar el deseo sexual en alguien o hacer que una cosa produzca otra como reacción o respuesta a ella (Diccionario de la RAE). Aquí ha sido el temporal, él solito, el que ha producido, ocasionado o causado los graves daños. Así mismo, tampoco es correcto decir “El fuego fue provocado”. Todos los fuegos son provocados: por una cerilla, un cortocircuito, una chispa, etc. Habrá que decir “El fuego fue intencionado”.

Otro verbo mal utilizado es valorar. Valorar significa apreciar el mérito de alguien o de algo. Así “El presidente valoró los daños del incendio” implicaría cierto grado de satisfacción o de complacencia por lo ocurrido, cuando lo que se pretende comunicar es que “El presidente evaluó los daños”. Muy utilizadas son también las fórmulas valorar positivamente y valorar negativamente. La primera es una redundancia y la segunda un absurdo, similares a las de crecimiento positivo y crecimiento negativo, respectivamente.

Se lleva la palma violencia de género. Políticos y periodistas no se bajan del burro, a pesar de las advertencias que les ha hecho la RAE. A continuación reproduzco parcialmente el  Informe de la Real Academia Española sobre la expresión violencia de género:

[…] El anuncio de que el Gobierno de España va a presentar un Proyecto de Ley integral contra la violencia de género ha llevado a la Real Academia Española a elaborar el presente informe sobre el aspecto lingüístico de la denominación, incorporada ya de forma equivalente en las Leyes 50/1997 y 30/2003 al hablar de impacto por razón de género.  El análisis y la propuesta que al final de este informe se presenta a la consideración del Gobierno han sido aprobados en la sesión plenaria académica celebrada el pasado jueves día 13 de mayo.

  1. Origen de la expresión

La expresión violencia de género es la traducción del inglés gender-based violence o gender violence, expresión difundida a raíz del Congreso sobre la Mujer celebrado en Pekín en 1995 bajo los auspicios de la ONU. Con ella se identifica la violencia, tanto física como psicológica, que se ejerce contra las mujeres por razón de su sexo, como consecuencia de su tradicional situación de sometimiento al varón en las sociedades de estructura patriarcal.

Resulta obligado preguntarse si esta expresión es adecuada en español desde el punto de vista lingüístico […].

  1. Análisis sobre la conveniencia de su uso en español

La palabra género tiene en español los sentidos generales de ‘conjunto de seres establecido en función de características comunes’ y ‘clase o tipo’: Hemos clasificado sus obras por géneros; Ese género de vida puede ser pernicioso para la salud. En gramática significa ‘propiedad de los sustantivos y de algunos pronombres por la cual se clasifican en masculinos, femeninos y, en algunas lenguas, también en neutros’: El sustantivo ‘mapa’ es de género masculino. Para designar la condición orgánica, biológica, por la cual los seres vivos son masculinos o femeninos, debe emplearse el término sexo: Las personas de sexo femenino adoptaban una conducta diferente. Es decir, las palabras tienen género (y no sexo), mientras que los seres vivos tienen sexo (y no género). En español no existe tradición de uso de la palabra género como sinónimo de sexo. […]

En inglés la voz gender se empleaba también hasta el siglo XVIII con el sentido de ‘clase o tipo’ […] Como en español, gender se utiliza también con el sentido de ‘género gramatical’. Pero, además, se documenta desde antiguo un uso traslaticio de gender como sinónimo de sex, sin duda nacido del empeño puritano en evitar este vocablo. Con el auge de los estudios feministas, en los años sesenta del siglo XX se comenzó a utilizar en el mundo anglosajón el término gender con el sentido de ‘sexo de un ser humano’ desde el punto de vista específico de las diferencias sociales y culturales, en oposición a las biológicas, existentes entre hombres y mujeres.

Tal sentido técnico específico ha pasado del inglés a otras lenguas, entre ellas el español. Así pues, mientras que con la voz sexo se designa una categoría meramente orgánica, biológica, con el término género se ha venido aludiendo a una categoría sociocultural que implica diferencias o desigualdades de índole social, económica, política, laboral, etc. En esa línea se habla de estudios de género, discriminación de género, violencia de género, etc. Y sobre esa base se ha llegado a veces a extender el uso del término género hasta su equivalencia con sexo.

  1. Documentación de las diversas expresiones usadas en español para expresar el concepto […] Como se advierte a simple vista, la expresión violencia doméstica es la más utilizada, con bastante diferencia, en el ámbito hispánico, doblando a la expresión violencia intrafamiliar, muy frecuente en Hispanoamérica junto con violencia familiar y violencia contra las mujeres.

Critican algunos el uso de la expresión violencia doméstica aduciendo que podría aplicarse, en sentido estricto, a toda violencia ejercida entre familiares de un hogar (y no solo entre los miembros de la pareja) o incluso entre personas que, sin ser familiares, viven bajo el mismo techo; y, en la misma línea -añaden-, quedarían fuera los casos de violencia contra la mujer ejercida por parte del novio o compañero sentimental con el que no conviva. […] la expresión violencia doméstica, tan arraigada en el uso por su claridad de referencia, tiene precisamente la ventaja de aludir, entre otras cosas, a los trastornos y consecuencias que esa violencia causa no solo en la persona de la mujer, sino del hogar en su conjunto […].

  1. Propuesta de denominación

Para que esa Ley integral incluya en su denominación la referencia a los casos de violencia contra la mujer ejercida por parte del novio o compañero sentimental con el que no conviva, podría añadirse «o por razón de sexo». Con lo que la denominación completa más ajustada sería LEY INTEGRAL CONTRA LA VIOLENCIA DOMÉSTICA O POR RAZÓN DE SEXO […].