CÓMO ESTAR EN CONTACTO CON EL PASADO

Juan Carlos García Santos

Hay muchas formas de viajar, pero hay una especialmente gratificante y que en todas las personas provoca la curiosidad y un especial interés. Esto ocurre cuando se viaja hacia el pasado. Un objeto de herencia familiar puede ser evocador para restaurar recuerdos de nuestros antecesores. Si además tenemos constancia de encontrarnos ante vestigios que son muestras de una forma de vida pasada, nuestros sentidos reciben la increíble sensación de estar viendo o palpando lo que otras personas vivieron hace siglos o milenios, es decir, estamos viajando a un tiempo pretérito.

Este interés propio de la raza humana por conocer su pasado ha propiciado la aparición de una herramienta que nos permite estar en contacto con él; se trata de la Arqueología. Poco a poco las ruinas del pasado, el arte y los vestigios que estaban ante nosotros fueron incentivando la curiosidad: primero por conocer las manifestaciones artísticas y monumentales más evidentes como las ruinas de Pompeya en el siglo XVIII; después se quiso acceder aquellos objetos que nos hablaban de la forma de vida de nuestros antepasados y así, en el siglo XIX se buscó algo más: el origen de nuestra raza (figura 1).

Del mismo modo que las telecomunicaciones han evolucionado desde las primeras transmisiones por telégrafo o teléfono, las vías para acceder al pasado se fueron también perfeccionando. Así, si la Historia del Arte había permitido llegar a él por este camino en un primer momento, las Ciencias Naturales y la Geología permitieron crear nuevas vías para acceder a otros tiempos. De un lado las Ciencias Naturales aportan el análisis sobre los restos óseos y el medio natural del pasado; de otro, la Geología suministra el método de análisis de las distintas capas de sedimento y suelo para conocer la fecha en que se han creado; de este modo se puede dar una datación, una cronología relativa, para los objetos y restos humanos que contiene cada estrato o capa de tierra. Así se pudieron combinar el conocimiento de los restos humanos y naturales, la evolución de los objetos y su forma, su tipología y el de la fecha en que se formó cada estrato de tierra para permitirnos contactar con el pasado, definir los rasgos de civilizaciones antiguas y determinar cuándo éstas se desarrollaron.  Se empezaron entonces a utilizar palabras como Prehistoria (figura 2).

Una vez establecidas las redes de comunicación, se pasó a perfeccionar sus sistemas, como el método de documentación y análisis. Se aplicaron así las técnicas que combinaban los análisis químicos y físicos para dar fechas concretas, absolutas. Se crearon métodos basados en la vida media de determinados elementos químicos en la naturaleza; por ejemplo, cómo pasa el potasio a argón en determinados suelos de origen volcánico -sabiendo cuánto tiempo tarda en producirse esta mutación se puede determinar la fecha en que aparece ese suelo volcánico y determinar así de que época proceden los restos encontrados en él. En los vestigios de madera o carbón este procedimiento se aplica para conocer la cantidad de carbono 14 que contienen y así determinar su edad. En el caso de la cerámica las variaciones que produce la aplicación de calor a la arcilla para cocerla también pueden determinar la fecha en que se crearon estos objetos mediante los análisis de termoluminiscencia.

El diálogo con el pasado cada vez tiene menos interferencias, toda vez que  se han incorporado diferentes métodos científicos al mundo de la Arqueología. Se utiliza así la Arqueobotánica para estudiar restos de plantas del pasado, ya sean cultivadas o no; Arqueometría para determinar la forma de los objetos; Arqueometalurgia para estudiar cómo se producían los útiles metálicos; la Zooarqueología para investigar los animales en el pasado, los estudios de pólenes, de antropología física o los análisis geográficos como en la llamada Arqueología Espacial y Arqueología del Paisaje. Solo falta aplicar el aliño de la informática para completar el panorama actual de esta investigación, implicando los sistemas de información, las bases de datos y el análisis estadístico, que se pueden combinar con programas como los Sistemas de Información Geográfica.

Los arqueólogos cuentan en la actualidad con  muchos medios para dialogar con las sociedades del pasado, pero su trabajo tiene que partir siempre de una documentación previa mediante consulta de archivos y personas que habitan en los lugares de estudio. Pero, sobre todo, con la prospección sobre el terreno, recogiendo vestigios que delatan la existencia de lugares, yacimientos, con restos desde las épocas más remotas de la Prehistoria, como el Paleolítico, a los más recientes como los que estudia la Arqueología Industrial.

Una vez identificado el lugar de estudio, se debe planificar la excavación arqueológica, qué área se va a excavar, qué tipo de análisis se va a aplicar, de qué espacio se dispone para almacenar, clasificar y analizar los materiales y cómo se van a divulgar los resultados. Es entonces cuando se procede a la excavación, siempre teniendo en cuenta que en una excavación, según se va avanzando en el estudio de cada capa de tierra o estrato, se está acabando con la información que pudiera aportar en el futuro. Se ha dicho que la arqueología aplica un método que nos permite leer un libro en el que cada página leída es destruida.

Primero se debe realizar un estudio topográfico del lugar, determinando el punto de referencia u origen desde el que se va a medir la profundidad de cada estrato, resto material o estructura constructiva. Después se procede a excavar, identificando a la vez cada unidad estratigráfica o depósitos de sedimentos y restos (vegetales o materiales) de una misma época; se levantan al mismo tiempo planos a escala de cada una y se realizan fotografías e incluso vídeos si fuera necesario.

Se plasma en un diario el proceso de excavación y se realiza un registro de los planos, fotografías y materiales que se van extrayendo. Este proceso nos permite organizar la información tanto horizontalmente como verticalmente, situando los estratos y materiales unos en relación a otros, expresando gráficamente esta organización como en las matrix Harris (figura 3). Una vez recopilados los datos que aporta la excavación y el análisis de los materiales, se combinan todos los resultados para llegar a determinar las conclusiones que arroja esta investigación, plasmadas en una memoria y en las futuras formas de divulgar estos resultados.

Se consigue así colmar el diálogo con el pasado, nuestras preguntas van siendo respondidas y nosotros podemos reconstruir cómo era la vida en épocas pretéritas, las poblaciones, su sociedad, su forma de explotar el territorio (figura 4).

Se completa de este modo la sensación de estar viajando en el tiempo, de estar en contacto con aquellos lugares y restos que palparon y pisaron personas que vivieron muchos años antes que nosotros. Todo gracias al particular medio de comunicación que enlaza presente y pasado: la Arqueología.