TODOS HABLAMOS ALGO DE ALEMÁN SIN SABERLO

Dolores Rodríguez Cemillán

Sí, usamos más palabras de origen alemán de lo que pensamos.

No sólo hay muchos “germanismos” y préstamos del idioma alemán, sino que en muchos ámbitos encontramos más términos de origen alemán de lo que creemos.

Simplemente no somos conscientes de que son alemanes, pues muchos de ellos ya se usan sin ningún problema en nuestra propia lengua. Casi todo el mundo está hablando algo de alemán al utilizarlos en su vida diaria. No hace falta ser un experto en arte, historia, política, filosofía, ciencia, tecnología, música, literatura, gastronomía o biología. No. Solamente hay que estar atentos y enseguida reconoceremos que estamos utilizando palabras de origen alemán al hablar español, sobre todo después de leer este instructivo y modesto artículo sobre este tema,  que esperamos que  sea interesante y divertido para todos.

Ya entre los siglos III y VI entraron los “germanismos” en nuestra lengua española y, desde entonces, usamos palabras, desgraciadamente muy bélicas, en nuestra propia lengua, como guerra, robar, ganar, guiar, heraldo, guisa, guarecer, yelmo,  burgo, burguesía (del alemán “Burg”, es decir castillo, y que luego derivó en ciudad), etc.

Incluso hay muchos  nombres y  apellidos de origen germánico en España como Ramiro, Alberto, Ramírez, Gonzalo, Bermúdez, Elvira, Alfonso, etc.  Muchos de ellos sugieren la fuerza,  fiereza  y valor propios del espíritu primitivo bárbaro. Pero no sólo sugieren algo bélico. Otros nombres  hacen  referencia a la sabiduría, a la tierra, a la nobleza y familia  o incluso a la paz. Eso sí, nótese la abundancia de nombres masculinos, pues eran los hombres los que hacían la guerra, así, por ejemplo:

Adalberto significa  “famoso por la nobleza”; Adelaida “de estirpe noble”; Abelardo” noble y fuerte”; Adolfo “guerrero noble”; Alfredo “pacificador noble; ”Álvaro “totalmente sabio”; Arnaldo “caudillo fuerte”; Baldomero “audaz, valiente”; Bárbara “extranjera, salvaje”; Bernardo “oso fuerte”; Berta “brillante, famosa”; Brunilda “guerrero armado”; Carlos “ varón, viril”; Conrado “consejo del atrevido”; Edmundo “protector de la victoria”; Enrique “casa poderosa”; Herminia “grande, fuerte”; Federico “príncipe de la paz”; Fernando “osado, inteligente”; Froilán “señor de la tierra”; Gerardo “fuerte con la lanza”; German “ hombre que defiende”; Gilberto “famoso con la flecha”; Guillermo “yelmo voluntarioso”; Hilda “combate, guerrero”; Hugo “inteligencia, juicio”; Humberto “oso famoso”; Landelino” tierra, patria”; Leopoldo “pueblo audaz”; Manrique “ hombre rico”; Matilde “guerrero fuerte”; Oscar “lanza de dios”; Osvaldo “pueblo brillante”; Rodolfo “lobo glorioso”; Roque “grito de guerra”; Rosamunda “que protege a la familia”; Rosendo “el que va a la fama”; Segismundo “el que protege por la victoria”; Sigfrido “victorioso pacificador”; Teobaldo “pueblo valiente”; Teodorico “pueblo poderoso”; Ubaldo “de espíritu audaz”; Waldo “viejo, canoso”: Wanda “bandera, insignia”…

Pero los nombres propios de personas no son lo único alemán que está a la orden del día. Aunque sólo se sea un amante de los perros, o conocedor de las razas de perro o, simplemente dueño de un can, seguro que quien esto lee conoce el nombre de más de una raza canina de origen alemán, como “doberman”, “rottweiler”, schnauzer” o  dachshund” (también llamado perro salchicha). ¿Quién no conoce al famoso perro “pastor alemán” (¡sí, ese que se llama “Rex” en una serie televisiva austriaca de policías que resuelve todos los casos con audacia perruna!)?  ¿O al “dogo alemán”, perro enorme y buenazo?

Y si nos apasiona la música clásica, la ópera, o estudiamos solfeo o  estamos aprendiendo a tocar algún instrumento musical, somos conocedores y usuarios conscientes de la  importancia de la tradición y creación  musical alemana, cuando sabemos los que es un “lied” (canción), un “leitmotiv” (idea principal) o  una “polca”, o un “vals” (de la palabra “Walter”) , todas palabras alemanas plenamente integradas en la jerga de la música y, por consiguiente, en español.

Lo mismo sucede en el ámbito de la comida y bebida. Aparte del apasionante y delicioso hecho de  saber beber y distinguir varias clases de cerveza, hay algunos términos que todos usamos en España sin ningún problema. ¿A quién  no le gusta beberse una cerveza rubia tipo “pilsen” o “lager”?  Y muchos hemos probado el delicioso licor de cerezas llamado Kirsch, pues viene de la palabra alemana para cereza “Kirsche”. ¿Y cuántas veces hemos comprado esas exquisiteces en una tienda de “Delicatessen”, o hemos comido un  suizo, una hamburguesa (que viene de “Hamburg”, la cuidad de Hamburgo) o un filete de Sajonia (de “Sachsen”, la región o zona de Sajonia)? Claro, y además  tomamos por la mañana esos cereales tan sanos llamados  “Muesli. ¡Todo muy alemán!

