LA FUENTE DE LA ETERNA JUVENTUD

Julián Moral

wallpapers-cataratas-3Señala Mircea Eliade en Mito y realidad que el paso del tiempo implica un alejamiento de la perfección y la vitalidad del comienzo, una pérdida del perfecto inicial. Por ello, el deseo de que se renueve el tiempo, su tiempo, en paralelo a la renovación de la naturaleza, es una expresión vitalista en el ser humano y está en la raíz de lo que pueda ser un significado del mito que nos ocupa.

El simbolismo mítico contenido en la Fuente de la Vida Eterna o de Eterna Juventud es rico y complejo por encima de la propia experiencia primordial de lo sagrado o como espacio sagrado que pudo tener en diferentes lugares en su gestación y suele estar conectado o incorporado, sobre todo en sus orígenes, al mito o los mitos cosmogónicos de la creación. El agua, en los principios, representa lo no formado, lo caótico. Las aguas, en las diferentes cosmogonías, existían antes que la Tierra; por ejemplo, en el Génesis: “Las tinieblas cubrían la superficie del abismo y el Espíritu de Dios se conocía sobre las aguas”.

En el simbolismo acuático-cosmogónico, la inmersión implica una regresión al Caos (disolución de las formas) y la emersión, una resurrección de las formas del Ser. El contacto con el agua significaba en múltiples culturas una regeneración: por ello, en las construcciones religiosas de algunos pueblos, el mito del Diluvio como inmersión-regeneración está muy presente. En el pensamiento arcaico-animista y en el religioso posterior, la vuelta a lo preformal, a las aguas, asegura la regeneración. El agua, así pues, simboliza la fuente de la vida, el origen, el mecanismo-impulso de regeneración y purificación. El agua es también para los cristianos símbolo de resurrección: Cristo como “fuente de vida eterna”.

Como vemos, el agua está cargada de significados, muchos más que los que da su simple formulación química: creación (separación de las aguas de arriba y de abajo); recreación-regeneración-diluvios (sumerio: Utnapisthin; judío: Noé; griego: Deucalión-Pirra); abluciones rituales (uno de los ritos del Oráculo de Delfos); bautismo (Jesús, San Juan Bautista). Las aguas son purificadoras, regeneradoras; no es extraño que la Iglesia católica y su inteligente sincretismo se aproveche de los valores animistas, precristianos y cristianos del simbolismo acuático: las aguas a través del bautismo propician, como condición inexcusable, la vida eterna.

La inmersión-emersión como muerte-renacimiento y como fuente de vida y salud es un paradigma, una concepción mítica de la regeneración que pudo tener la validación práctica de ese momento sagrado en la realidad virtuosa de la higiene o la limpieza para la salud del ser humano. Lo benéfico de la inmersión-emersión: limpieza, desparasitación, salud, etc. pudieron ser argumentos para institucionalizar el mito como sacralidad ritualizada con fines terapéuticos, máxime si las aguas “sagradas” tenían alguna propiedad natural adicional que produjese ciertos efectos benéficos de orden psicosomático.

53610c119f6e1Una de las primeras referencias escritas (quizá la primera) sobre la búsqueda de la inmortalidad asociada con el agua se encuentra en la undécima tablilla del Poema de Gilgamesh, en torno al tercer milenio a. C. Gilgamesh, el mítico héroe-rey de Uruk, en su periplo en pos de la inmortalidad, informado por su antepasado Utnapisthin (único mortal superviviente del Diluvio sumerio), se sumerge en el mar y encuentra la planta mágica que proporciona la inmortalidad, pero le es arrebatada después, mientras se baña en una fuente, por una serpiente. Como vemos, ya tenemos los elementos típicos del mito: fuente, inmersión y serpiente. Gilgamesh pierde el don de la planta mágica, cuya búsqueda y posesión no deja de ser una prueba iniciática de carácter heroico, de inteligencia y esfuerzo, pero también de espiritualidad. La serpiente priva al héroe sumerio de la inmortalidad; será también la serpiente, en la tradición semita, la que prive a Adán y Eva del Paraíso Terrenal y los condene al tiempo finito.

La serpiente o dragón es la figura ejemplar primordial símbolo de las aguas cósmicas, de las tinieblas y la muerte. Adversaria del ser humano por excelencia, no hay que olvidar, no obstante, su dualidad y ambivalencia: de la muerte del monstruo o diosa marina Tiamat, el dios amorreo Marduk crea el Mundo y, en muchas culturas, la serpiente representa el renacer (muerte-resurrección) por su cambio de piel periódico, asociándola así al mito de la Fuente como celosa guardiana de su poder. En la mitología griega Pitón es la serpiente hembra (hija de Gaia, la Tierra Madre), primera detentadora de la sabiduría del Oráculo de Delfos hasta que es muerta por Apolo que instala en su lugar a una sacerdotisa o pitonisa (la Pitia). También, la representación simbólica de dos serpientes invertidas representa polos opuestos de una misma energía: polaridad muerte-vida.

Antes de hacer referencia a otros mitos relacionados con la simbología de las aguas, conviene señalar que la inmortalidad o la eterna juventud siempre tienen una relación estrecha con el saber y el conocimiento, además del mérito y la purificación-regeneración. Hay que entender, pues, el mito de la Fuente de la Juventud como fuente de vida y conocimiento, de perfección espiritual, guardada celosamente por el gran dualismo mítico dragón-serpiente.

