LAS BALAS DEL JARAMA

Sergio Guadalajara

Puente del ferrocarril, entre las actuales Rivas y Arganda.

Puente del ferrocarril, entre las actuales Rivas y Arganda.

En cualquier librería de España se pueden encontrar libros dedicados a la Guerra Civil española; estudios genéricos, resúmenes y batallas concretas que han tenido el honor de pasar de la realidad a las letras. Poca gente desconoce la existencia de la batalla del Ebro o, aunque no sea una batalla,  el bombardeo de Guernica. Si se quisiera profundizar en el estudio de estas acciones bélicas  sería fácil y poco trabajoso acercarse a una de estas antes mencionadas librerías y hacerse con un voluminoso ejemplar que calme todas nuestras ansias de conocimiento, pero la batalla del Jarama no ha sido tan afortunada: pocas personas se acuerdan de ella al hablar de la Guerra Civil o al pasar de camino a Madrid por la carretera de Valencia, donde tuvo lugar, y ni siquiera en los libros de texto de Historia de la E.S.O, que tienen la misión de aportar unos mínimos conocimientos a los jóvenes acerca del pasado histórico de su país, se habla de ella.

Para que comprendan el “enorme” catálogo editorial disponible sobre la batalla del Jarama voy a hacer una comparación. En una de las cadenas de librerías más grandes que hay en España únicamente pueden encontrarse dos libros sobre este tema, mientras que sobre la batalla del Ebro, una treintena.

Se preguntarán la intención de esta larga introducción, y yo, por si todavía ha pasado inadvertida, se la voy a declarar: pocas personas recuerdan la batalla del Jarama, ni a sus casi 17.000 muertos y mucho menos su trascendencia dentro de la Guerra Civil. Mediante este breve artículo pretendo transmitirles algunos conocimientos básicos sobre la misma.

A finales de 1936 los altos mandos del ejército nacional lanzaron una ofensiva con la intención de tomar Madrid por la zona de la Casa de Campo y el suroeste de la capital, pero el frente quedó estancado a los pocos días, por lo que la toma de Madrid era inviable si no se realizaba por los flancos en un movimiento de pinza. Uno de los componentes de la tenaza que intentaría cortar las comunicaciones a Madrid debía actuar al norte de la ciudad, para incomunicar la Sierra; mientras que el otro debía hacerlo en la zona del sureste de la capital para tomar la carretera de Valencia, última vía de comunicación que conservaban los republicanos entre Madrid y el resto de sus dominios. Por otro lado, los republicanos deseaban lanzar otro ataque por esta última zona para intentar que disminuyeran los efectivos nacionales cercanos  a la capital.

La batalla comenzó el 6 de febrero de 1937. Fue un día lluvioso que dificultó el avance de las tropas del general nacional Orgaz, que se encontraba al mando de la ofensiva y que recibió la ayuda de la Legión Cóndor, además de numerosos tanques de procedencia alemana e italiana. El ejército nacional tomó el control de Ciempozuelos y la Marañosa, un cerro cercano a Rivas Vaciamadrid y, en días posteriores, consiguió hacerse con el control de San Martín de la Vega y un puente clave para cruzar el río Jarama: el puente de Arganda. Para lograr el dominio de este puente los nacionales tuvieron que recurrir a la caballería mora, que cumplió su objetivo, asegurando la posición y ametrallando el puente. Según algunos autores, el batallón republicano Garibaldi consiguió recuperar el puente por la noche, pero hay dudas sobre si el puente recuperado fue éste o el del Pindoque.

Mapa de la batalla

Mapa de la batalla

Rápidamente, los republicanos, que eran bastante numerosos, se fortificaron en los riscos del margen derecho del Jarama, muy importantes, pues controlaban toda la zona desde las alturas y constituían un elemento esencial en la defensa del lugar. Tras esos riscos el ejército republicano pudo construir refugios entre las cuevas existentes para que sus soldados descansaran sin peligro de ser alcanzados; asimismo, crearon una red de trincheras, búnkeres, casamatas y nidos de ametralladora que hicieron del hipotético asalto a esas escarpadas alturas una acción casi imposible.

