LA MISTERIOSA DESAPARICIÓN DE SAINT-EXUPÉRY

Sergio Guadalajara

Antoine5Probablemente, el nombre de Antoine de Saint-Exupéry o, simplemente, el de su obra más famosa, El Principito, será muy familiar para todo el mundo, porque, ¿quién no conoce el Principito?, es uno de los libros más vendidos de toda la Historia, con más de ocho millones de ejemplares, traducido a más de 120 lenguas desde que su autor, exiliado en Nueva York tras la ocupación alemana de Francia, decidiera escribirlo en 1943 para publicarlo al poco tiempo en una editorial de EE.UU.

Pero no fue el único libro que escribió a lo largo de su vida, ya que también son suyos los títulos Correo del Sur (1929), Vuelo Nocturno (1931), Tierra de los Hombres (1939), Piloto de Guerra (1942), Carta a un rehén (1943) y Ciudadela (1948, póstumo), todos ellos obras con gran calidad literaria.

Hablemos ahora del autor. Nació en 1900 en Lyon y murió en 1944 en circunstancias desconocidas que intentarán ser esclarecidas más adelante. Estudió en la Universidad de Friburgo, pero se dedicó al mundo de la aviación, actividad que compaginaba con la escritura. Fue piloto comercial en las empresas Latecoete y Aeropostales y realizó varios raids importantes que le valieron la condecoración por parte del gobierno francés en 1930. Nueve años más tarde se alistó en la aviación militar francesa donde no dudaba en presentarse como voluntario en las misiones más arriesgadas; de esta manera consiguió una buena remesa de condecoraciones que venía acompañada de múltiples heridas y cicatrices.

Cuando Alemania invadió Francia se exilió a Nueva York, donde permaneció hasta que se alistó unos años más tarde en las Fuerzas Aéreas americanas (USAF), lo que consiguió gracias a su tozudez, ya que rebasaba entonces la edad para poder hacerlo.

Ya en 1944, tras el desembarco de Normandía efectuado el 6 de junio, los aliados planificaron un segundo desembarco para dividir a las fuerzas alemanas en Francia. Para ello necesitaban elaborar un mapa de la costa sur francesa que contuviera todos los lugares donde pudiera haber defensores germanos, por lo que decidieron enviar aviones de reconocimiento fotográfico alrededor de esta zona. Uno de los elegidos para esta, aparentemente, tranquila misión (no se esperaban ataques de la débil Lutwaffe que estaba muy atareada protegiendo sus propios espacios aéreos) fue Saint-Exupéry, siempre ávido de aventuras. Consiguió terminar con éxito varias misiones de este tipo hasta la del 31 de julio del 44, la última de su vida.

Todo empezó de forma rutinaria: despegó del aeródromo de Bastia (Córcega) en un Lightning P-38. Los hechos continuaron hasta que a la una del mediodía el avión desapareció de los monitores del radar y perdió la comunicación con el aeródromo.

¿Qué había ocurrido? Nadie sabe si fue derribado, si sufrió una avería mecánica, un error por parte del piloto, nadie sabe nada. Saint-Exupéry escribió un poema antes de subirse a ese último vuelo del que no volvería jamás, cuyos versos podrían ayudar a desvelar ciertas partes del misterio.

Si me derriban no extrañaré nada.

El hormiguero del futuro me asusta

Y odio su virtud robótica.

Yo nací para jardinero.

Me despido.

Antoine de Saint-Exupéry

Ante las metáforas de este poema algunos expertos opinan que es una clara nota de suicidio, mientras que otros pocos afirman que simplemente es eso, un poema.

En 1992, la asociación de admiradores del autor, tras contactar con un testigo que aseguró haber visto caer al mar un avión el mismo día y la misma hora en que desapareció el aparato tripulado por Saint-Exupéry, decidió financiar una exploración con submarinos por toda la costa de Niza (lugar donde el testigo presenció el descenso del avión) realizada por el Instituto Francés de Investigaciones para la Explotación del Mar. Tras buscar en toda la costa con radares y sonares, los resultados fueron un rotundo fracaso.

Saint-Exupery-in-Toulouse-in-1933-with-Latecoere-28-behind-himSin embargo, en 1998, un pescador alentó a los admiradores de Saint-Exupéry con el descubrimiento en una de sus redes de una pulsera de oro que tenía la siguiente inscripción: Antoine de Saint-Exupéry, además del nombre de su mujer, Consuelo. Tenía también grabada la dirección del editor del autor en Nueva York (Reynal and Hitchcock Inc. 386 4th ave. NY City USA). Este hallazgo provocó que de nuevo se continuara la búsqueda del aparato o de los restos mortales de nuestro protagonista, aunque otra vez sin éxito.

En el año 2000, un submarinista profesional llamado Luc Vandell encontró los restos de una pieza del avión cerca del lugar del hallazgo de la pulsera, en la isla de Riou, frente a las costas de Marsella. Pero no pudieron ser extraídos hasta tres años más tarde debido a los impedimentos que ponían los familiares de Saint-Exupéry, quienes, sorprendentemente, siempre eran los menos interesados en que los restos mortales del aviador salieran a la luz, negándose incluso a reconocer los cadáveres que todos los años llegaban a las costas galas. Dicen los admiradores del autor que este desinterés se debe a que los familiares quieren que el mito de la muerte de Saint-Exupéry perdure o también se puede deber a cualquier trifulca familiar que hubiera habido en el pasado.

Volvamos a los restos encontrados en el avión. Tras una limpieza de los mismos, se descubrió la matricula militar que poseen todos los aviones, ese número era el 2734, el mismo que el del Lightning P-38 que pilotaba Saint-Exupéry.

Uno de los responsables del descubrimiento de los restos del avión, Patrick Granjean, afirmó que era seguro que el avión cayó en las cercanías de la isla de Riou. Sobre si alguna vez conoceremos toda la verdad sobre este misterio Granjean respondió: “No se sabe por qué ocurrió y tal vez no lo sepamos jamás”.

Esperemos que la opinión de este experto francés sea errónea y todas nuestras preguntas sobre la muerte de Saint-Exupéry se esclarezcan algún día.