AMAZONAS: REALIDAD Y LITERATURA

Julián Moral

NAMA_AmazonomachieAl analizar el mito o la leyenda de las amazonas, cabría preguntarse primero si existieron alguna vez estas mujeres. Algunos autores, como W.B. Tyrrell, señalan que “no existe manera de negar históricamente su existencia, ni manera de demostrarla”. Para Carlos Alonso del Real, en su obra Leyenda y realidad de las amazonas, explica que éstas tienen un fondo histórico indudable, pues está demostrado que se han dado sociedades ginecocráticas o matriarcales, con derechos iguales, muy belicosas, y con predominio femenino permanente o eventual.

El mundo antiguo estaba muy familiarizado con las mujeres guerreras y hay una geografía mítica amazónica que se convierte en geografía efectiva: en Sérovo, junto al Angara al norte de Baikal, con una antigüedad de más de cuatro mil años, se han encontrado restos arqueológicos de mujeres guerreras enterradas con arcos y caballos. En el bajo Volga y, más al sur, en el Cáucaso, allí donde Herodoto situaba a las oyorpatas o saurómatas, se encontraron también sepulturas de mujeres guerreras con armas y caballos. Hacia finales del siglo V a. C., el jonio Helánico describía las armas y costumbres de las amazonas y su llegada a Grecia sobre el Bósforo congelado. Herodoto atribuyó a los escitas este mismo medio de acceso -y aquí vemos, una vez más, la probable conexión escitas-amazonas. También el que las amazonas se describan, en ocasiones, con armas superiores de hierro, apuntala la posible procedencia de tribus como los escitas que dominaban la metalurgia del hierro antes que otros pueblos. Pero además de los datos arqueológicos, los testimonios etnográficos, lingüísticos y folklóricos señalan la muy posible existencia de sociedades guerreras matriarcales en los más diversos lugares en los límites de la civilización y el salvajismo de la patria de los creadores del mito.

Si nos aproximamos a las referencias escritas sobre las amazonas, posteriores al mundo clásico y posclásico, que se puedan enmarcar más allá de lo literario, podemos señalar también noticias en el siglo III referidas a Siberia, el Volga, el Cáucaso o, en el siglo V, en Hungría.

Martín de Riquer, en sus estudios de varios cantares de gesta del siglo XII, señala la presencia en los textos de amazonas. En la Crónica General de Alfonso X el Sabio, se recoge un pasaje en el que intervienen unas mujeres guerreras (arqueras negras) al lado de los almorávides en la toma de Valencia en poder del Cid Campeador. Otra alusión a las amazonas (ésta más dudosa) la encontramos en la General Estoria. Se dice también que Gengis-Kan no pudo vencer a un pueblo centroasiático gobernado por mujeres guerreras. Marco Polo en su Libro de las maravillas del mundo habla de amazonas en su viaje a la corte del gran Khan. Ruy González de Clavijo en su Embajada a Tarmorlán las sitúa en las tierras de Cata y las describe con todos los rasgos típicos y tópicos de lo puramente amazónico: “E si paren fijas, tiénenlas consigo; e si paren fijos, envíanlos a los lugares onde son sus padres”.

Nuremberg_chronicles_-_f_19v_1En el siglo XVI las amazonas pasaron, junto con otros mitos fabulosos, a las nuevas tierras del descubrimiento profundamente arraigadas en la mente de descubridores y conquistadores cultivados amigos de lecturas de viajes, hazañas míticas y libros de caballerías. Pero lo cierto y verdad es que, una vez más, el mito o la leyenda amazonas toma consistencia histórica según recogen Crónicas, Relaciones, Instrucciones, Epístolas, etc., y lo que podríamos definir como plenamente amazónico (mujeres guerreras, matrimonio ocasional o de visita, igualdad de roles y de sexos) lo observan los conquistadores: “Aquí se vieron indias con arcos y flechas que hacían tanta guerra como los indios o más…”. Esto dice Fernández de Oviedo en su Historia general y natural de las Indias, según relato del capellán de Orellana, Fray Gaspar de Carvajal, que fue testigo de un choque en el que intervinieron mujeres guerreras que finalmente dieron nombre al río Amazonas. Estas historias de mujeres armadas las repiten otros como Colón, Nuño de Guzmán, Diego Velázquez, Gonzalo Sandoval, Pedro Mártir de Anglería…

