UNOS APUNTES SOBRE EL AMOR CORTÉS O FIN´AMORS

Ángel Gómez Moreno

El trovadorismo abarca más de cuatro siglos, desde el primer trovador occitano, Guillermo IX de Poitiers (1071-1126), hasta el ocaso de la poesía castellana de cancionero, que puede establecerse en la última edición del Cancionero General de Hernando del Castillo (1573).

La expansión del arte de los trovadores occitanos no tiene parangón, pues alcanzó al norte francés, al este germánico, al sureste italiano (antes de que se desarrollase el dolce stil novo, que también queda en deuda con los trovadores) y al sur español.

En la Península Ibérica, Cataluña tiene la misma poesía (y en la misma lengua) que Occitania. En Galicia, sus cancioneiros adquieren una deuda clara con los trovadores, que visitaron España y se establecieron en ella con frecuencia, según han demostrado Ramón Menéndez Pidal, Martín de Riquer y Carlos Alvar. Por su parte, en Castilla, el gallego-portugués es la lengua de la expresión lírica hasta mediados del siglo XIV; después, sus cancioneros castellanos mostrarán sus raíces occitanas.

La poesía trovadoresca es cortesana, pero no duda en servirse de poemas, temas y formas populares. La vida de la poesía de cancionero fue larguísima. Realmente, lo que lee el siglo XVI es poesía de cancionero, en pliegos sueltos o a través del CG de Hernando del Castillo, desde 1511 en adelante. La poesía italianizante se impone a duras penas, con muchos enemigos. Garcilaso sólo ve la luz de forma póstuma, al editarlo la viuda de Boscán en 1543. El certificado de defunción de los cancioneros se halla en la edición de Juan de Mena por el Brocense (1582).

Lo que hay de común a todas estas corrientes poéticas es su código erótico: el amor cortés. ¿Qué es?

(1) Es una relación amorosa de sometimiento absoluto, feudal o vasallática.

(2) La mujer es idealizada hasta el extremo y pasa a ser la midons de la poesía occitana o la señor de la poesía castellana o gallego-portuguesa (senhor). En el futuro, los estilnovistas llevarán esa idealización por vía espiritual y trascendental (es “l’amore che muove il sole e l’altre stelle»).

(3)  La relación es tortuosa, pues la dama es dura y rechaza con frecuencia la corte amorosa del poeta. La partida de la dama, su desprecio y otros momentos dolorosos brindan los temas de más frecuencia dentro de esta escuela poética. Así las cosas, el poeta está al borde de la muerte o en lugares tenebrosos, donde padece sus penas: cárceles, infiernos o desiertos.

(4) También cabe el placer e incluso pueden darse relaciones amorosas plenas, aunque en las canciones amorosas se nos darán a conocer de forma tamizada, no así en los poemas burlescos. El trovador pretendía hacerse no sólo con el cor (corazón) sino con el cors (cuerpo) de la mujer, lo que da lugar a un ingenioso binomio a modo de paronomasia.

(5) Dentro de los modelos provenzales abundan los amores de tipo adulterino, que no son precisamente los característicos de la tradición gallega o castellana; con todo, no parece que ello se deba a la moralidad característica de la literatura española que algunos han señalado tras Menéndez Pidal en Los españoles en la literatura.

(6) Como quiera que sea, si el amante pretende algo o lo ha logrado debe mantener el más profundo silencio; de hecho, su ruptura traerá el rechazo de la amada cuando no la tragedia, como se desprende de varios ejemplos de la novela sentimental (que comparte este código amoroso con la poesía de cancionero) y, particularmente, en la más famosa de todas ellas: la Cárcel de Amor de Diego de San Pedro.

(7) La manera de comunicarse con la dama ha de ser a través de señales: prendas, motivos, colores, motes poéticos…; de todo ello, hay una hiperabundancia en los cancioneros y en los romans o novelas medievales.

(8) Incluso aun cuando el amor sea gozoso, en muchas de sus formas es una auténtica enfermedad recogida en los manuales de medicina; en ello, se coincide con la medicina oficial. Tampoco olvidemos que la enfermedad de amor es un motivo literario que hunde sus raíces en la noche de los tiempos.

(9) En último término, el amor es una de las claves de la sociedad medieval y, en las cortes de aquella época, uno de los principales pasatiempos, aunque sea sólo un juego con mucha frecuencia. Al respecto, conviene repasar la declaración de Juan Alfonso de Baena y las críticas a Roy Quemado.