El ejército nacional consiguió hacerse con el control de dos puentes más, el de San Martín y el del Pindoque, que sería recuperado más adelante (según algunas fuentes el batallón de Ifni se hizo con el control de estos puentes luchando únicamente con cuchillos, pero hay que tomar con cierto cuidado estas afirmaciones). Además, los nacionales cortaron la carretera de Valencia el 10 de febrero, aunque más tarde la perderían, no así el control sobre ella, pues en numerosas ocasiones abrieron fuego desde otras posiciones más elevadas contra el tráfico que por ella transitó durante la guerra.

Transcurridos los días, el desgaste de la batalla comenzó a afectar a los soldados de ambos bandos. Los nacionales llevaban luchando desde Sevilla hasta su camino al Jarama, por lo que ya tenían una gran fatiga acumulada durante cinco batallas. Los republicanos también acumulaban ya un gran cansancio, pero contaban con la ventaja de recibir refuerzos frescos con mucha más regularidad que el ejército nacional.

La hegemonía aérea se encontraba en manos de los republicanos, pero no ocurría así con la artillería, que era más poderosa en el ejército nacional. La batalla ya solo duraría unos días más, pues los nacionales intentaron atacar la zona de Arganda, con pocos resultados. La República hizo un último intento por ganar terreno y hacer retroceder al ejército enemigo en el sector de Rivas Vaciamadrid y la Cobertera, pero lo único que consiguió fue una constante lucha por recuperar lo anteriormente tomado, pues el territorio cambiaba constantemente de manos. Oficialmente, se da como finalizada la batalla el día 23 de febrero de 1937, que es cuando cesaron los combates y ambos ejércitos se dedicaron a la fortificación y mantenimiento de las posiciones ganadas. Ésta fue la situación en el frente del Jarama hasta que finalizara la guerra dos años más tarde, en 1939. Los soldados que tuvieron que quedarse en las trincheras del valle del Jarama pasaron por unas condiciones de vida deplorables, soportando frío, lluvias y hambre.

¿Por qué los nacionales, que tenían mejor material bélico y tropas más entrenadas no consiguieron acabar con el ejército enemigo y avanzar hacia la toma de Madrid? Porque contaba con unas tropas muy cansadas tras haber participado en varias batallas tras su desembarco en la Península Ibérica y que no tenía enormes cantidades de soldados que enviar a disparar (el ejército nacional contó con entre 20.000 y 40.000 efectivos). Por otro lado, los republicanos tenían un ejército descansado y que recibía refuerzos desde la capital, Madrid (la República tenía 30.000 soldados en el lugar de la batalla). Otro factor importante en el fracaso del plan de los nacionales fue la falta de factor sorpresa y la climatología, que dio tiempo a los republicanos a organizar las defensas y enviar más soldados a la zona.Balas de la Batalla del Jarama recogidas por el autor en la zona.

Foto del frente del Jarama en 1937.

Foto del frente del Jarama en 1937.

La batalla del Jarama fue clave en el desarrollo de la Guerra Civil, ya que, si el ejército nacional hubiera salido victorioso de esta batalla, Madrid podría haber sido tomada en poco tiempo y, quizás, la guerra no hubiera durado tres años, sino menos; pero esto solo son conjeturas basadas en suposiciones de poco valor histórico.

Si algún paseante que esté caminando por los riscos del Piúl o por las cercanías del puente de Arganda agacha la vista, todavía podrá encontrar unos trozos de metal que en este mundo moderno han recibido el nombre de balas, que fueron decisivas en la historia de España y que arrebataron la vida a miles de personas hace ya 71 años. Estará ante las Balas del Jarama.