Las costumbres observadas y los encuentros armados con tribus en las que las mujeres combatían de igual a igual como los hombres, despertaron y avivaron el recuerdo del mito griego dando alas a la leyenda de las mujeres guerreras. Oracomay, Ciguatán, El Dorado, la isla de Maritinó, el área colombiana… son lugares de geografía amazónica muy reales en las Crónicas, Epístolas, Relaciones, etc. de los conquistadores, pues los restos de ginecocracia, belicismo femenino, matrimonio de visita, etc., eran rasgos observados e interpretados siguiendo esquemas mentales preconcebidos y ajustados al esquema clásico amazónico. Por ejemplo, Nuño de Guzmán, gobernador de Nueva Galicia y Presidente de la Audiencia de Méjico, en comunicación a Carlos V el 8 de julio de 1530, lo hacía en estos términos: “Y que en estas provincias hay una de mujeres que no habitan con hombres ni los consienten sino en cierto tiempo del año, y de los que paren si es hembra, lo dejan contigo, y si varón, dicen que lo matan”.

Otros cronistas como Pedro Mártir de Anglería en Décadas del Nuevo Mundo ponen a veces en duda estas noticias: “ Mas acerca de la isla Matininó, de la cual no dije yo, sino que referí haber oído, que la habitan mujeres solas a estilo de amazonas, lo dejaban en duda estos testigos, como yo entonces”. Pero aunque a veces los hechos demostraban que las amazonas estaban en la imaginación de los descubridores, la abundancia de noticias y los relatos y relaciones de primera mano de costumbres y enfrentamientos armados con participación femenina autentifican la realidad de que los caracteres propiamente amazónicos se seguían dando muchos siglos después del inicio del mito y la leyenda.

12-batalla-de-Las-AmazonasY ya, desde un punto de vista propiamente literario, sólo nos cabe decir que el tema amazonas se convirtió en una gran figuración literaria que, a veces, no tenía mucho que ver, no ya con la realidad, sino con el origen y con la sustancia del mito y la leyenda.

No insistimos sobre lo ya dicho en la primera parte sobre la literatura clásica y posclásica que, quizá, se alejan menos de los horizontes históricos y, por supuesto, míticos; pero sí recordaremos que el tema amazonas está presente en los primeros siglos de nuestra era, por ejemplo, entre otros, en el Pseudo Calístenes (misivas de Alejandro y las amazonas, III, 25–27); un poco más tarde en las Etimologías de San Isidoro, IX, 2, 63 y XVIII, 4, 5. La leyenda medieval de Alejandro tiene un episodio de amazonas, como se refiere en la General Estoria (romance Taléstrida-Alejandro). En el Roman d’Alexandre también se mencionan situaciones con amazonas: un viejo árabe, Calaph de Bandac informa a Alejandro de la existencia de un pueblo de mujeres guerreras (amazonas) y una mensajera de estas amazonas, Beutez, le ofrece al macedonio la ayuda de su pueblo. En la apócrifa Carta del Preste Juan se las sitúa en una isla en medio de un río (¿Termodón?) con las armas y costumbres que las tipifican. Ya hicimos referencia al tema amazonas en la literatura de viajes que, en Marco Polo, se sustenta en el propio protagonismo viajero; no así en Jean de Mandeville, que también habla de amazonas, pero su viaje es literario. En el periodo Barroco, Tirso de Molina también poetiza a las amazonas en sus versos, como Juan de Castellanos en sus Elegías de varones ilustres de las Indias: “E india varonil que como perra/Sus partes bravamente defendía. A la cual le pusieron Amazona/ (…)”.

Para finalizar las referencias literarias, que son muchas e imposibles de recoger en esta reflexión, tenemos que referirnos a la novela de caballerías de Garci Rodríguez de Montalvo, Las Sergas de Esplandián que contiene entre sus páginas (según opinión extendida entre historiadores americanistas) la solución al enigma del topónimo California. Al socaire de las múltiples referencias sobre el fenómeno amazonas en documentos y crónicas del descubrimiento del continente americano, no pocos historiadores y estudiosos “californistas” relacionan el topónimo con la reina amazona Calafia que aparece en las Sergas, ya que, como señalan estos eruditos, los libros de caballerías serían lectura preferida de los descubridores cultivados y resultaría fácil para ellos la asociación de las míticas amazonas y la mítica reina Calafia de las Sergas con las belicosas mujeres guerreras del Nuevo Mundo.