LA NOVELA HISTÓRICA COMO FUENTE DE CONOCIMIENTO

Sabino Fernández

080211cuniformwriting02ry71Si podemos considerar que todo libro es fuente de conocimiento, por muy malo que éste sea, no menos ocurre con una novela y, por supuesto, se ve ampliamente considerado en cuanto a la novela histórica se refiere. He comentado en otras ocasiones cómo el lector de novela histórica suele ser algo más que un lector de novela corriente. Suele tener verdadero afán de conocimiento, además del afán de lectura que se le supone. Llega a tal que no son pocos los lectores de este género que no se conforman con las exquisiteces estilísticas de un escritor en concreto, sino que le exigen un nivel alto de conocimiento de la época que está tratada en la novela.

De esta exigencia propiciada por los lectores, por las editoriales o por el mismo prurito personal del autor nacen novelas históricas que son una importante fuente de conocimiento histórico. Recientemente, un científico de una rama no literaria (concretamente matemáticas) afirmaba en una entrevista que había escrito su libro en clave de novela porque todo el mundo sabía que la gente lee más novela histórica que libros de Historia, refiriéndose a tratados, estudios, ensayos… Es decir, hasta las tradicionales ciencias no literarias están recurriendo a la “novelización” como medio de extensión de conocimientos y de popularización de sus disciplinas.

 Es por todo esto por lo que no se puede despreciar a la novela histórica como una muy importante fuente de conocimiento de la Historia, y, sobre todo, como fuente de difusión popular de la Historia como ciencia. Ejemplos tenemos muchos. Hasta hace unos años se creía, por ejemplo, que el faraón Tutankamón había sido asesinado con un fuerte golpe en la cabeza, pues, al examinar su momia, se apreciaban ciertos destrozos en el cráneo. De esa evidencia científica salieron múltiples novelas históricas en las que se enlazaba la vida del faraón niño con una conjura que llevaba inevitablemente a su homicidio. Sin embargo, luego se consideró que las heridas podrían ser de una caída de carro y se escribieron novelas en que la conjura era como provocar el accidente o simplemente se ceñían al accidente.

 En la actualidad se cree que es la simple degradación del tiempo la que produce las lesiones craneanas y que pudo morir de muerte natural. Seguro que ahora saldrán las novelas que recojan esta nueva perspectiva. La novela, según parece, sigue los recientes descubrimientos científicos e históricos y se adapta a ellos con el único fin de no desvirtuar la realidad, por muy lejana que ésta aparezca. Así un lector actual sabrá, sin haber leído ninguna revista científica, cómo murió el faraón Tutankamón.13637924228267-0-680x276Ya digo que los ejemplos son infinitos, desde la inflamación dental del faraón Ramsés III, los viajes de muchos de los nobles egipcios descritos en sus tumbas y luego en novelas, las conquistas de Alejandro Magno o su carácter descrito por sus biógrafos, otro tanto de los emperadores romanos… También en las costumbres populares, fiestas, producciones artísticas como cerámicas, esculturas, pintura, etc. La novela histórica incorpora la mayoría de estos conocimientos, muchas veces de ardua y tediosa recopilación, a sus tramas, para ofrecer al lector algo no sólo atractivo literariamente, sino también desde el punto de vista del conocimiento.

 No voy a ocultar que esta es una de las razones principales por las que un servidor lee novela histórica, porque no sólo aporta diversión, aventuras, entretenimiento, sino que aporta conocimiento de costumbres, lugares, pueblos, personajes, imperios, y multitud de facetas que a veces son impensables. Hay novelas que te describen perfectamente el sistema político de una época (véase, por ejemplo, la serie sobre Roma de Colleen McCullough), o el entramado comercial (léase la serie de Benasur de Judea de Alejandro Núñez Alonso), o los gustos gastronómicos, o los conocimientos médicos (mírese Sinuhé el egipcio de Mika Waltari), o el arte de la cantería (Los pilares de la Tierra de Ken Follet), o la organización de un ejército (novelas de Bernard Cornwell sobre la guerra de los  Cien años) y otros miles de aspectos.

 Por eso, quien diga que de una novela histórica no se aprende Historia, o es corto de entendederas, o no ha escogido la novela adecuada.