PINGANILLOS Y TAMAGOCHIS

José Guadalajara

earpieceNo me considero un purista a la vieja usanza, estricto y poco condescendiente con los usos figurados y metafóricos del léxico. Tampoco me gusta alardear de erudito o parecer un fanático defensor de los significados y acepciones admitidas en el DRAE. Sin embargo, hay vocablos que, aunque sea tan solo por desgaste o por haberse convertido en tópicos de “usar y tirar”, no me apetece utilizar en ningún caso. Tal es lo que sucede con los dos vocablos que hoy traigo a esta sección.

El término pinganillo, al parecer, es una creación del realizador de televisión José María Fraguas, quien ya en 1983 lo utilizaba humorísticamente –coloquialmente- para evitar el uso de la palabra “intercomunicador”. Este dispositivo electrónico es el que emplean los locutores televisivos para recibir instrucciones desde el control de realización, aunque, por extensión, el vocablo se haya adaptado más tarde a otro tipo de dispositivos y circunstancias (micrófonos y auriculares especialmente). La sustitución de un término por el otro es evidente que resta seriedad y concede mayor economía al lenguaje, pero, al mismo tiempo, convierte el término sustituto (pinganillo en este caso) en un vocablo que nada tiene que ver en su significado con el término al que reemplaza. Cierto es que el uso habitual ha hecho triunfar ese otro sentido que hoy prácticamente nadie desconoce, algo que no sucede, sin embargo, con el significado que la palabra tiene en el DRAE.

Pero al margen del valor de las metáforas y su futura conversión en vocablos admitidos por el Diccionario de la Real Academia Española, hay algo en el dichoso pinganillo que no termina de convencerme. Es exclusivamente su sonoridad y su fosilización en tópico vulgar. Además, no lo niego, de sus posibles connotaciones.

Icicle_in_Żywiec_BeskidsPinganillo –o más exactamente pinganelllo, según el DRAE­- significa “canelón de hielo colgante, carámbano, calamoco”, procedente, sin duda, del verbo pingar (del latín pendicare, pendere) “pender, colgar, gotear…”, que, si se piensa bien, guarda, metafóricamente, una relación con el citado “intercomunicador” de los locutores, ya que éste cuelga, en cierto modo, de alguna oreja.

A las connotaciones aludidas me referiré ahora. El término pinganillo se encuentra muy cercano en su forma a otro sustantivo de su misma familia léxica, hasta tal punto que parece su diminutivo. Me refiero al sustantivo pingo “harapo o jirón que cuelga”, de donde también viene la voz pingajo, de matiz despectivo. En relación con el primero, guardan estrechísima relación algunas expresiones del tipo: “Pareces un pinganillo” o “vas como un pinganillo” para referirse a una persona que viste con desaliño o desacato, y que yo he escuchado muchas veces en el habla popular.

Quizá sea ésta la connotación peyorativa que me sale al paso cuando escucho el vocablo pinganillo como sinónimo de intercomunicador, micrófono o auricular, lo que contribuye de manera inconsciente (¿por qué no consciente?) a provocar mi rechazo. Sea así o no lo sea, lo cierto es que no se me ocurrirá jamás emplear esta palabra en el sentido hoy en día más generalizado.

Lo mismo he de decir con respecto a la palabra tamagochi (tamagotchi, del japonés tamago, huevo, y chi, afecto), una curiosa y adictiva mascota virtual que nace, crece y muere, y que su poseedor debe cuidar con mimo como si se tratara de un ser viviente. En este caso, me he encontrado muchas veces el uso de este vocablo como sinónimo de PDA (Personal Digital Assistant), una agenda electrónica con numerosas funciones (calendario, lista de contactos, correo electrónico, radio, reproductor de imágenes, juegos…). En Educación se usa en algunos Institutos para controlar las faltas de asistencia, enviar mensajes, poner calificaciones, etc.

Es aquí, por cierto, en donde por parte de algunos profesores se ha introducido el uso de tamagochi para referirse a las citadas agendas electrónicas. Siento ser crítico una vez más, pero me molesta tal sinónimo y el ridículo empleo del mismo.

Así pues, a los pinganillos y tamagochis les tengo declarada desde hace mucho tiempo una incruenta guerra lingüística. ¿Alguien se alía conmigo?