CHALTON HESTON

Juan Angulo Serrano

charlton-heston-celeb-prostate-cancer-pg-fullComentaba hace unos días con José Guadalajara sobre cuál podría ser el tema de mi artículo de este bimestre para la sección de “Cine Histórico”. Acordamos que sería muy interesante hablar sobre la época dorada de este género, que transcurrió ente finales de los 50 y los 70, décadas en las que coincidieron, con gran éxito de público – y de crítica en no pocos casos -el cine “colosalista” americano, el depurado cine británico y el “peplum” italiano– algo así como el “spaghetti western”, pero en histórico y mitológico.

Al empezar a recabar datos de este período, tanto en ficheros, revistas y artículos como en mi propia memoria, aparecía de forma abrumadora la figura de Charlton Heston: ¡participó en cerca de una veintena de películas históricas o interpretando a personajes históricos! Por ello, cambié mis planes originales, que dejo para otra ocasión, y decidí dedicarme a la figura de este controvertido actor, director y productor de cine y también de teatro. Además, porque a sus 84 años, enfermo de Alzheimer, ex alcohólico y con cáncer de próstata, quiero anticiparme a la avalancha de opiniones, reposiciones y artículos que surgirán en su momento, pues me parece mejor recordarlo en vida.

¿Sabíais que fue sobre el escenario donde inició su carrera interpretativa? Pues sí, y no de forma circunstancial. Empezó en 1938 estudiando arte dramático en la Universidad del Noroeste. Participó en la II Guerra Mundial como radiotelegrafista. Trabajó como modelo en New York, donde conoció a su esposa, con la que se casó en 1944 y a la que todavía sigue unido. Posteriormente, se hicieron cargo del teatro local de Asheville (Carolina del Norte). En Broadway, año 1947, actuó en Antonio y Cleopatra con notable aceptación, lo que le sirvió para poder participar de manera destacada en el famoso programa de teatro televisado “Studio One”, que le reportó bastante notoriedad (TVE 1, a partir de los años 60, produjo un programa similar, con el mismo nombre, “Estudio Uno”, que ha sido la mejor aportación hecha por la televisión al teatro español). A pesar de este importante bagaje teatral, pocas veces la crítica le consideró un gran actor. Os recomiendo, por ejemplo, si todavía no las habéis visto, sus interpretaciones en Sed de Mal de Orson Welles y Hamlet de Kennet Bragham. Soberbio.

Su primer trabajo en el cine fue Ciudad en sombras (1950, William Dieterle), si descontamos Peer Gynt, una película “amateur” que realizó con su amigo David Bradley en 1941.

Una de las primeras cintas que vi de niño, en el cine Olimpia de Madrid, y que me impactaron con aquella edad, fue El secreto de los incas (1954 de Jerry Hopper), obra menor en la que nuestro actor interpreta a un arqueólogo aventurero, rastreando como siempre tesoros antiguos. Steven Spielberg, que es más o menos de mi edad, ¿hasta qué punto no se inspiró en ella para crear a su Indiana Jones? Juraría que la escena de En busca del Arca perdida, en la que Indiana localiza el sitio exacto del Arca a través de los rayos de sol que se filtran por un medallón, está copiada descaradamente de El secreto de los incas.

En 1952, y a las órdenes de Cecil B. de Mille, actuó en El mayor espectáculo del mundo, muy entretenida y que retrata el ambiente del circo en su época dorada, en la que Heston interpretaba al director del espectáculo. A Don Cecilio debió de gustarle su interpretación y se dice que, en un viaje que realizó a Roma cuando estaba preparando su segunda versión de los Diez Mandamientos – ya dirigió otra en 1923 -, al ver el Moisés de Miguel Ángel fue el momento en que decidió darle el papel protagonista a Heston por el parecido físico que encontró entre ambos. No sé si será verdad, lo cierto es que el Moisés que aparece en las últimas escenas, con una inmensa melena y unas largas y rizadas barbas blancas, es indudable que está inspirado en dicha escultura.

Charlton-Heston-as-MosesEl éxito de esta película fue apoteósico. Recuerdo la impresión que me causó. No habíamos visto nada igual. La división de las aguas del Mar Rojo, la construcción de las pirámides, los actores (Jhon Derek, Debra Paget, Anne Baxter, Edward G. Robinson, Yul Bryner, Sir Cedric Hardwicke….) la música de Elmer Bernstein y… Charlton Heston. Todo ello dio el empujón definitivo a ese cine colosal al que me refería y que durante más de una década imperó en Hollywood y en el mundo. Hace poco volví a verla y me siguió gustando, a pesar de que algunos efectos especiales ahora nos resulten algo ingenuos, como la confección de las Tablas de la Ley. Le sobra metraje, principalmente en la huida de Egipto, donde algunas escenas hoy parecen ridículas, y el mensaje resulta excesivamente hebraizante. Se sigue y seguirá reponiendo en todas las televisiones, sobre todo en Semana Santa.

