¿POR QUÉ CONVERTIR LA HISTORIA EN FICCIÓN?

Sabino Fernández

DQ-B1B-El-Garbaoui-OmaymaAlgún historiador de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor, se habrá hecho esta pregunta en algún momento. Se preguntará, sin duda, ¿por qué la Historia necesita de la ficción para vender? Sobre todo si piensa que es más rigurosa, acertada y científica que mucha de la ficción que pueda existir en el mercado.

Puede incluso que algún novelista historiador sienta pervertida su profesión teniendo que escribir ficción para llegar al gran público y sienta envidia de Einstein o  Stephen Hawking, que no necesitan “ficcionar” sus teorías para vender libros.

Por último, puede incluso que algún lector, ávido de certezas absolutas, diga que cuál es la necesidad de novelar unos hechos que cualquier tratado de historia nos puede describir a la perfección.

Estamos en la era de la información. Si algo puede describir nuestros últimos años es quizá el exceso de información y la comunicación global. Este mundo en el que nos movemos hace que cada vez haya más gente interesada en temáticas que apenas importaban hace unos años. La Física, la Astronomía, la Medicina, la Filosofía y otras tantas disciplinas entre las que también se incluye la Historia ya no son cotos cerrados para cuatro estudiosos y un grupo reducido de científicos. Ahora, si alguien escribe una tesis, pongamos, por ejemplo, sobre la Persia Sasánida, habrá más de dos personas interesadas en ella y será publicada, expuesta en Internet y fácilmente accesible para millones de personas.

 Pero existe un problema que la globalización de la información no puede resolver y es suprimir de un plumazo la jerga técnica que todas las ciencias tienen. Cuando un médico, por ejemplo, escribe un informe en el que dice: el paciente padece un adenocarcinoma de la porción distal yeyunal con afectación de la submucosa y adenopatías varias no está buscando que una gran masa de gente le entienda, sino hacer un diagnóstico acertado en su jerga profesional.

 Algo similar, aunque menos acusado, ocurre con la Historia. La Historia actual no se concibe como hace unos años como el relato de la vida cortesana, sino como una ardua y a veces aburrida recopilación de datos de la vida del pueblo llano. Por ello a lo mejor un estudio sobre la Persia Sasánida conllevaría multitud de citas de transacciones comerciales, estudios semiológicos y estadísticas vivenciales. Esto, para que nos vamos a engañar, es aburrido hasta para el que lo escribe. Del deseo de amenizar ciertas informaciones históricas, nace el germen de la novela histórica. Si a la vez que damos una información leal y fidedigna sobre la época histórica tratada, hacemos que el lector se enganche a una historia de amor, ambición, poder, batallas, intriga o cualquier otro elemento dinamizador. El elemento histórico se hará ameno y por tanto agradable y vendible.

GOlPQiqPuede haber quien piense que el novelista histórico solo busca aumentar sus ingresos mediante la ficción de la historia, pero, no siendo éste un argumento baladí, yo creo que no es el elemento principal del proceso. En mi opinión, y después de hablar con varios escritores de novela histórica, sus dos grandes ambiciones son la difusión de su obra, que, evidentemente, lleva aparejado un beneficio económico, y la difusión de su periodo histórico tratado. No son pocos los que aseguran darse por contentos con que su novela haya despertado el ansia de leer Historia sobre el tema abordado en su libro, porque no hay que olvidar que el escritor de novela histórica es ante todo un apasionado de la Historia.

Con la conversión de la Historia en ficción se consiguen varios objetivos: una mayor difusión y lectura de la obra, unos mayores beneficios editoriales y personales, acercar al gran público la Historia y despertar el león ávido de carne histórica que todos llevamos dentro.

 A mí es, desde luego, este crecimiento de la melena el que me motiva.