ESTUDIOS Y PROFESIONES EN LOS ESCRITORES DE NOVELA HISTÓRICA

Sabino Fernández

2013022728mujer_futuro_trabajo_intCada vez es más común que los escritores, en general, se dediquen a actividades que complementen, bien intelectualmente bien económicamente, su actividad como autor de novelas. En la novela histórica no se produce ninguna excepción y, bien sea porque la profesión de escritor de género no da el suficiente dinero como para poder vivir holgadamente de ella, bien sea porque la inquietud intelectual de los autores les lleva a tocar otros campos, la mayoría de nuestros autores más reconocidos tienen, a la sazón, otras profesiones, que en unas ocasiones son secundarias a la actividad literaria y en otras primarias.

Pretendo hacer un repaso por nuestros autores españoles más reconocidos y así tratar de sacar alguna conclusión que nos lleve, quizás, a un mayor respeto por el esfuerzo que nuestros escritores de novela histórica ejercen en el día a día de su actividad profesional. Empezaremos por una escritora que en la actualidad se dedica únicamente a la literatura. Ángeles de Irisarri, autora de numerosas novelas históricas como El viaje de la reina o Ermessenda,  licenciada en Filosofía y Letras (rama de Geografía e Historia), estuvo ejerciendo como profesora de instituto y archivera. Otro maño es José Luis Corral Lafuente, escritor de novelas como El salón dorado, El invierno de la corona y El amuleto de bronce; es profesor de Historia medieval en la Universidad de Zaragoza, además de desarrollar su actividad política dentro de PSOE. Un caso atípico en cuanto a profesiones es Jesús Sánchez Adalid, autor de novelas como El mozárabe, Félix de Lusitania y El alma de la ciudad, que ejerce como sacerdote en Alanje (Badajoz) y es licenciado en Derecho y especialista en Derecho canónico, además de haber ejercido como juez durante dos años.

Magdalena Lasala está muy vinculada al mundo del teatro y la música y dirige una revista literaria, además de participar en varios medios de comunicación. Olalla García, autora de novelas ambientadas en la Persia sasánida como Ardhasir y Las puertas de seda, es otra licenciada en Historia que suele trabajar además como traductora. Del conocidísimo Arturo Pérez-Reverte, con novelas como la serie del Capitán Alatriste y Trafalgar, todos sabemos que se licenció en Periodismo y trabajó como reportero de guerra, para ahora dedicarse a la escritura de artículos periodísticos y a la literatura de varios géneros, no sólo el histórico.

javier-romeu-abogadoOtros ejemplos de periodistas que derivan en la literatura histórica son César Vidal Manzanares, que compagina sus labores de escritor con programas de radio y artículos de su profesión periodística; Ángeles Caso, que fue periodista televisiva a pesar de ser licenciada en Geografía e Historia y que actualmente es también responsable de guiones cinematográficos; y María Teresa Álvarez, autora de Catalina de Lancaster y La comunera de Castilla, también licenciada en Ciencias de la información y presentadora de televisión durante años. El último fenómeno literario en histórica, Santiago Posteguillo, autor de una trilogía sobre Escipión el Africano, es un filólogo que da clases en la Universidad de Castellón y director de un Instituto Universitario de Lenguas Modernas. Ildefonso Falcones, autor de La catedral del mar y La mano de Fátima, es licenciado en Derecho y trabaja aún en su bufete de abogados, aunque de joven se había encaminado hacia deportes como el hockey sobre hierba o jinete de salto.

El titular de esta Página, José Guadalajara, autor de novelas como Signum, Testamentum o La maldición del rey sabio, es también filólogo y ejerce como profesor de Lengua y Literatura, no dejando de lado la investigación. Chufo Llorens, escritor de novelas como Te daré al tierra y Catalina, la fugitiva de San Benito, es licenciado en Derecho y trabajó como empresario de espectáculos. Casos atípicos los representan, por ejemplo, Vicenta Márquez de la Plata, autora de La concubina del rey-emperador y El eunuco del rey, que es Marquesa de Casa Real y diplomada en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria, además de haber ejercido como profesora de la Universidad de Lisboa. Otra diplomada en la misma materia, y también licenciada en Derecho, que trabajó como abogada y encargada de archivos, es Almudena de Arteaga, también con título nobiliario,  en este caso Marquesa de Cea, y responsable de libros como La esclava de marfil o El marqués de Santillana; o Antonio Garrido, autor de La escriba, ingeniero de construcción de medios de locomoción. Juan Eslava Galán, escritor de novelas como En busca del unicornio o Rey Lobo, es doctorado en Filosofía y Letras y miembro del Instituto de Estudios de Jaén.

La conclusión que podemos sacar de este repaso somero es que la mayoría de nuestros escritores de novela histórica son hombres o mujeres de letras, como se decía en el antiguo Bachillerato, que han estudiado y ejercido, en muchas ocasiones, profesiones como el Derecho, el Periodismo o se han dedicado a la enseñanza, y un buen número de ellos son licenciados en la propia Historia, en la que basan sus novelas.

Son excepcionales los autores salidos del campo de las Ciencias, aunque no deja de haberlos. No se desanimen por ello los médicos, ingenieros, físicos… que ejemplos muy notables de esas profesiones tenemos en la literatura histórica internacional.