¿ESTILO FIJO EN LA NOVELA HISTÓRICA?

Sabino Fernández

Screenshot20101011at12.54.18PMA lo largo y ancho de las numerosas novelas históricas que he leído, no tanto por mérito mío sino de nuestro implacable enemigo el tiempo, podría alguien con inquietudes preguntarse si existe un estilo propio, e incluso estereotipado, en los escritores de este género. La cuestión no es de fácil respuesta si nos atenemos a periodos de tiempo largos. Si contabilizamos las primeras novelas históricas y nos aproximamos a las más cercanas, evidentemente hay una evolución estilística notable y no podríamos hablar de tal estereotipo. Pero siempre podemos centrarnos en los últimos años y analizar si el estilo de los novelistas históricos adolece de cierta uniformidad.

En toda generalización se acarrea injusticia: es el viejo dicho, que, no por repetido, es menos cierto. Existen escritores tan originales, raros, geniales o simplemente locos que no se atienen a ningún patrón o estereotipo. Pero sí que es cierto que existe una gran mayoría que responde a una uniformidad narrativa, tanto en la trama como en el estilo.

La novela histórica actual recibe una importante influencia de los medios audiovisuales: cine y televisión principalmente. Por otra parte, no hay que olvidar la herencia narrativa moderna y el gusto actual de los lectores. Ello induce a una novela con tramas lineales, con pocos saltos en el tiempo (que no son muy del gusto del lector), con unos personajes de nombres fácilmente reconocibles (aún a pesar de ser históricos, a veces se les deforma el nombre en aras de la comprensión lectora), con una línea argumental que normalmente supone la maduración del protagonista bien desde una niñez física o bien desde una bisoñez intelectual hasta alcanzar cotas de heroísmo incluso.

 La influencia audiovisual hace que se haga una novela que yo llamo de “primeros planos” con una narración con mucha viveza, no exenta de crudeza, con mucha acción y poco análisis introspectivo del personaje, que queda supeditado completamente a los sucesos continuos que deben ocurrir en la novela. El gusto del lector actual hace que se derive hacia el maniqueísmo de los protagonistas, sin explorar la escala de grises del colorido novelesco. La herencia narrativa moderna ha derivado la novela histórica hacia la narración en tercera persona omnisciente o bien a una primera persona biográfica, lo que deja pocas opciones a otros ensayos estilísticos. Es común también la inclusión de términos cultos, no siempre bien elegidos, que pretenden, cual mago que saca de su chistera un conejo, crear con ellos el ambiente necesario para situarnos en un contexto histórico determinado. Así, si la novela se ambienta en la España musulmana, pues se incluyen términos musulmanes, si en Roma antigua, términos latinos… Otro estereotipo es el comienzo de los capítulos, casi siempre cortos, según el gusto actual, con alguna cita, que pocas veces tiene mucho que ver con lo que ese capítulo narra.

pradilla38La ambientación o recreación de la época es, a menudo, solventada con la citación monótona de artículos de un mercado, útiles de una profesión determinada o aparejos de un medio de transporte. Las vicisitudes de los protagonistas a veces no tienen otro fin que un continuo desplazamiento de lugar sin un destino fijo y sin demasiadas aportaciones al conjunto general de la novela. El trasfondo histórico se ve en ocasiones subordinado a las modas del momento. Es frecuente así encontrar tramas de misterio, romanticismo o aventuras, enmarcadas en ese marco histórico con calzador.

De todas formas, no hay que olvidar que siempre existen honrosas excepciones, que, sin dejar de dar al lector lo que pide, se exigen un mayor rigor histórico, una mayor inmersión en la época narrada, un acercamiento psicológico más adecuado a personajes menos maniqueos y más atormentados con sus propias mentes y vivencias, en fin, menos planos.

Entraríamos después en el debate de si el estereotipo es bueno o malo. Yo creo que es bueno para ayudar a la difusión de la novela histórica, pero es malo si se toma como excelencia. Al fin y al cabo, toda nuestra vida se centra en buscar excelencias y la de un lector, mucho más.