LAS NAVAS DE TOLOSA: UNA BATALLA DECISIVA

Sergio Guadalajara

NavasDeTolosaAl detenerse a leer este título que más arriba aparece o a ver la foto que lo identifica en el lateral de la Página, muchos habrán comenzado a distinguir, como si se tratara de una presentación de fotografías, imágenes de guerreros musulmanes de hace ocho siglos, polvorientos caminos de Andalucía o rápidos corceles de batalla  vestidos con todo tipo de armaduras y adornos bélicos.  O también han podido empezar a reflexionar cosas como “¡anda, si ésta es una de esas batallas famosas entre moros y cristianos que tanto se mencionan!”, o “¡qué casualidad! un artículo sobre Las Navas de Tolosa, en la que los cristianos vencieron a las tropas del Islam en 1212 por tierras de Jaén”.

Para todos los que lo hayan pensado, este breve artículo podrá servirles como fuente para ampliar sus conocimientos y hablar sobre el tema cuando aparezca casualmente en una conversación. Podrá ser también un refresco de la memoria para aquellos que ya lo conozcan o, simplemente, una corta reseña para los que sean estudiosos del Al-Andalus y la Reconquista.

Antes de dar una explicación a los hechos acecidos en la batalla, es necesario conocer a los combatientes, el lugar donde se desarrollará y el marco histórico que le sirve de contexto. 

Con anterioridad a Las Navas de Tolosa, y desde el siglo XI, los reinos cristianos habían ido haciéndose con el control de la zona norte de la Meseta, además del valle del Ebro, llegando a tomar Toledo gracias a la división interna del califato de Córdoba en numerosas taifas. Éstas terminaron aboliendo al propio califato en 1031, pero no eran una buena forma de organización para la guerra por la dificultad que tenían para defender sus fronteras o para reclutar tropas al ser muy pequeñas. Por tanto, debían recurrir constantemente a mercenarios para poder hacer frente a los ataques de los cristianos.

Sin embargo, este lento avance cristiano se vio frenado en 1195 por la humillante derrota sufrida en la batalla de Alarcos, a los pies del castillo del mismo nombre ubicado en Ciudad Real. Gracias a ésta clara victoria, los almohades consiguieron hacerse con el control de todos los territorios y castillos de la zona, como el de Malagón, Calatrava o Benavente, que antes estaban en poder de la Orden de Calatrava y que llegaban hasta las puertas de Toledo. Aparte de las pérdidas territoriales, Alarcos supuso un periodo -breve, eso sí- de desunión entre los distintos reinos cristianos.

Cuando el rey Alfonso VIII recibió el aviso de que Al-Nasir, califa de Marruecos y Al-Andalus e hijo del anterior califa Yusuf, estaba preparando una ofensiva contra los reinos cristianos, decidió reunir sus tropas para salir a hacer frente al ejército almohade comandado por el propio califa. El arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, consiguió convencer al Papa para que convocara una cruzada en la Península Ibérica, así que se mandaron emisarios por Europa que lograron que a las huestes castellanas se unieran voluntarios franceses y de otras nacionalidades, además de las órdenes militares castellanas. A este ejército se añadieron los reyes de Navarra, de Aragón y el de Portugal (Sancho VII, Pedro II y Alfonso II respectivamente) con sus propias tropas. El inmenso ejército, de unos 70.000 efectivos, se reunió en Toledo para partir al encuentro de los almohades.

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Gráfico original de www.grandesbatallas.es

El ejército almohade era mucho más grande que el de los cristianos, pues se cree que tuvo en torno a los 120.000 efectivos, aunque los cronistas cristianos de la época cifran su número de hombres entre los 300.000 y los 400.000, cifras que se consideran muy exageradas. Al igual que el Papa Inocencio III, que había convocado una Cruzada contra los almohades, Al-Nasir llamó a la Guerra Santa contra los cristianos en Al-Andalus por todos los dominios del Islam. Poco a poco fueron llegando guerreros del Magreb, de Egipto, de Persia e, incluso, de Senegal o desde la Península Arábiga.

