SANGRE DE MAYO

Juan Angulo Serrano

                        No se prodiga nuestro cine en la realización de películas históricas, salvo las relacionadas con la Guerra Civil. Por eso, resulta curioso que en un breve espacio de tiempo hayan coincidido dos en nuestras carteleras, con resultados dispares: Sangre de mayo (José Luis Garci) y La conjura de El Escorial (Antonio del Real), aunque ambas comparten unos generosos costes de producción, lo que es de agradecer.

                        Admito mi debilidad e interés por el cine de José Luis Garci, aunque no pueda decir que haya realizado ninguna obra maestra. Pero es más que un artesano. Riguroso en todo su cine e influido por los grandes maestros del Hollywood de los años 40 al 70, de lo cual hacía gala en aquel añorado programa de televisión que presentaba: “¡Qué grande es el cine!” En sus películas nunca falta una historia que contar, amorosa, dramática y humana. Sangre de mayo es fiel a esta característica, que, igualmente, se refleja en los magníficos textos literarios que le sirven de base. Lo primero que tengo que decir es que no se trata, en puridad, de una cinta plenamente histórica, sino sobre todo romántica y costumbrista. Tengo la impresión de que se ha sentido especialmente identificado con esta obra, pues la voz en “off” que la recorre es la suya propia.

                        Se reconoce palmariamente en los títulos de crédito iniciales que el guión está “inspirado” en los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Efectivamente, existen notables diferencias argumentales con sus novelas. No obstante, el espíritu galdosiano sí está recogido con notable acierto. Se percibe sobre todo en el protagonista, Gabriel de Araceli (un Quim Gutiérrez espléndido) quien, sobre todo al principio, no llega a interesarse demasiado en lo que ocurre a su alrededor. Parece otro espectador. Pero eso es lo que está en Galdós. Por el contrario, modifica totalmente el perfil de Inés  (acertada Paula Echevarría, en su segunda colaboración con este director, después de Luz de domingo). Cuando leí las novelas, este personaje me resultó excesivo, pues se nos muestra como una huerfanita abandonada, maltratada y explotada por sus tíos, idealista, inocente y buenísima,  típica del folletín decimonónico que, aunque Galdós la desarrollaba con su gran calidad, hoy nos resulta desfasada – opinión compartida por mi colega de esta Página Pedro Centeno.  Aquí se nos presenta como una mujer mucho más madura y resuelta, más creíble y real para nuestro tiempo.  Para mí es un acierto. Como alguna que otra “licencia” en el guión que, lógicamente, no debo desvelar.

                      Ya que hablamos de actores, Garci los suele elegir muy bien, recuperando además a interpretes veteranos a los que, por desgracia, no vemos con asiduidad, pero que dan una lección de cómo debe componerse un personaje (Algora, Rellán, Larrañaga, Galiana, Tejada, Tina Sáinz…). Eran imprescindibles para una película tan coral como ésta. También lo han hecho Almodóvar, Santiago Segura y pocos más. 

                        A los espectadores no familiarizados con los sucesos de aquella época – 1.808, Guerra de la Independencia – les puede costar entender adecuadamente las pinceladas de hechos históricos que se relatan – motín de Aranjuez, conspiraciones palaciegas, figura de Fernando VII, la relación de Godoy con los padres de éste, Carlos IV y María Luisa…  Estoy seguro de que les quedará mucho más claro cuando puedan ver la obra completa, puesto que, en realidad, se trata de una miniserie producida para televisión, entre otros,  por la Comunidad de Madrid y Telemadrid, con una duración mucho más larga. 

                         Y éste es uno de sus mayores defectos, pues se perciben en el montaje saltos inesperados, personajes poco desarrollados, situaciones muy poco explicadas, etc. Os recomiendo que estéis pendientes para cuando se pase por la “tele”, con su metraje completo. Seguro que se nos anunciará adecuadamente y quizá con exceso. Creo que aguantará bien en este medio pues, como comenté al principio, predomina lo costumbrista y romántico, sin demasiadas escenas “espectaculares”. Yo no me la perderé, y espero sacarle mejor partido.

                          Una de las virtudes de las películas de época de este director es la magnífica dirección artística. Le resulta fácil,  pues, como en muchas otras ocasiones,  y aquí de manera destacada, cuenta con el gran Gil Parrondo. Este genio de la ambientación, de ¡87 años!, ostenta, entre otros muchos, los siguientes premios: Oscar en 1970 por Patton, y en 1971 por Nicolás y Alejandra, cuatro Goyas por Canción de cuna (1995), You’re the one (2001), Tiovivo c.1950 (2005) y Ninette (2006) ¿Y quién dirigía estas cuatro últimas? Efectivamente, D. José Luis Garci, además de El abuelo, que también debió ganarlo, basada asimismo en una novela de Galdós.  Me pareció perfecta la recreación del Madrid de entonces  – Arco de Cuchilleros, Puerta del Sol…-  Es cierto que lo facilita uno de los mayores presupuestos del cine nacional.

                         Las escenas multitudinarias y de acción, poco habituales en su filmografía, están muy bien desarrolladas. Me emocionó sobre todo la carga de los franceses y los mamelucos en el Dos de Mayo, en la que percibí homenajes a Bresson y Kubrick – las patas de los caballos, la marcha de la infantería a bayoneta calada…, acompañada de una música impactante. 

                         Resulta interesante el tratamiento fotográfico utilizado, con una especie de tono sepia y anaranjado casi permanente. ¿Una referencia subliminal a Goya? Quizá. El estilo del pintor parece subyacer en lo que vemos, sobre todo en las escenas costumbristas. Yo estaba bastante satisfecho porque no se recurría a la facilona alusión directa a sus pinturas. Por ello fue grande mi decepción cuando, al final, se nos representan los fusilamientos del 3 de mayo, “epatando” torpemente el famoso cuadro. Decepcionante. ¿Imposición de los productores? No lo sé. De lo que estoy seguro de que sí lo fue son las últimas escenas, con unas tomas del Madrid actual que pegan lo mismo que un eremita en Pachá.

                         Opino que la Guerra de la Independencia fue el último momento de nuestra Historia en el que el país se sintió unido bajo un mismo ideal. Algunos sectores han afirmado que es una película “patriotera”. Ni mucho menos. Como quedó dicho, respeta la visión política de Galdós, el cual, aunque lógicamente ensalza el levantamiento contra el invasor, también  refleja la desastrosa actitud de la familia real, de algunos políticos y parte del ejército. Véase el monólogo final de Maiquez – acertadísimo Larrañaga – sobre su premonición de que las ideas democráticas y liberales que vienen de Francia no iban a poder cuajar entre nosotros. ¿Habrán cuajado ya?