EL FRAGMENTARISMO EN LOS ROMANCES

Bárbara González

romanceUno de los caracteres más peculiares de los romances es su tendencia a lo fragmentario. Pero, ¿qué entendemos por fragmentarismo? También llamado fragmentismo, ocurre que el romance-fragmento (en oposición a los “romances-cuento” que presentan una historia trabada y completa) se centra en un momento determinado de la acción que suele comenzar “in media res”, “ex abrupto”. Puede ocurrir que prescinda de los preliminares o antecedentes porque son conocidos o carecen de interés. Pero también, y con bastante frecuencia, que la narración quede interrumpida bruscamente en el momento culminante sin que se conozca el desenlace: final trunco.

Para lograr esto, el Romancero dispone de recursos inconfundibles, típicamente suyos: (1) con frecuencia, el primer verso nos ofrece el tono que cobra la acción. De manera que el receptor puede advertir la dirección que tomará el poema tan sólo con el primer verso. Por ejemplo, el comienzo de un romance en lunes (día, al parecer, considerado funesto en la tradición oral) preludia el final trágico del mismo, código que es compartido tanto por el transmisor como por el oyente (“Levantóse Güeso lunes de mañana alçara sus armas fuérase a la caça”). Este romance finaliza con la muerte del protagonista. (2) A su vez, es recurrente en el Romancero presentar el nombre del protagonista en el primer verso (“Por el val de las estacas passa el Cid al medio día”) sin necesidad de ser descrito o presentado, sin ningún antecedente explicativo, un recurso muy poético.

Si bien esta tendencia aparece con asiduidad, no podemos considerarla como un rasgo inherente al Romancero por varias razones. En primer lugar, los romances están ligados y sujetos a variabilidad, dado su carácter propiamente oral, lo que origina múltiples versiones de un mismo romance. Son precisamente estas oscilaciones, es decir, el camino que seguirá el romance, las que dan lugar al posible carácter fragmentario del mismo. Se entiende, por tanto, que las versiones más extensas son las primeras. La mayor o menor difusión del poema hará reducir su contenido de la mano de transmisores que seleccionan aquello que desean. Por ello, las versiones más breves son también las más recientes.

En suma, imaginar romances concebidos desde el principio y deliberadamente como “romances-fragmento” es del todo contrario a la poética del Romancero y de los géneros orales en general. Ningún narrador popular transmitiría un cuento sin desenlace; y en el Romancero oral no existen más versiones fragmentarias que las mal recordadas o parcialmente olvidadas. El cantor de romances se resiste siempre a comunicar versiones de temas que no recuerda bien, y especialmente las que no sabe cómo empiezan o terminan.

El “romance-fragmento” y el gusto por el fragmentarismo deben ser entendidos como una etapa específica y sustantiva en la historia del Romancero, que habría tenido lugar a fines del siglo XV y principios del XVI, y como resultado de la obra de glosadores y músicos, para quienes las versiones completas suponían un desafío métrico excesivo o una materia prima innecesaria. Otras veces, son los impresores de pliegos sueltos, obligados a cercenar textos que sencillamente no cabían en cuadernillos de dos o cuatro hojas.

marinerosA nuestros oídos ha llegado uno de los romances más representativos del Romancero hispánico que responde a estos preceptos. Se trata del conocidísimo del Infante Arnaldos, cuyos dos últimos versos han originado gran discrepancia entre la crítica en cuanto a su interpretación:

Quien uviesse tal ventura sobre las aguas del mar

 como uvo el conde Arnaldos la mañana de san Iuan

con un falcón en la mano la caça yva a caçar

vio venir una galera que a tierra quiere llegar

las velas traya de seda la exercia de cendal

marinero que la manda diciendo viene un cantar

que la mar fazía en calma los vientos faze amaynar

los peces que andan nel hondo arriba los haze andar

las aves que van bolando nel mástel las faz posar

allí fabló el conde Arnaldos bien oyréis lo que dirá

por Dios te ruego marinero digas me ora ese cantar

repondiole el marinero tal respuesta le fue a dar

yo no digo esta canción sino a quien conmigo va.

 20101207105454-3-1Esta es la versión del Cancionero de Amberes (sin año). Pero este romance ha sido desarrollado en otras versiones que evidencian que la historia continuaba (como lo demuestran el tipo baladístico al que pertenece y la tradición oral moderna) y que este carácter trunco es plenamente artificioso.

 En las versiones más primitivas, como en la del Cancionero manuscrito conservada en el Museo Británico, de comienzos del siglo XVI, la historia continua. En otros casos, la continuación de la narración logra un sencillo romance de aventuras, como sucede en la versión sefardí.

 Uno de los más ilustres estudiosos del Romancero hispánico y del género baladísitico, don Ramón Menéndez Pidal, ha defendido este fenómeno como un auténtico acierto estético: “saber callar a tiempo”, dice Pidal. Ha señalado que “todos los elementos fantástico descriptivos…son extraños a la versión originaria y fueron introducidos en varias refundiciones posteriores”. De modo que reconoce que el romance primitivo debió narrar una aventura completa y que es en las versiones posteriores en las que se manifiesta el intento de varios recitadores de suprimir cierta materia considerada innecesaria o de poco interés.

 Por tanto no podemos concluir con algo determinante sobre este final sorprendente. A la par que algunas versiones logran una narración tramada y perfectamente cerrada (en la que el conde Arnaldos es recogido en la galera por el marinero y devuelto a su patria, de la cual estaba ausente hacía mucho), es la versión breve la que parece ser más sugerente y la que da pie a la participación e implicación del oyente, quien puede dejar volar su imaginación.

 ¿Y tú, lector, darás rienda suelta a la tuya? ¿O preferirás adentrarte en la galera del marinero cantor y escuchar su mágica canción?