LOS SIGNOS DEL JUICIO FINAL

José Guadalajara

juiciofinalnicolasflorentinAl menos desde el siglo XI, fue frecuente encontrarse en la Edad Media con un repertorio de quince señales terroríficas que presagiaban el fin del mundo y, como consecuencia inherente al mismo, y según la escatología cristiana, la llegada del Juicio Final, tan representado, por otra parte, en multitud de tímpanos románicos (Moissac, Conques, Sangüesa, por ejemplo) y en pinturas murales de diversas geografías y tiempos históricos.

Estos quince signos o señales constituyen en sí mismos una expresión práctica de una psicología colectiva que interpretaba los fenómenos  de la naturaleza en clave apocalíptica. Se sumergen así en un magma humano de credulidad y superstición que les confiere un efecto mayor del que, en principio, pudiera esperarse, ya que trascienden su mera naturalidad para convertirlos en soportes de una creencia.

Muchos poemas anónimos latinos los recogen, y autores como Pedro Damián, Hildeberto de Tours, Pedro Comestor, Alain de Lille, Bonvesin de la Riva y otros muchos se hicieron eco de ellos y contribuyeron a su difusión. Naturalmente, el origen de estos signos remonta muy atrás en el tiempo: basta con darse un paseo por los versículos de la Biblia para descubrir muchos de sus antecedentes en esas espantosas señales que Dios envía como advertencia o castigo dirigido hacia los que se han desviado de sus preceptos.

Los apocalipsis sinópticos, por ejemplo, de Marcos 13, Mateo 24 y Lucas 21, junto con el denominado Apocalipsis de Juan, brindan un repertorio suficientemente ilustrativo de esta clase de signos. Añádanse otras muestras procedentes de los Apocalipsis apócrifos, los oráculos sibilinos y el canto de la Sibila, recogido este último por Agustín de Hipona en el siglo V. Pero adviértase, no obstante, que su codificación bajo el número de quince, con la incorporación de otras señales específicas, no se desarrollará hasta la Edad Media, en algún momento imposible de concretar, pero que quizá haya que situar en torno al siglo XI.

En esta sección de Letras medievales me limitaré a abordar de un modo claro y expositivo, además de divulgativo, lo que esos signos representaron para un escritor riojano del siglo XIII y que la literatura ha consagrado como el autor castellano más antiguo cuyo nombre nos ha legado la historia de la Literatura. Me refiero, naturalmente, a Gonzalo de Berceo.

Además de sus vidas de santos y milagros de la Virgen, la obra de Berceo cuenta con un poema de setenta y siete estrofas en cuaderna vía, Los signos que aparecerán antes del Juicio, que recoge este repertorio de quince señales y una representación, casi pictórica, del Juicio Final. Las primeras veintidós estrofas de este poema contienen el citado repertorio, cuya fuente se encuentra en un escrito anónimo latino que, en lengua romance y considerablemente reelaborado con técnicas como la amplificatio y digressio, Gonzalo de Berceo ha compuesto con ese estilo suyo tan característico.

imagesAnte todo, el escritor riojano ha inyectado en su obra una dosis de moralidad que constituye, sin duda, el fin fundamental de esta composición: la necesidad de adecuar la vida humana a unos modelos de comportamiento cristianos en los que la virtud debe prevalecer sobre el pecado. Para ello, y como es habitual en la literatura de los clérigos medievales, recurrirá al “terror didáctico”, es decir, al recordatorio de lo terribles y espantosos que serán no solo esos quince signos, sino el propio Juicio para los que se han apartado del camino recto y han desviado su conducta de los preceptos marcados por la religión. Esto aparece evidente desde las primeras estrofas:

Por eso lo escribió el varón acordado,

que se tema el pueblo que anda desviado,

mejore en costumbres, haga a Dios pagado,

que no sea de Cristo, entonces desamparado. 

La insistencia en este aspecto moral se deslizará de modo constante a lo largo de todo el poema en expresiones como las siguientes: “cualquiera que lo vea será mal espantado”, “es mucho de temer”, “será de gran pavor”, “vendrá prisa mortal”, “día negro y carboniento”, “será tan bravo signo que os espantaréis», “vendrá otra miseria”… Sin duda, el propósito estaba claro.

Como ya he indicado más arriba, los signos propiamente dichos ocupan las veintidós estrofas primeras del poema. Curiosamente, este número ofrece un valor simbólico: veintidós, por ejemplo, son los capítulos del Apocalipsis, así como los libros del Antiguo Testamento o los de La ciudad de Dios de Agustín de Hipona. La numerología y su simbolismo estará presente en otros muchos aspectos de este poema de Berceo, sobre todo en la importancia que posee el número siete, resultado de la suma de tres más cuatro, es decir, el número de la Trinidad y el de los elementos esenciales: tierra, agua, aire y fuego. Recuérdese que el texto completo consta de setenta y siete estrofas en cuaderna vía. Y el 7 es número de perfección.

Full Solar Eclipse-711586Los quince signos, que supondrán un anuncio de la llegada inminente del Juicio Final, son, sin embargo, posteriores a la venida del Anticristo, aunque este personaje legendario no se mencione en el poema de Berceo. Estas señales comportan la aparición de prodigios y conmociones que afectan al orden cósmico y terrestre. Desde luego, son auténticos impossibilia –enumeración de hechos imposibles cuya tradición arranca del mundo antiguo- que trastocan por completo los ciclos de la naturaleza. Simplifico en un listado cuáles son esos signos contenidos en el texto de Berceo:

1.- Ascenso de las aguas del mar.

2.- Descenso de las aguas del mar.

3.- Peces y aves dando gritos.

4.- Los ríos y los mares arden.

5.- Árboles y plantas sudan sangre.

6.- Destrucción de edificios.

7.- Choques entre las piedras.

8.- Terremoto.

9.- Allanamiento de las tierras.

10.- Los hombres salen de sus escondrijos.

11.- Los esqueletos abandonan las tumbas.

12.- Llamas celestes y caída de estrellas.

13.- Muerte y resurrección.

14.- Conflagración universal.

15.- Toque de la trompeta y Juicio Final.

Como ejemplo, para que se aprecie el tono y carácter del poema, transcribo una de las estrofas –mantengo ahora la grafía y el léxico medieval- en la que Gonzalo de Berceo describe con su peculiar estilo uno de los signos:

El quinto de los signos será de grant pavura,

de yerbas e de árbores e de toda verdura,

como diz sant Jherónimo, manará sangre pura;

los que no lo vidieren serán de grant ventura.

La difusión de este repertorio no concluye aquí. Yo mismo, hace años, me encontré con una versión prosificada en lengua romance en un manuscrito de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia que puede datarse en el siglo XV. Ahora estamos en el 2012: ¿alguien se creerá todavía aquello de que, antes del Juicio, como escribe este clérigo del siglo XIII, “subirá a las nubes el mar muchos estados, / más alto que las sierras e más que los collados, / tanto que en sequero fincarán los pescados”?