¿QUÉ SECRETOS GUARDA LA IGLESIA TEMPLARIA DE LA VERA CRUZ?

Candela Arevalillo

2º Planta inferior Edícu loMucho se ha escrito sobre este templo segoviano tan peculiar y extraordinario. Sin embargo, en esta ocasión, nuestro interés no girará en torno a su belleza arquitectónica correspondiente a un románico del siglo XIII de transición al gótico, sino a la sugerente y extraña experiencia personal vinculada con esta construcción, desde un punto de vista geológico-telúrico y, a la vez, funcional, puesto que descubrir cuál fue la función del misterioso edículo, que abarca con sus dos plantas gran parte del espacio del templo, es todavía un enigma por resolver.

Hace unos años, durante una visita a este bello edificio medieval, al atravesar el edículo bajo la pequeña bóveda, y justo en el punto más centralizado de esta planta dodecagonal, una extraña vibración se introdujo por mis pies, ascendió en segundos hasta mi cabeza y llegó a transformar, incluso, la tonalidad de mi voz mientras charlaba con mis acompañantes. Ante la sorpresa de todos, el guarda nos informó que no era la primera vez que sucedía y que este hecho podría atribuirse a las corrientes de aguas subterráneas allí existentes. En efecto, la iglesia está junto al cauce de un riachuelo, actualmente seco en superficie, que desemboca en el río Eresma a su paso por Segovia. A raíz de esta extraña experiencia, la necesidad de comprender el porqué me indujo a investigar.

Es cierto que determinadas construcciones, relacionadas con el culto religioso, suelen ubicarse en zonas concretas escogidas por unas características y factores no sólo prácticos, como el abastecimiento de agua o un apreciado distanciamiento del mundanal ruido, sino también, por su concentración energética, como podría ser el caso de determinadas catedrales, ermitas y conjuntos megalíticos. En consecuencia, mi interés se centró en intentar desvelar en qué consistiría esa concentración e irradiación energética, y qué posible e hipotética funcionalidad tendría dentro de órdenes religiosas como la de los Templarios, teniendo en cuenta que sus actividades no sólo se centraron en el terreno militar y en el culto religioso más convencional y ortodoxo.

Dentro de las posibles respuestas, encontramos la investigación realizada por el doctor Ernst Hartmann en el año 1951. Partiendo de un estudio dedicado a medir la resistencia eléctrica de un grupo de personas en diferentes lugares, Hartmann llegó a configurar toda una red electromagnética invisible, pero medible, alrededor de todo el planeta. Las líneas Hartmann son líneas rectas perpendiculares de 21 centímetros de ancho, separadas por 2’50 metros de distancia, en sentido norte-sur, con una polaridad negativa de naturaleza magnética, separadas por dos metros en sentido este-oeste con polaridad positiva de naturaleza eléctrica.

3º Planta y AlzadoComo bien sabemos a través de la medicina oriental, el cuerpo humano está recorrido por meridianos energéticos; de igual forma, la Tierra como organismo vivo que es posee una red de ondas magnéticas y radiaciones procedentes de su interior de origen natural como, por ejemplo, la desintegración radiactiva de minerales, cuyos efectos, curiosamente, pueden ser potenciados por la conductividad de las corrientes de agua del subsuelo. Esta capacidad del agua para absorber y transmitir electromagnetismo o radiactividad es especialmente evidente en los sistemas de refrigeración de las centrales nucleares.

Los cruces o intersecciones de estas líneas de energía se llegan a convertir en puntos “geopatógenos” por las implicaciones negativas que causan a un ser vivo en su sistema nervioso, cuando éste permanece demasiado tiempo expuesto a este tipo de radiación. Sólo los animales son capaces de detectar sensiblemente la frecuencia vibratoria de estas emisiones, lo que les evita recibir estos efectos negativos. ¿Será por eso que los grajos no se posan sobre los tejados de la Vera Cruz? Existe una vieja leyenda muy significativa en torno a este templo que narra cómo el cadáver de un caballero de la Orden, expuesto para honra de su alma durante toda la noche en el interior de la iglesia, apareció con el cuerpo destrozado, con las cuencas oculares vacías y las vísceras esparcidas. Los grajos que se habían introducido en el recinto habían sido los responsables. El prior, ante la humillación, pronunció una maldición: “Ningún grajo volverá a posarse sobre los tejados de la Vera Cruz”.

Ahora cabe preguntarnos: ¿en algún momento, la Orden del Temple pudo utilizar este tipo de concentración energética para sus rituales de iniciación? Se cree que este recinto no estaba especialmente destinado al culto público, sino a ritos iniciáticos: actividades rituales que, por su secretismo y su naturaleza simbólica, incomprensible para mentes convencionales de la época, fueron mal interpretadas y posteriormente utilizadas, junto a otras acusaciones, para lograr su destrucción como orden religiosa, ya que llegó a adquirir un poder económico, político y religioso que hizo peligrar el orden establecido y la hegemonía de los Estados.

