MEL GIBSON Y EL CINE HISTÓRICO (I)

BRAVEHEART

Juan Angulo Serrano

411363En mi última crónica hablaba sobre Ridley Scott y su importancia como realizador de cine histórico. Hoy voy a tratar sobre este otro director, todavía más inmerso en él, pues el setenta y cinco por ciento de su obra se engloba dentro de esta temática.

Partamos de las contradicciones del personaje. Quizá me interese por eso, pues me considero también algo contradictorio. En primer lugar, tenemos su faceta “reaccionaria”, que es la más conocida por el gran público. Católico integrista. Tiene siete hijos. Es enemigo acérrimo del aborto, la eutanasia, la investigación sobre células madre y defensor de la pena capital. Dice que se ha sentido a veces influido por Dios, sobre todo cuando realizó “La Pasión de Cristo” (2004).

Pero, por otra parte, admira a Michael Moore (estuvo a punto de producir “Fahrenheit 9/11”). Está totalmente en contra de la guerra de Irak, llegando a decir que el miedo que se refleja en los indígenas de “Apocalypto” (2006) le recordaba un poco al que generaban en Irak el Presidente Busch y sus muchachos. Se han resaltado con notoriedad sus borracheras, sus escándalos y sus salidas de tono. Colabora, al parecer queriendo mantener el anonimato, en importantes causas benéficas con aportaciones considerables y donó casas para los pobres de Veracruz durante el rodaje de dicha película. Pero, sobre todo, hace muy buen cine. John Ford, Elia Kazan, Milton Caniff, genio del cómic -hasta Umberto Eco le dedicó un capítulo entero en “Apocalípticos e integrados”- , también fueron considerados reaccionarios, así como otros muchos que, a pesar de ello, han dejado su gran obra para la posteridad.

Ya en su primera película como director, “El hombre sin rostro” (1993), sorprendió a todos con una cinta intimista y profunda sobre la relación de un hombre solitario y atormentado con un niño. Pero guardaba mucho más. La siguiente fue “Braveheart” (l995) con la que arrasó, tanto en taquilla como en premios, entre otros el Oscar a la película, director, fotografía, sonido y maquillaje y Globo de Oro a la mejor dirección. Pero su mayor mérito fue que le dio un giro de tuerca al cine histórico, imprimiéndole un realismo y una crudeza que pocas veces se había visto, sobre todo con tanta intensidad y constancia.

600full-braveheart-screenshot1Nos narra la vida de William Wallace (l272-1305), héroe escocés que en su país es considerado casi un mito, como nuestro Cid Campeador, simbolizando su lucha por la independencia. Igualmente se mezclan en él los datos históricos y la leyenda.

Ahora que es noticia la espada del Cid, la famosa “Tizona”, también se conserva la Espada de Batalla de Wallace, igualmente venerada en Escocia.

Ha muerto Alejandro III, rey de Escocia, sin clara sucesión. Los nobles pelean entre sí por la corona, lo que aprovecha Eduardo I, rey de Inglaterra, para intervenir y sojuzgar el país. El padre de Wallace es asesinado por los ingleses. Este hecho fue el que provocó la rebelión de Wallace y el inicio de su lucha independentista, y no la muerte de su esposa a manos del sheriff inglés del castillo de Lannark, por cierto tratada magistralmente en la película. Es entonces, y con un pequeño y heterogéneo grupo de leales, cuando asalta el castillo -al parecer fue en él donde se ejecutó a su esposa Murron, o Miriam- y mata al sheriff Hazelrig, lo que le convierte en adalid de la lucha por la independencia. Así logra que se vayan uniendo más escoceses a su causa hasta formar un importante ejército, aunque la mayoría de los nobles no le secunden debido a las luchas internas entre ellos por el poder y su doble juego con Eduardo I, del que buscan sus favores y apoyos.

El momento cumbre de su historia y de la propia película es la batalla de Stirling, en la que,con menos efectivos, Wallace aniquila al ejército inglés y pasa a convertirse en mito. Este episodio es un prodigio de acción, verosimilitud y montaje, con los típicos momentos sangrientos de Gibson, de una dureza y realismo feroces, aunque seguramente menores de cómo fueron realmente, pero contrapesados con su toque de humor cuando los escoceses bajan sus faldas para enseñar el trasero desnudo a sus oponentes. Quiero destacar que, contrariamente a la actual y exagerada utilización de la tecnología digital para este tipo de escenas, aquí se llegaron a emplear hasta dos mil figurantes, la mayoría soldados del ejército irlandés. No creo que importe mucho que no se haga ninguna referencia al Puente de Stirling, que fue decisivo en la batalla, pues al ser estrecho y poco firme se hundió y facilitó la masacre sufrida por los ingleses. Tardaron seis semanas en rodarla.

