LAS CÁRCELES DE CERVANTES

Laura Pérez

 

CARCEL CERVANTES FOTOLos presos de los siglos XVI y XVII, como lo fue Cervantes en alguna de las etapas de su ajetreada vida, vivieron en cárceles donde no existía ningún tipo de derecho y en las que, en vez de servir para su reinserción en la sociedad -función actual de los centros penitenciarios-, los condenados solo esperaban cumplir su castigo, generalmente la pena capital.

El peor suplicio que podía sufrir un preso era que lo condenaran a galeras, que suponía ser conducido a los barcos de la Armada Real. El durísimo castigo consistía en remar sin descanso hasta desfallecer, así durante años o, incluso, a perpetuidad.

Pero la vida en la cárcel tampoco era mucho mejor, ya que los presos eran muchas veces mutilados y sufrían todo tipo de vejaciones. Los carceleros carecían totalmente de escrúpulos y sobornaban a los presos ofreciéndoles algún tipo de privilegio (colchón, mantas, comida…) a cambio del poco dinero del que aquellos pudieran disponer.

En este ambiente vivió Cervantes. Uno de los momentos de privación de libertad, y además el más largo que padeció y que lo marcó de manera indeleble, transcurrió en Argel, donde pudo conocer una ciudad que era un crisol de culturas y religiones debido a la gran cantidad de presos, más de veinte mil, que allí se concentraban. Se vio recluido en los denominados baños de Argel, que, aunque por su nombre pudiera parecer que se refiere a lugares placenteros y de relajación, nada más lejos de la realidad, pues se trataba de recintos subterráneos de entre dos y tres plantas en los que se alojaban los cautivos, con habitaciones para unas veinte o treinta personas. Dichos baños poseían capillas donde practicaban sus diferentes religiones.

ciudad_argel1Esta época de cautiverio (1575-1580) se vio jalonada por los cuatro intentos de fuga que protagonizó Cervantes. Todos ellos fueron desbaratados y, a pesar de ello, consiguió salir indemne sin que se le impusiera ningún castigo. Hay diferentes versiones del por qué logró escapar con vida tras ser arrestado en sus intentos de huida: por un lado, se habla de una posible relación que mantendría con una mujer llamada Zoraida, esposa de su dueño Hasán Bajá, que intercedería para que su marido no lo matara. También se alude a una posible homosexualidad de Cervantes, que habría tenido algún tipo de relación con el citado Hasán Bajá. Por último, hay también otra versión en la que se destaca la codicia de éste por cobrar un fuerte rescate por su preso más brillante. De ahí que cuidará su estado de salud para que el valor del preso no se devaluara.

Finalmente, Cervantes pudo abandonar su cautiverio y salir ileso de Argel tras pagar los monjes trinitarios la cantidad que pedía su dueño por el rescate.

Todo lo vivido por Cervantes durante sus etapas de cautiverio y prisión se encuentra reflejado de manera magistral en el cómputo global de su extensa obra, en la que nos ha dejado un legado literario inigualable. Así se nos ofrece de modo directo en El trato de Argel, El gallardo español y en la historia del cautivo que incluye en El Quijote.

Argel bañoApreciamos diferencias en las etapas de cautiverio que padeció Cervantes. Por una parte, un cautiverio “heroico”, el sufrido en Argel, donde se muestra a un hombre luchador, patriota y fiel a su religión, que se ofrece como único responsable ante las autoridades turcas por los diferentes intentos de evasión. Por otro lado, encontramos un cautiverio “infame”, el padecido en las cárceles de Sevilla y Castro del Río, por sospechas de fraude en el cobro de impuestos para la Hacienda Real

Este breve artículo nos permite perfilar a un Cervantes de gran fortaleza, luchador e inconformista, que saldrá adelante en todos los difíciles y duros momentos que tuvo que soportar durante estos trances de privación de libertad.

Su vida será un reflejo que dará alma a su gran obra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, engendrada, para unos, en la cárcel de Sevilla, para otros, en Castro del Río (Córdoba). No faltan quienes postulan incluso la posibilidad de la llamada Cueva de Medrano en Argamasilla de Alba para el comienzo de El Quijote, una localidad que también se atribuye el derecho de aquellas famosas palabras: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”.