Pero también la ciencia y la tecnología han conseguido que en español acuñemos términos alemanes muy usuales como las marcas de coches. A todos nos gustaría tener un Mercedes, un Porsche,  un Audi, un Opel, un BMW o un Volkswagen! (Por cierto,  BMW es la abreviatura de “Bayrische Motorenwerke”, o sea; fábrica de motores de Baviera, pues en Munich es donde se fabrican esos coches. También es curioso saber que “Volkswagen” significa literalmente coche del pueblo, pues fue una idea de coche popular de Hitler y diseñado por Porsche. Es  también  el  llamado  “escarabajo”, tan famoso por su  forma).

Y encima solemos comprar coches con motor “Diesel” o echarles gasolina “Diesel”, que no deja de ser el nombre del inventor alemán Rudolf Diesel que, junto a Benz, inventó el primer motor para automóvil allá por 1886. ¡Todo un origen germano!

Otro invento alemán es el inolvidable “Zeppelín”, esa nave al estilo de un globo en forma de puro, que desgraciadamente resultó ser peligroso y que era un vehículo de transporte de los años treinta que llevaba el nombre del inventor y dueño, el Conde Zeppelín. Curiosidades históricas y tecnológicas que siempre es interesante conocer, como que la palabra “iceberg” es de origen alemán, aunque esté escrita en inglés. Viene del alemán “eisberg”, que significa montaña de hielo.

En cuanto a aspectos históricos, conviene recordar que es alemana la palabra “Neandertal”, por ejemplo, o que los “Habsburgo”(los Austrias)  era una familia real alemana. Igualmente sabremos que todo lo que se califica como “luterano” proviene del nombre propio de “Lutero”, el gran reformista religioso alemán del siglo XVI. Otros conceptos relacionados con la historia y que son completamente alemanes y se utilizan con conocimiento y rigor histórico en español son por ejemplo: “Ostpolitik” (política de acercamiento hacia el Este, llevada a cabo en los 70 por el canciller alemán Willy Brandt), “Hansa” (organización comercial medieval marítima en el norte de Alemania), o “Land” (estado federal en Alemania, que significa literalmente “tierra”).

A pesar de tener un origen un tanto negativo por proceder de épocas pasadas más violentas y guerreras, casi todo el mundo sabe lo que significan en español palabras alemanas plenamente asumidas como  “Reich” (imperio), “Nazi”, “Fuehrer” (el caudillo), “panzer” (tanque alemán), “Blitzkrieg”(guerra relámpago) o “Gestapo”(que viene de “Geheime Staatspolizei”; policía secreta del estado) o “Bunker”.

Si observamos el mundo artístico en general, encontramos ciertos términos alemanes que se utilizan con frecuencia por los conocedores y estudiosos del arte. De este modo es muy común oír hablar de  la “Bauhaus” ( escuela  superior de arte de Weimar a  principios del siglo XX), de “Der Blaue Reiter” ( literalmente el jinete azul, título de una publicación sobre artes plásticas dirigida por los  pintores  Kadinsky y Merc en 1912, de la que surgió el colectivo de pintores expresionistas alemanes del mismo nombre), o  de “Die Brücke” (literalmente el puente, grupo de pintores expresionistas fundado en Dresden por Kirchner, Heckel y otros).

Pero también la literatura nos ha dado un fenómeno mundialmente conocido: el romanticismo y la literatura romántica. Concepto de origen alemán no solo como tendencia cultural y literaria, sino que la palabra “romántico” viene de la palabra alemana “roman”; es decir, novela, pues eran los novelistas, los escritores alemanes de esa época, los que le dieron sentido.

Cualquier estudiante de filosofía, política o económicas debería saber lo que significan ciertos términos alemanes que son inevitables y únicos: “Weltanschauung” (cosmovisión, visión del mundo), “Witschaftswunder” (milagro económico alemán, la rápida recuperación económica de la RFA después de la II guerra mundial), “Wohlstand” (bienestar social), o “Bundesbank” (banco central alemán).

Son también muy utilizadas en nuestra lengua las palabras germanas “Kindergarten”; o sea,  el jardín de infancia, que significa precisamente eso, un jardín para niños,  o  palabras como  “hamster”, “zigzag”,  (de Zickzack), “edelweiss” ( bella flor de alta montaña protegida, cuyo nombre significa literalmente “blanco noble”) o “kitsch”( mal gusto, cursilada), o vocablos científicos como “ quarzo”, “nickel” o incluso “wolframio”.

En definitiva, todos hablamos bastante alemán de forma inconsciente y sabemos más alemán de lo que creemos. Somos muy afortunados al enriquecer nuestra lengua con préstamos de otros idiomas, y nos convertimos así en ciudadanos más europeos y, en definitiva, del mundo.