Fue el principio del mito. Luego llegó Ben-Hur (William Wyler, 1959), una de las cintas más premiadas por la Academia de Hollywood en toda su trayectoria, incluido el premio al mejor actor para Heston. Esta sí que sigue siendo una gran película, y no solo por la insuperable carrera de cuádrigas que nos vuelve a dejar con la boca abierta a pesar de haber transcurrido casi 50 años, sino por los enfrentamientos con Messala –nunca Stephen Boyd tuvo una actuación mejor, aunque se aproximó en La caída del Imperio Romano–; el cautiverio de Judá en galeras y su relación con el Cónsul, ¡un Hawkins soberbio!; el encuentro con el árabe y sus caballos, que presta el necesario contrapunto cómico a tanta épica; las apariciones de Jesucristo en las que Wyler tiene el genial acierto de hacer que nunca aparezca su rostro. ¡Y la música de Miklos Rozsa! Sin duda el mejor compositor que haya dado el cine en toda su historia. Sus obras hoy se escuchan en Salas Sinfónicas. Rozsa volvió a coincidir con Heston, ya que también compuso la música de El Cid. Chalton Heston

No obstante, y con la perspectiva que dan el tiempo y la experiencia, pondría algún “pero”, como la relación amistad/amor con Haya Harareet, que está traída por los pelos y tiene muy poca consistencia, y los quince minutos finales sobre la búsqueda y encuentro de Ben-Hur con su madre y su hermana, que se hacen pesados y demasiado melodramáticos, débil colofón a tan apoteósica obra.

BenHur-BeforeNo es posible aquí referirme a todos los filmes de carácter histórico que interpretó nuestro actor, por lo que solo apuntaré algún detalle de los que me resultan más destacables. Primero hablaré de tres que realizó en España, los dos primeros bajos los auspicios de ese visionario que fue Samuel Bronston. Empezaré por El Cid (1961, Anthony Mann, a la sazón marido de Sarita Montiel), película de la que se habló mucho en su momento, sobre todo por sus innumerables inexactitudes históricas. Pero es curioso. ¿Sabéis que uno de los asesores con los que contó Mann fue D. Ramón Menéndez Pidal, máximo conocedor e investigador de la figura de nuestro héroe? Parece increíble, pero es rigurosamente cierto.

Fue tal la identificación del actor con el personaje que a muchísimos “veteranos” cuando se nos habla de El Cid inmediatamente se nos aparece el rostro del actor. Tanto es así que en Vivar, cuna de Rodrigo Díaz, se erigió un monumento en homenaje a su famoso conciudadano, que era en realidad una escultura con la cara del propio actor. Desgraciadamente, la quitaron. Desconozco por qué. La Historia de España del Marqués de Lozoya se ilustra con una foto de ella. Doña Jimena fue interpretada por una Sofía Loren que, en aquellos momentos, estaba en su plenitud artística y personal… Destacaría, por no alargarme, la toma de Valencia, rodada en la playa de Peñíscola, y la música del señor Rozsa del que ya hablé, en la que desarrolla tantos temas y con tanta adecuación y belleza que puede considerarse como una de las mejores bandas sonoras que se hayan escrito para el cine.

55 días en Pekín (1963 de Nicholas Ray) no tuvo el éxito esperado y fue el principio del fin de Don Samuel. A pesar del plantel de actores (David Niven, Ava Gardner…) no funcionó. No he vuelto a verla, pero recuerdo que se me hizo algo pesada. Trata sobre la revolución de los “boxers” en la China de 1900. Según parece, Ray no pudo terminarla y fue Heston quien dirigió las escenas que faltaban.

Por aquel entonces, se enamoró de España, y fueron muy sonadas sus relaciones con toreros, sus visitas a los Sanfermines y sus juergas.

Posteriormente, en 1973, produce, dirige y protagoniza Antonio y Cleopatra, en la que colaboraron actores españoles de prestigio, como Fernando Rey, Juan Luis Galiardo, Sancho Gracia, Carmen Sevilla… Fue un fracaso de crítica y público. Llegué a ver parte de ella en televisión hace años, y me pareció poco afortunada y tediosa.

Aguanta mejor el paso del tiempo El señor de la guerra (1965 de Franklin J. Schaffner) en la que se recrea con gran exactitud y rigor una Edad Media bastante creíble, con una sobria puesta en escena. Heston interpreta, con gran solvencia, a un señor feudal con poderes absolutos sobre la vida y hacienda de sus vasallos, incluido el “derecho de pernada”, al que se acoge cuando presencia una boda rural. La relación del señor con su sierva da pie a una intensa historia de amor-odio que arrastra a ambos personajes. Muy recomendable.

JAGUAR E TYPE-charlton heston_02En El tormento y el éxtasis (1965, Carol Reed) da vida a un Miguel Ángel obsesionado en su lucha con los techos y con las pinturas de la Capilla Sixtina, enfrentado al Papa Julio II, al que presta su imagen el gran Rex Harrison. Lo mejor de ella es el duelo interpretativo entre ambos, en el que no destacaría a uno sobre el otro. Me gustó mucho cuando la vi y creo que merece una revisión. Por supuesto fue criticada por sus incorrecciones históricas.

