EL LECTOR MASCULINO Y FEMENINO EN LA NOVELA HISTÓRICA

Sabino Fernández

mujer-hombrePor ceñirnos a la literatura hay quien dice que “las mujeres son de Venus y los hombres son de Marte” o, más recientemente, “porque los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas”. Es evidente, machismos y feminismos aparte, que la estructura mental masculina y femenina tienen diferencias. Lo que sería ya más discutible es si esas diferencias en nuestro mundo occidental globalizado vienen determinadas por aspectos fisiológicos o bien existen factores culturales y educacionales, o lo más probable, que ambos influyan.

Pero la temática en este artículo es si esto influye a la hora de escoger qué novela histórica se lee, qué valoración de dicha novela se hace y, al fin y al cabo, quienes compran unas u otras novelas. Es seguro que nuestros amigos los editores lo tienen muy en cuenta, y si alguien que estudia el mercado como ellos lo hace, es indudable que tiene sentido hacerlo. Yo, que soy conocido por mi afición a la novela histórica entre mis amigos, recibo a veces regalos en forma de texto histórico, y podría asegurar, tal que se tratase del conocido juego del “amigo invisible” cuál es el sexo del “regalante”… y es que existen ciertas diferencias.

  Vamos con ellas:

  1. Temática. Como no existe la novela histórica pura, mal que me pese, la temática de la novela histórica suele tener varias temáticas paralelas. Algunas centran mucho la acción en las batallas y conflictos bélicos varios con abundante descripción de matanzas, estructuras de los ejércitos, equipamientos, vida cuartelera, estrategias de batallas, etc. Ejemplos hay muchos, pero voy a poner dos autores de los más conocidos: Bernard Cornwell con sus novelas sobre Normandos y Sajones o Arqueros del rey, y Pressfield con su aclamada Puertas de fuego. Bien, sería obvio decir que estas novelas son típicamente masculinas y un lector masculino las valorará más que uno femenino. La agresividad es un rasgo más propio del hombre que de la mujer, por desgracia para el bando al que pertenezco. Solo hay que mirar las estadísticas de asesinatos de cualquier país y la forma de asesinar para asegurar que el hombre es más agresivo y más brutal en esa agresividad. Ello conduce a que las novelas con fuerte componente bélico sean preferencias esencialmente masculinas.

 Vamos por el extremo opuesto. La novela con fuerte componente de sentimientos, con mucho diálogo interior, la novela introspectiva o la romántica. Otra vez hay muchos ejemplos, pero volveré a poner dos conocidos: Memorias de Adriano de Yourcenar o Los pilares de la Tierra de Kent Follet. En este caso estamos ante la típica novela femenina. A nuestro pesar, los hombres expresan mal los sentimientos y consideran un poco pesado estar todo el día teniendo que contarlos, cuestión que no parece representar ningún problema a la mayoría de las mujeres. Por eso estas últimas se encuentran mucho más cómodas con estas lecturas.

 lectoresLuego están las temáticas de intrigas palaciegas con venenos de por medio, envidias y traiciones o las temáticas detectivescas sin mucha crueldad en el argumento. Aunque este subgénero es más variado, es de preferencia femenina. Todos sabemos que las ideales para intrigar son las mujeres; los hombres somos más de sacar la espada y cortarle la cabeza al que nos estorba, y más cuando se trata de la utilización de hechicerías, hierbas y venenos. También las mujeres gustan más del trabajo intelectual de ir descubriendo un posible asesino en la trama de la novela, pues es necesario un análisis del carácter y comportamiento de los personajes, que los hombres con la poca dedicación al detallismo suelen obviar. Por eso las novelas típicas de ambientación histórica, pero de temática detectivesca, como las series de Ellis Peters sobre Fray Cadfael, o la misma El nombre de la rosa de Umberto Eco, son preferidas por las mujeres.

  El hombre primitivo fue esencialmente cazador, amante de los espacios abiertos y de contar sus aventuras y peligros en estos menesteres y exagerar muchas de ellas. Por esto las novelas históricas de aventuras, grandes viajes, largas expediciones, etc. son el prototipo de lectura masculina. Novelas como la series de Patrick O’Brian sobre la Real Armada Inglesa o Trafalgar de Pérez Galdós o Pérez Reverte, son preferentemente de gusto masculino.

  1. Como atraer lectores a tu blogEstructura narrativa. Quizá sea atrevido decir que la estructura narrativa de la novela histórica también influye en la valoración por géneros, pero lo cierto es que, según mi humilde entender, es otra realidad. Las preferencias femeninas van hacia la estructura con más reflexiones, más densas, con abundantes interrelaciones personales y con diálogos numerosos entre los personajes. Unos ejemplos conocidos: El manuscrito carmesí de Antonio Gala o No digas que fue un sueño de Terenci Moix. Sin embargo, la preferencia masculina es por la exactitud de lo narrado, por el desarrollo de la acción más que por lo que piensan o dicen los personajes, como corresponde a una mente más físico-matemática frente a la mente lingüístico-psicológica de la mujer.
  2. Finales. En charlas con amigas siempre les horroriza que les diga que me gustan los finales tristes, donde no todo el mundo es feliz al acabar la novela. No he encontrado a una sola mujer (igual es que no he buscado lo suficiente) que me haya dicho que prefiere que las parejas se rompan, que el chico bueno se muera al final y cosas similares. Y esa es otra de las características propias del género femenino: le gustan los finales felices. Al género masculino parece darle igual o preferir algún acercamiento más a la realidad de las miserias humanas.
  3. Presentación. El último aspecto que voy a señalar es uno tenido muy en cuenta por las editoriales. La mujer prefiere el libro de tapa dura, con buen papel y con portadas atractivas. El hombre le da menor importancia a estos aspectos, al igual que ocurre cuando una mujer tarda dos horas en decidir qué vestirse y un hombre lo soluciona en un minuto. El gusto por la estética es esencialmente femenino.

Como habrán podido comprobar utilizo con mucha frecuencia los adverbios esencialmente, principalmente… No es casualidad. Toda generalización acarrea injusticia y seguramente este artículo es injusto de principio a fin.

 Espero sepan perdonarme tanto las mujeres como los hombres.