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SANGRE Y VIOLENCIA EN LA NOVELA HISTÓRICA

Sabino Fernández

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MEDIEVOSabemos que cada vez más, no se sabe si debido a una demanda del público o por motivos de los propios productores, la sangre y la violencia son más emitidas y aceptadas como habituales en los medios audiovisuales. A esta «moda» no es ajena la novela y tampoco el género histórico.

Recordemos que las primeras novelas históricas eran de tono romántico y, si se me permite la expresión, un poco ñoñas en cuanto al empleo de expresiones o acciones violentas. Se trataba más de una violencia sibilina, de la utilización de intrigas familiares, venenos y, si acaso, muertes rápidas y sin mucho ensañamiento, dada la nobleza de los personajes.

Con la aparición de villanos cada vez más sanguinarios, quizá demandados por los lectores según se iba perdiendo el carácter romántico de las novelas, se fueron retratando con más dureza los episodios de enfrentamientos personales.

La última moda es describir con toda la crudeza posible torturas atroces o batallas cruentas. Incluso hay novelas dedicadas en exclusiva al episodio más negro de la historia española como es la Inquisición y sus métodos más sofisticados. Cada vez son más, también, las novelas que se apoyan en acontecimientos violentos, como asesinatos, violaciones o maltratos y su investigación como «leitmotiv» de la novela que luego se ambienta en una época histórica determinada.

 Ya son famosas series como la de Lindsey Davis con el detective Marco Didio Falco, que investiga asesinatos en la Roma imperial, o las de Peter Tremayne sobre sor Fidelma, una investigadora en el siglo VII, o Margaret Doody con Aristóteles como detective. No faltan tampoco investigadores en épocas como el Egipto faraónico, la China medieval, o cualquier otra que se nos ocurra, con una recreación del ambiente de la era histórica en que se ambientan, en unos casos con más acierto y rigor y, en otros, con cierta tibieza.

No hay que olvidar la descripción cruenta de las batallas, que es el último «gran boom» en novela histórica con autores como Steven Pressfield o Bernard Cornwell, con un éxito más que notable. Son escritores que se han especializado en describir con detalle las indumentarias, ordenamiento en las batallas y, especialmente, los cruentos enfrentamientos entre los aguerridos soldados que suelen ser sus protagonistas.

 adulterioLa sangre y las vísceras abundan sobremanera en las páginas de estas novelas, así como la descripción de los sufrimientos producidos por terribles heridas, que suelen ser profusamente descritos para regocijo de sus seguidores. No hay que olvidar que los señalados son los autores que con más calidad hacen estas descripciones y que, además, dotan de un gran valor narrativo a sus personajes, pues no faltan quienes lo hacen con muy poca base de estudio psicológico o sin una trama demasiado complicada, como mero método efectista.

Podrá pensarse: ¿es el autor de este artículo favorable o contrario a la utilización de estos artificios? Como contestaría un gallego (no soy originario de muy lejos): sí y no. Sí en cuanto a que, si se describe una batalla, me parece inevitable que la sangre y cierta crudeza en la narración sean casi imprescindibles, sobre todo dentro del moderno concepto de la novela, que es un concepto audiovisual (parece que cada novela tenga que ser llevada al cine y no pocos autores son guionistas cinematográficos o televisivos). No en cuanto a que no debe ser ese el punto central o fuerte de la novela histórica, que exige un rigor y una recreación fiel de la época en que están narrados los hechos, un estudio de los personajes en cuanto a personalidad y forma de comportarse y una trama ágil y bien llevada, no obviando la utilización de lo que todo el mundo entiende por buena literatura.

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