La imagen que existe en la actualidad de Charlton Heston está bastante deteriorada, por su excesivo conservadurismo, su defensa a ultranza del uso de armas de fuego –fue presidente de la Asociación del Rifle entre 1998 y 2003– y por la entrevista que incluyó Michael Moore en su Bowling for Columbine, que dañó su imagen de tal manera que mucha gente joven solo conoce a este actor por esta cinta. No tengo nada que objetar a estas valoraciones sobre la persona, pero ¿cuándo vamos a ser capaces de discernir entre la figura y peripecias vitales del creador y las aportaciones de su obra? Indudablemente, son difíciles de separar en un político, pero no en un artista. Frank Sinatra fue un personaje oscuro, con conexiones con la Mafia, pero su voz seguirá siendo admirada por las siguientes generaciones. Einstein y Puccini llevaban a sus amantes a su propia casa para que convivieran con sus esposas. ¿Y qué decir de lo que se oye con bastante frecuencia sobre nuestro cine? Un sector nada desdeñable numéricamente se niega a ver películas españolas por el destacado sesgo político de muchos actores y directores. Un reciente ejemplo es el de Javier Bardem que, ni con su Oscar, convence a este personal. ¿Qué tienen que ver sus opiniones políticas, nos gusten o no, con su genialidad como actor?

Heston, a pesar de sus actitudes personales y al igual que ya ocurrió con Mel Gibson, como comenté en mis anteriores artículos, apoyó con todo su prestigio a directores tan poco conservadores como Orson Welles, Sam Peckinpah o Franklin J. Schaffner, enfrentándose a la poderosa industria de Hollywood para conseguir que obras maestras como Sed de mal, El planeta de los simios o Mayor Dundee llegaran a realizarse tal como ellos querían. Posiblemente, sin su compromiso nunca las hubiéramos disfrutado o serían otra cosa.

En la última película que realizó, Mi padre (Papa rua Alguem 5555, de 2002), seguramente la postrera, interpretaba al nazi Joseph Mengele. No he visto toda su filmografía y, por desgracia, ésta tampoco, pero debe de ser uno de los poquísimos papeles de “malo” que haya interpretado, porque durante décadas encarnó el arquetipo del héroe legendario, incansable y defensor de grandes ideales. Su rostro, su impresionante físico y su carisma le convirtieron en el actor mítico que perdurará. Hablando de carisma en el cine U.S.A que nos ocupa, ¿existen hoy actores equiparables a Kirk Douglas, Anthony Quinn, Robert Mitchum, Burt Lancaster, Steve Mcqueen, Lee Marvin, etc, quienes, independientemente de sus cualidades artísticas, al aparecer en pantalla la impregnaban de su inmensa personalidad y masculinidad con el poderío de su rostro tallado sobre granito? A lo mejor Sean Connery o Clint Eastwood, pero ya están casi jubilados como actores. Quizá sea porque la mayoría de ellos no se puede decir que fueran “guapos” y ese es el quid de la cuestión puesto que actualmente los que se cotizan sí parecen serlo, como Brad Pitt, Leonardo di Caprio, George Clooney, a los que, sin negarles su valía, no tienen la impresionante personalidad de aquellos. Parece imponerse el modelo del hombre “metrosexual”.

Recuerdo haber escrito en otro artículo los paralelismos entre el cine histórico y el cine de ciencia ficción, que podría considerarse como un cine histórico al revés. Resulta curioso comprobar que este actor también se prodigó en el cine fantástico, con piezas inolvidables como la ya citada El planeta de los simios (1968, otra vez Franklin J. Schaffner) o Soylent Gree -Cuando el destino nos alcance (1973 Richard Fleischer)-, y otras menos importantes, como siguientes versiones de los simios, el “remake” de Tim Burton de lo mismo, o la curiosa El último hombre vivo (1971 Boris Sagal), recientemente vuelta a versionar con Will Smith de protagonista, con el título del libro original que las inspiró, Soy leyenda de Richard Matheson.

Charlton Heston as Mark AntonyAdemás de dar vida a Moisés, El Cid o Miguel Ángel, también prestó su físico a Thomas Jefferson, San Juan Bautista, Richelieu, Julio César, Enrique VIII… En su última etapa se dedicó a papeles secundarios, principalmente en películas de catástrofes como Aeropuerto, Terremoto…

Hasta aquí mi humilde homenaje a este gran actor que, independientemente de sus actitudes personales e ideología, pasará indudablemente a la Historia del Cine.

Películas históricas, o representando a personajes históricos o pseudo-históricos, en las que participó.(Posiblemente olvide alguna)

Julio César (1950); El triunfo de Búfalo Bill (1950); Los Diez Mandamientos (1956); Ben-Hur (1959); El Cid (1961); 55 días en Pekín (1963); El tormento y el éxtasis (1965); La historia más grande jamás contada (1965); El señor de la guerra (1965) Mayor Dundee (1965); Khartoum (1966); El más valiente entre mil (1968); Isabel la Reina (1968); El asesinato de Julio Cesar (1970); Marco Antonio y Cleopatra (1973); Los tres mosqueteros (1974); La batalla de Midway (1976); Tombstone (1993); Hamlet (1996); Mi padre -Papa rua Alguem 5555 (2002).