TEMPLARIOS: ALGUNAS CLAVES DE SU CAÍDA

Julián Moral

temple-toledo--644x362Se ha escrito mucha literatura sobre la Orden del Temple y seguramente se seguirá escribiendo mucha más apoyándose en supuestos o reales enigmas, en conexiones esotéricas, en misteriosos orígenes, en prácticas y cultos heréticos, en secretos y misterios, en riquezas y tesoros ocultos. Y todo ello hasta que el tema se agote y los seguidores habituales y potenciales interesados comiencen a demostrar cansancio y el ¿enigma? Templarios deje de ser rentable en los circuitos comerciales.

En este breve artículo trato de analizar las principales claves de su ascenso y caída desde  una perspectiva racionalista (o materialista si se quiere), desligándolo lo más posible de conjeturas, indicios, hipótesis forzadas, tesis sin apoyo empírico, etc., aunque no se deje de reconocer que determinadas cuestiones (esoterismo, prácticas y cultos poco ortodoxos, leyendas de tesoros reales o soñados …) era muy normal que se planteasen en el contexto de la época de nacimiento, crecimiento y caída del Temple. Época, por otro lado, de profundas transformaciones económicas y sociales en la que los poderes reales nacionales comienzan a tener un peso mucho mayor que en la primera etapa de feudalismo.

La Orden vivió por espacio de dos siglos y, evidentemente, evolucionó mucho y tuvo que adaptarse a los avatares de la historia dejando en el camino parte de su pureza original: el contacto entre civilizaciones oriente-occidente, entre sabios y hombres de letras de las dos culturas no cabe duda de que dejó una impronta especial en la Orden.

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (futuros templarios) se crea en 1118 siendo Balduino II rey de  Jerusalén. El nombre de la Orden del Temple se otorga con ocasión del Concilio de Troyes en el año 1128. Su primer Gran Maestre: Hugues de Payns fue, junto con San Bernardo, el gran impulsor de la Orden en su primera andadura en Tierra Santa. En 1289, Jacques de Molay se convierte en el último Gran Maestre cuando ya el reino latino de Jerusalén está tocando a su fin.  Poco después cae San Juan de Acre, la Tierra Santa es evacuada y los templarios de Oriente se repliegan a Chipre al igual que los Hospitalarios. En 1305 sube al solio pontificio Bertrand de Got, que ejerce su  papado con el nombre de Clemente V. Ese mismo año se lanzan graves acusaciones contra la Orden ante el rey de Francia Felipe IV el Hermoso, que consigue persuadir al débil Clemente V para qué deje al brazo secular detener y juzgar a los templarios. En otoño de 1307 fue detenido el Gran Maestre al mismo tiempo que todos los templarios de Francia y sus bienes eran confiscados en su totalidad. Después, lo de casi siempre: torturas, amenazas, promesas para arrancar confesiones y justificar la disolución de la Orden. El Concilio de Vienne (1311 –1312) lo hace definitivamente.

20070718klpprcryc_533-ies-scoSe podría señalar que el problema templario, de su caída y disolución, se enmarca dentro de las luchas entre los poderes espiritual y temporal con los actores principales: Felipe IV de Francia, a quien los historiadores califican de monarca cruel y trapacero, que derramó mucha sangre y faltó muchas veces a su palabra, y por otro lado Clemente V, un Papa débil e inseguro que se dejó persuadir por Felipe para renunciar su tutela sobre la Orden a favor del poder temporal.

Pero, ¿eran suficientes las acusaciones de especulación, falta de virtud cristiana, vicios inconfesables, prácticas heréticas o de no tener sentido su continuidad tras la pérdida de la Tierra Santa, además de cierta opinión pública en contra de la Orden o había motivos más profundos o interesados que justificasen la matanza y disolución? Creemos que sobre la generalidad de estas cuestiones se encadenaron una serie de factores que decidieron la suerte de la Orden por la voluntad decidida del rey de Francia. Las claves fueron: poder económico y autonomía financiera de la Orden; autonomía político administrativa o, si se prefiere, su organización internacional; su poder y autonomía militar y finalmente (lo que fue la principal excusa para su disolución, aunque quizá la menos importante y de dudosa verdad) la leyenda de su heterodoxia y prácticas heréticas.