Dos días antes de que se iniciase la batalla, los cristianos instalan su campamento cerca de Miranda del Rey, concretamente en un accidente geográfico llamado La Mesa del Rey, y justo enfrente del campamento del enemigo, situado junto al desfiladero de la Losa, próximo a la localidad de Santa Elena. Los cristianos no podían esperar mucho para lanzar su ofensiva, pues la deserción estaba muy presente en el ejército (unos días antes había desertado un gran número de soldados franceses) y, si continuaban parados frente al enemigo, ésta iba a extenderse con rapidez.

Finalmente, el día 16 de julio de 1212 el rey Alfonso VIII de Castilla decide lanzar el ataque. Él, junto a sus tropas, iría por el centro, mientras que Pedro II de Aragón lo haría por la izquierda y Sancho VII el Fuerte, por la derecha. Teóricamente, los musulmanes contaban con ventaja al estar en superioridad numérica, pero el terreno les impedía que su cuerpo más abundante y mejor entrenado, la caballería ligera, tuviera espacio para maniobrar de forma adecuada al encontrarse aglomerados y rodeados de desfiladeros y montañas. Ésta fue la ventaja con la que contaron los cristianos, a los que les favorecía la orografía, pues así pudieron tener el mejor terreno para desplegar su caballería pesada y  pelear en el combate cuerpo a cuerpo, su especialidad.

En los flancos, comandados por los reyes de Navarra y Aragón, los cristianos obtuvieron muchísimos avances y dominaron la batalla, pero, por el centro, la resistencia almohade fue muy tenaz (quizás tuviera que ver que allí es donde estuviera presente Al-Nasir) hasta el punto de que la Orden de Calatrava habría sido aniquilada si las tropas cristianas no hubieran hecho un último esfuerzo para derrotar a los musulmanes. Sin embargo, no fue Alfonso VIII el primero en llegar a la tienda de Al-Nasir, sino Sancho VII de Navarra. La tienda, protegida por estacas de madera clavadas en el suelo y unidas por cadenas, era el último refugio del califa, ya únicamente defendido por su Guardia Negra, compuesta por esclavos de Senegal encadenados a esas mismas estacas para que no tuvieran más remedio que luchar hasta la muerte, sin posibilidad de huida.

Pero, al margen de los hechos bélicos, conviene que reparemos en el por qué la batalla de las Navas de Tolosa puede rotularse con ese adjetivo tan rotundo de “decisiva”. Podemos hacernos sencillamente esta pregunta: ¿Cuáles fueron el antes y el después de esta celebérrima batalla en cuanto a la situación territorial, política, económica y cultural de Castilla? ¿Qué significó para este reino y para toda los demás reinos peninsulares el desenlace de esta contienda?

batalla-navas-de-tolosa_02Pues bien, la victoria en Las Navas de Tolosa supuso para los cristianos un revulsivo por el que continuar con la Reconquista, que en ese momento pintaba mejor que nunca. Para los almohades significó el fin de su dominio y de su poder sobre el sur de la Península y sería un golpe del que jamás se recuperarían. Al poco tiempo, murió Al-Nasir y se sucedieron una serie de luchas interiores por la sucesión. Tan solo cincuenta años más tarde los almohades desaparecerían a manos de los benimerines, que pasaron a controlar el Magreb y lo que quedaba de Al-Andalus. La Reconquista solo pudo ser frenada por una hambruna que duró hasta 1225 y que detuvo el avance cristiano.

Pero las Navas también fue la puerta que se abrió para que el retraso cultural que padecía España y que había dado lugar al renacimiento del siglo XII en Europa dejara entrar un viento de renovación y vitalidad que se dejó sentir sobre el desarrollo de la literatura, la creación de las universidades, el crecimiento urbano y el despegue del estilo gótico. Es el renacer del siglo XIII.