GITANOS QUE ANDAN CON LA LUNA

José Manuel Pedrosa

Correo de José Manuel Pedrosa en el envío que me hizo de este artículo: Como te dije antes, acabo de terminar un libro sobre la tradición oral

de los gitanos de Almería… Me parece que es la primera vez en la

historia de nuestro país que se edita, sin gitanadas ni gitanerías ni

tópicos ni aspavientos ni manipulaciones un libro que recoja fielmente

(con método etnográfico) los relatos de estas personas… Y estamos en

el año 2007… Aquí te lo mando, tiene relatos originalísimos… En un

par de meses lo tendrá publicado el Instituto de Estudios Almerienses…

Sobre los gitanos españoles han circulado toda suerte de tópicos y de estereotipos, desde el mismo siglo XV en que, según los registros históricos, se instalaron para quedarse en nuestro país, hasta el día de hoy. Relacionados, muchos de ellos, con su lengua, con sus costumbres, con sus cantos y músicas, con su enigmática mitología colectiva, con sus misteriosas —o tenidas por misteriosas— artes mágicas.

Contemplado (por los no gitanos) todo ello desde la orilla a veces del odio y del desprecio más desinformados e irracionales; en otras ocasiones, desde idealizaciones encendidamente poéticas, que nunca han dejado de ser algo generalizadoras, a veces sumamente simplistas; y, de vez en cuando, desde el buen juicio y desde el interés sincero por conocer, libre de prejuicios y de estereotipos, su cultura, evidentemente muy singular y muy rica.

Desde que sus artes verbales fueron retratadas, bajo lentes bien diferentes —y, en algunos casos, no del todo enfocadas—, por Gil Vicente, por Cervantes, por Merimée, por García Lorca y por tantísimos ingenios más de aquí y de allá, los gitanos españoles, sus cantos y sus cuentos, se han convertido en una especie de icono deslumbrante pero oscuro, celebérrimo pero tenuemente conocido, objeto de admiración pero también de sospecha y de inquietud. Es verdad que los especialistas en flamenco —desde el gran Demófilo hasta hoy— han estudiado y reivindicado con ahínco —no siempre inmune a los tópicos simplistas— una parcela sustantiva de su repertorio literario oral.

Pero lo cierto es que sobre su patrimonio tradicional en general, especialmente sobre aquel que queda fuera de la órbita de la música y del verso —es decir, sobre el patrimonio oral en prosa—, sigue pesando un olvido grave e injusto, por cuyos resquicios se habrán perdido ya, sin duda, tesoros irremplazables de la cultura no sólo gitana, sino hispánica y universal, en el sentido más amplio de la perífrasis.

Este libro es buena prueba de que las tradiciones orales de los gitanos españoles —incluidas las que no se transmiten en verso cantado— siguen ahí, esperando que alguien les preste oídos, grabadoras, páginas que ayuden a su conocimiento y difusión. Y es buena prueba, también, de que son de una riqueza absolutamente esplendorosa, por más que en las últimas décadas hayan resultado también tocadas —como está sucediendo con cualquier otra tradición oral viva en Occidente— por el dedo helado y helador de una globalización que está forjando un pensamiento cultural único del que casi nada —ni siquiera los gitanos del abrigado rincón almeriense— se salva.

A este libro le gustaría ser un granito de arena dentro de un horizonte que ojalá fuese profundo e inabarcable. Pero ha de conformarse con ser un simple granito dentro de un puñado muy modesto y muy escaso de granitos. El rescate que hace de voces gitanas que narran, en primera persona, sus recuerdos, sus memorias, los relatos heredados de los mayores, tiene el valor de lo excepcional. Pero no sólo por lo singular, por lo impagablemente hermoso de estos cuentos y de estos cantos, sino, sobre todo, por lo inhabitual del hecho de que alguien se acerque a los gitanos para pedirles que comuniquen, compartan y den a conocer su cultura, sin adornos, sin perifollos, sin clichés, sin torpes gitanadas o gitanerías añadidas. Con la mediación, nada más, de la grabadora, de la letra que transcribe con fiel literalidad, del libro que traslada el discurso a los demás, sin los filtros habituales de la elegía tópica ni de la verbosidad hinchada.

He aquí un ejemplo de los hermosísimos relatos que han encontrado refugio en este libro:

Los gitanos que fueron tragados por la luna

Esto no es un cuento, esto es verdadero, que lo contaba mi abuelo hase muchos años.

¿Tú no ves la luna de noche que hay como si fuese un niño pequeño, y la imagen de una cara? Pos eso es un gitano con su hijo chico.

Pues éste era un gitano mu pobre, mu pobre, mu pobre, que cortaba muchos árboles. ¿Tú sabes que antes los gitanos vivían de la madera? ¡Venga a cortar madera y madera! Pues en un bosque estaban cortando mucha madera, y el bosque se quedaba todo vacío, muy triste.

Y un día saltó la luna y le dijo al gitano:

—Te doy un saco de monedas y serás rico toda tu vida si dejas el bosque y la madera pa que las flores crezcan.

Y el gitano:

—Sí, vale.

Le dio un saco de monedas y fue al pueblo, y el gitano:

—¡Soy rico, soy rico!

Y los gitanos:

—¡Ostras! ¡Cuántas gallinas! ¡Y una casa mu grande!

Mucho oro, como si nunca se le acabara el dinero.

Entonses cogió, y en vez de invertirlo pa el día de mañana pa él y pa su hijo, ¿qué hiso el gitano? Venga a beber, vanga a beber, venga a disfrutar. Entonses, otra vez se lo llevó —¡coño, que el dinero tiene límites!—, y volvió a ir otra vez al bosque. Entonses se le presentó la luna y le dijo:

—¿Otra vez aquí?

Y dice:

—Sí.

Entonses se chupó al gitano, y se llevó al niño y al gitano.

Entonses todos los gitanos se quedaron con esa vida. Y ya todo el pueblo, todo el pueblo, todas esas riquezas bajaron abajo.

¡Cómo era antes el gitano! Por eso el gitano no ha crecío, no ha ejercío, porque le dieron una oportunidad y no supo aprovecharla. Entonses, al no aprovechar esa oportunidad, se lo comió.

Porque la luna le dijo que, que tenía futuro y el gitano: “¡no, no!”.

Quería riqueza, riqueza; como si el dinero nunca se acabara. Hasta que se le acabó.

Gitanos que andan con la luna. Literatura tradicional de los gitanos de Almería por Nieves Gómez, Yolanda Guirao, Desirée Rojo, Juan José Rodríguez y José Manuel Pedrosa, Almería, Instituto de Estudios Almerienses, 2007.