PODER ECONÓMICO Y AUTONOMÍA FINANCIERA:  Pasados los primeros años en los que la Orden no paró de ejercer labores de policía de las rutas comerciales y de peregrinos en el reino latino de Jerusalén, la gran profusión y diversidad de presentes, donaciones y cesiones testamentarias para financiar la guerra y su ejército de Oriente, en paralelo con la regularidad de las donaciones, encomiendas y fortalezas en Occidente (principalmente en Francia, centro Europa y la Península Ibérica) obligan a la Orden a desarrollar aptitudes y técnicas para su administración y organización. Racionales para innovar, pragmáticas para adaptarse a las costumbres locales, y con su acertado sincretismo en los asuntos religiosos que les otorgaba cierta impronta de la liberalidad, los templarios aumentan de forma exponencial sus bienes raíces.

A partir de 1129–1130 se crean casas (Encomiendas: unidad básica de producción, recaudación y organización) de la Orden en Occidente que, además, aseguraban y protegían sus rutas comerciales occidente-oriente-occidente. La bula omne datum optimum (1163) exime a la Orden del diezmo pero, a su vez, puede percibir diezmos en su provecho. Todo ello significa una autonomía y poder financiero y que las Encomiendas funcionen como verdaderos bancos que prestan y financian actividades particulares y de las casas reales y grandes familias feudales. Si a esto añadimos su propia flota naval y sus explotaciones industriales (molinos, batanes, minas, atarazanas), nos podemos hacer una idea de su poderío económico, del poder político que ello significaba y de los recelos y deseos que podía suscitar la Orden en los poderes reales y nobiliarios.

AUTONOMÍA POLÍTICO ADMINISTRATIVA INTERNACIONAL:  A partir de 1163, tras la bula antes citada, se refuerzan los poderes de la Orden y de su Gran Maestre, quedando bajo la sola tutela del Papa, lo que permite a la Orden excusar cualquier otra forma de poder y control incluido el Patriarca de Jerusalén. Esto protegía a los templarios de toda injerencia del poder temporal y les otorgaba una amplia autonomía internacional en la órbita de la cristiandad en la que estaban asentadas sus fortalezas y Encomiendas.

Pero en un momento histórico en que en los reinos cristianos se está haciendo cada vez más fuerte y centralizado el poder real, una organización con ramificaciones internacionales no sujeta al poder secular, no cabe duda que sería vista con recelo por los cada vez más afirmados Estados Medievales Nacionales y sobre todo donde más fuerte e implantada estaba la Orden: en Francia.

Templarios_hogueraPODER Y AUTONOMÍA MILITAR: La Orden, ya casi desde sus inicios, necesitó de un ejército en armas permanente, no solo de caballeros propios de la Orden, sino de hombres de armas, intendencia y logística necesaria para su funcionamiento. Ejército que fue aumentando según crecían las necesidades de la Orden tanto en Oriente como en Occidente, no solo para atender las operaciones de guerra propiamente dichas, sino para mantener guarniciones en las Encomiendas y multitud de fortalezas donadas o construidas por el propio Temple. Señalan los historiadores que, tras la evacuación de los Santos Lugares, los templarios disponían de una potencia militar pareja a la del rey de Francia. El recelo y la desconfianza del poder real resultarían  justificados. Lo que quizá no tenga una explicación tan simple sea la escasa resistencia militar de la Orden: ¿dispersión de sus efectivos, confianza en poder demostrar su inocencia, falta de coraje y decisión del Gran Maestre Jacques de Molay…?

HETERODOXIA Y PRÁCTICAS HERÉTICAS: Como ya se señalaba anteriormente, la mayor parte de la literatura del tema templarios gira sobre estas cuestiones y no cabe duda de que fue el motivo esgrimido para acabar con el Temple a sangre, fuego y decreto.

Hecha la salvedad del reconocimiento (bajo torturas, amenazas, promesas…) de las acusaciones por la mayoría de los freires y su Gran Maestre (éste en un principio sin tortura o para evitarla) posteriormente quemado en la hoguera tras retractarse de su anterior declaración y negar los cargos, lo que testimonian los documentos de acusación es toda una retórica típica de la época para estos casos, una ausencia prácticamente absoluta de pruebas y una intencionalidad acusatoria al servicio de los intereses reales de Felipe IV.

Por otro lado, no cabe duda de que la Orden, después de casi dos siglos de existencia, había perdido parte de sus esencias originales, había recibido, y en casos asimilado, influencias de otras culturas y religiones y había demostrado gran capacidad de sincretismo respecto a viejas tradiciones, leyendas, cultos y ritos. Los casos de sodomía, satanismo, ritualismo herético, si se dieron, siempre serían de escasa relevancia en el conjunto de la Orden. Nada lo suficientemente importante para justificar la masacre, aunque sí justifique la tibieza de Clemente V y de la jerarquía de la Iglesia siempre suspicaz y temerosa de heterodoxias y organizaciones poderosas e influyentes por sí propias dentro de su seno.