La Orden del Temple, con Hugo de Payns al frente como promotor inicial y primer Gran Maestre, fue legalizada oficialmente por la Iglesia católica en 1129 durante el Concilio de Troyes hasta que, en el año 1312, el Papa Clemente V, cediendo a las presiones de Felipe IV de Francia, acosado por las deudas contraídas con esta poderosa comunidad templaria, disolvió definitivamente la Orden tras torturas y muertes en la hoguera.

4º Planta superior Edícu loAnte el sentimiento religioso de la época, unido al ideal de Caballería, la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón fue creada para la protección de los cruzados y peregrinos en Tierra Santa y defensa de los Santos Lugares, llegando a poseer una de las unidades militares mejor preparada de la época. Inevitablemente, su expansión abarcó también el sector económico y generó una compleja estructura de transacción comercial basada en nuevas técnicas financieras que fueron configurando las bases de la banca actual.

De modo paralelo, el núcleo intelectual de esta Orden, de mentalidad abierta y universalista, fue trasladando conceptos simbólicos a sus construcciones, cultos y rituales de iniciación inspirados en las enseñanzas esotéricas de la cábala hebraica, el cristianismo copto, el Islam y la filosofía hermética. Así pues, el edículo instalado en esta planta dodecagonal, más allá de ser una solución arquitectónica, materializa en su configuración formal un significativo mensaje místico.

Analizando su planta centralizada, comprobamos como los cuatro brazos iguales de la cruz, acoplados en la planta del edículo a modo de pasillos, coinciden con los cuatro puntos cardinales. Simbólicamente, estas coordenadas geográficas se presentan como un mapa cósmico básico de la Creación. Esta cruz, a su vez, queda enmarcada en el trazado invisible de un cuadrado, figura geométrica que por su sólida inmovilidad representa el mundo terrenal; un cuadrado terrenal, sobre el cual el espíritu se manifiesta ―concepto representado por la pequeña bóveda califal de la planta superior y el contorno dodecagonal del edificio. A mayor número de lados, un polígono se aleja mucho más del cuadrado ―tierra― y se acerca al círculo ―cielo. Y en este juego combinado de cuadrado y círculo: tierra y cielo, la materia y el espíritu se integran armónicamente.

En el centro del recinto sagrado, este edículo que se nos presenta como un templo dentro de otro templo, se eleva como un Árbol de la Vida de clara influencia islámica que une tierra y cielo ―muy similar al que encontramos en la ermita de San Baudelio de Berlanga, en Soria. Este Árbol o Pilar Cósmico es, a la vez, de naturaleza humana si lo contemplamos por analogía a distinta escala, según los principios herméticos. De esta forma, a través de esta metáfora arquitectónica, se obtiene la intercomunicación de los distintos niveles y aspectos del ser humano que van en ascenso desde los más mundanos a los más espirituales.

En el ritual de iniciación, el neófito escalaba cada una de las etapas cumpliendo su itinerario de aprendizaje espiritual en un proceso simbólico de transformación interna. Partiendo desde la planta baja, como la cueva que alberga el mundo de lo inconsciente, los aspectos más mundanos del caballero se desvanecerían para potenciar una conciencia más espiritual y universal a través de un Yo más libre de intereses terrenales. Un proceso que, probablemente, culminaría con la reclusión temporal del caballero en un reducido habitáculo envuelto en una atmósfera de soledad y reflexión meditativa, cercana simbólicamente al mundo del espíritu debido a su elevada localización dentro del templo. Un habitáculo que, como podemos comprobar en la foto correspondiente a la planta superior del edículo, tiene una extraña entrada especialmente inaccesible a través de unas pequeñas puertas de madera.

Si partimos de la premisa de que las condiciones del entorno y los estímulos externos condicionan al ser humano para bien o para mal, para potenciar o debilitar, hipotéticamente una concentración energética determinada, con el grado de exposición apropiado, puede favorecer y reactivar el sistema nervioso y el estado biológico de un individuo. Esta disposición física, por muy bajo que sea el porcentaje de su influencia, añadida a todo el protocolo que conllevaba el ritual de iniciación, repercutiría en los aspectos psicológicos del aspirante durante ese proceso interno de meditación y transformación que acabaría potenciando las fuerzas internas del ser. No olvidemos la gran fortaleza de estos Caballeros del Temple, cuyo éxito procedía no sólo de su excelente preparación física sino también del valioso e infalible factor psicológico de entrega y fervor a sus principios, código de honor y reglas, capaz de proporcionar el estímulo mental adecuado y una fuerte convicción para lograr los objetivos propuestos por la Orden.