Como suele ocurrir, su triunfo levanta grandes envidias e incomprensiones por parte de la nobleza y aunque le nombran guardián de Escocia, título similar al de Rey, solo le dura un año y comienza su declive, que culmina en la batalla de Falkirk, en la que resulta derrotado por la defección en el mismo campo de batalla de aquella nobleza que le había encumbrado y también utilizado. El tratamiento de esta batalla es similar a la de Stirling, pero me resultó menos impactante. A partir de ese momento vuelve a convertirse en un rebelde autónomo.

braveheart-1995-photosAunque no se contempla en la película, Wallace pasó a Francia buscando apoyos a su causa, pero, al no encontrarlos, retornó a su querida Escocia, donde a causa de otra traición de los nobles cae prisionero de Eduardo I, y ya supondréis cómo acabó.

Aunque sigo suscribiendo la tesis de que el cine y la literatura histórica se pueden permitir licencias sobre la recreación de los hechos reales, siempre y cuando se mantengan las ideas, conceptos y situaciones básicas de sus épocas, en este caso no tengo más remedio que resaltar dos circunstancias que desvirtúan de manera significativa estas premisas. Wallace no era un campesino andrajoso como se nos representa, ya que pertenecía a la aristocracia, aunque no llegó a ser noble hasta el final. Era muy culto, hablaba tres idiomas y estudió para clérigo. Y Escocia no era un país atrasado y pobre, pues Eduardo I decidió invadirla sobre todo por sus riquezas con las que financiar su guerra en Flandes.

Se criticó mucho la dureza de algunas escenas, especialmente al final con el ajusticiamiento del protagonista. Como casi siempre, la realidad lo supera. Efectivamente, le mantuvieron ahorcado hasta el límite, pero previamente fue arrastrado por dos caballos y apedreado por la muchedumbre. Luego le amputaron los genitales, le sacaron los intestinos y los quemaron delante de él. Fue decapitado, colgándose su cabeza en una pica sobre el puente de Londres. Le cortaron los pies y las manos, que fueron enviados a distintos extremos del país para que sirviera de ejemplo. Este tipo de castigo, reservado a los “traidores”, se siguió practicando en la civilizada Inglaterra hasta el siglo XVIII. Esta es una de las características que más me atraen en el cine de Gibson: su intento de aproximarse sin eufemismos a cómo se supone que ocurrieron las cosas. Véase también “La Pasión de Cristo”, que fue vapuleada en algunos sectores por ello, y sobre todo en “Apocalypto” (2007), de la que ya hablaré en mi próxima crónica.

No obstante, también queda lugar para el romanticismo, tanto en las escenas de galanteo de Wallace con Murron, interpretada adecuadamente por Catherine McCormack, que se dio a conocer en esta cinta, como con la nuera de Eduardo I, una Sophie Marceau bellísima y algo hierática, aunque su papel quizá lo requiriese. No es este el fuerte de Gibson, pero lo realiza con solvencia. Igualmente se recrean de forma majestuosa los paisajes de Escocia e Irlanda, con una espléndida fotografía, que como dije ganó ese año el Oscar.

Destacaría en el reparto a Ian Bannen, como el padre leproso de Bruce, y a Patrick McGoohen en el papel del rey Eduardo I. Gibson no será un gran actor, pero este rol se adecúa bastante bien a sus características físicas y a la dureza de su rostro.

La música de James Horner está muy conseguida y se adapta bastante bien a las situaciones, con una utilización de la gaita escocesa perfectamente integrada.

braveheartEn mi opinión, la idea fundamental de la película es la lucha por la libertad ante el opresor, como también lo es en “Apocalypto”. El sacrificio de Wallace no fue en vano, pues Escocia alcanzó la independencia poco después, en 1314, curiosamente de la mano de Robert Bruce, que en el film es el noble que le traiciona sin saberlo. Sin embargo, lo cierto fue que Bruce, posteriormente rey con el nombre de Roberto I de Escocia, sí le traicionó y en su lecho de muerte pidió que llevarán su corazón a Tierra Santa para conseguir el perdón de Dios por este pecado.

Al volver a ver nuevamente “Braveheart,” me quedó la sensación de que posiblemente le sobre algo de metraje. Sin embargo, las escenas que en su día suscitaron polémicas por su dureza, hoy no parecen tan fuertes, seguramente porque en estos doce años ya hemos visto cosas más brutales.

Lo bueno que tienen este tipo de películas que tratan sobre personajes que son poco conocidos fuera de su entorno es que, como en mi caso, te incitan a buscar información sobre ellos, lo que resulta sumamente placentero e ilustrativo, aunque se corre el riesgo de cometer algún error puesto que, como dije al principio, se trata de un personaje en el que se confunden la realidad y la leyenda, y existe bastante controversia sobre algunos datos, empezando por el propio lugar de su nacimiento. Una de sus principales fuentes biográficas es El Ciego Harry, escrito en 1470, casi doscientos años después de su muerte, y que en varios aspectos ofrece serias dudas a los historiadores. Otro nuevo paralelismo con nuestro Cid y su Cantar.