Por otro lado, la Fuente de la Eterna Juventud tiene su paralelo del saber y conocimiento en el Árbol de los Dioses (Poema de Gilgamesh) o en el Árbol de la Vida o del Conocimiento del Bien y del Mal del Paraíso y los ríos que lo riegan. En la cultura, filosofía y religión hindú, la palabra “Veda” -una de las expresiones religiosas más potentes de la India- significa conocimiento, y un mandamiento védico señala que hay que bañarse inmediatamente si se tocan excrementos. Por otro lado la mitología griega tenía a Mnemasyme como diosa de la memoria inalterable con su fuente del lago al que daba nombre. Para hacer inmortal a su hija Etalida, Hermes le concede una memoria también inalterable, y como oposición, la Fuente Lethe =olvido, forma parte del dominio de la muerte. Así pues, la simbología del agua, de la Fuente es dual como la de su dios-demonio, serpiente-dragón y, como hemos visto, conocimiento-purificación-regeneración… son categorías que se relacionan en todo discurso sobre vida, juventud, inmortalidad, regeneración, resurrección…

fuenteUn rápido repaso a algunos mitos naturalistas, leyendas y simbolismos, más o menos sacralizados o teológicos y también literarios, del agua y de la Fuente de Vida o Juventud, nos reafirma en la idea de conexión entre las dualidades a las que hacíamos referencia: la diosa Ishtar (la Afrodita babilónica) no duda en bajar a los infiernos para encontrar al pastor Tanmuz (muerto por un jabalí) y lograr resucitarlo y hacerlo inmortal sumergiéndolo en una fuente milagrosa. Otra leyenda explicaba la invulnerabilidad de Aquiles, contando que Tetis, su madre, le sumergió de niño en las aguas del río Estige. Al sujetar Tetis al niño por el talón derecho, quedó Aquiles vulnerable en esa parte de su cuerpo que no tomó contacto con las aguas y donde, finalmente, hizo blanco la flecha de Paris que le causó la muerte.

Parecida leyenda se repite en el Cantar de los Nibelungos con Sigfrido, también sumergido (en esta ocasión en la sangre de un dragón) y con un único sitio vulnerable en el lugar donde una hoja de tilo se posa en el cuerpo del héroe en el momento de la inmersión. En el Evangelio de San Juan III, 4, 5, leemos que Nicodemo, escéptico ante una aseveración de Jesús, pregunta: “¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? Respondió Jesús: de cierto te digo, que el que no naciere del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”.

El viejo mito del Agua de Vida o de la Fuente de la Eterna Juventud, con el paso del tiempo se convierte en leyenda literaria. En el Pseudo Calistenes, Vida y hazañas de Alejandro Magno, se hace referencia a una “fuente resplandeciente, cuya agua refulgía como un relámpago” cerca del País de los Bienaventurados. El cocinero de Alejandro, Andreas, al lavar un pescado en dicha fuente queda sorprendido al ver que el pez revive y se escapa. Relato éste parecido a un pasaje de la búsqueda de Gilgamesh y que se encuentra también en las leyendas orientales y en el propio Corán (sura de la Caverna, 60 –65) con Moisés = Musa como protagonista. Es el mismo mítico motivo de la Fuente en el país de los etíopes del que ya hablaba Herodoto y que ya en el medievo cristiano renace, por ejemplo, en la apócrifa Carta del Preste Juan: “Si alguien bebiera, en ayunas y por tres veces de aquella fuente (…) guardaría para siempre la apariencia de cuando tenía treinta años”.

También encontramos referencias a la Fuente milagrosa en el anónimo Libro de Alexandre: “Avíe cerca la fuente una grant sanctidat/ Sanava cotidiano de mucha enfermedad”, haciendo también mención a ella, ya más tarde, Juan de Mandeville entre otros autores de la tardía Edad Media y el Renacimiento. Con un tema parecido al de la Fuente, Goethe, ya en el Romanticismo, recrea en su obra inmortal Fausto (anteriormente lo había hecho el inglés C. Marlowe), una leyenda de fines del medievo en la que el doctor Fausto (alquimista, astrólogo, mago…) vende su alma a Mefistófeles a cambio de servicios, durante veinticinco años, relacionados con la ciencia, el conocimiento y la juventud. Recordemos también por su valor literario, su paralelismo y cercanía a la sensibilidad bíblica, el “constructo” literario de la Fuente en San Juan de la Cruz: “Que bien sé yo la fonte que mana y corre/aunque es de noche”.

Natural_WaterfallsLa leyenda de la Fuente milagrosa se prolongó durante la época de los grandes descubrimientos de los siglos XV–XVI, pues el origen de ella en Oriente coincidía con el convencimiento de Colón en situar las tierras exploradas en esa parte del mundo, máxime si tenemos presente que en las tierras descubiertas corrían entre los indígenas esas y otras leyendas animistas. Cosas fabulosas y tierras ignotas abigarradas de vegetación exuberante y pobladas de habitantes con actitudes, creencias y comportamientos arcaicos, hechizan a algunos de los conquistadores predispuestos a lo maravilloso y fabuloso. Pedro Mártir de Anglería habla de una isla a distancia de 325 leguas de La Española que según él, “cuentan” que tiene una fuente que, bebiendo su agua, rejuvenecen los viejos.

La búsqueda de esa fuente obsesionó a Ponce de León en los últimos años de su vida. Según los nativos de la isla de Boriquen (San Juan de Puerto Rico de la que Ponce era gobernador), la fuente se situaba en el archipiélago de las Lucayas o Bahamas, en concreto en la isla Biminí y hacia ella puso la proa de sus naves en 1512, descubriendo al año siguiente la Península de Florida, que creía ser la mítica isla. Persiguiendo la quimera, Ponce y sus hombres exploraron las islas del archipiélago y la Península -seguramente bebiendo y bañándose en todas sus aguas- con la esperanza de encontrar la mítica Fuente sin resultado positivo. En 1515 lo vuelve a intentar y ya en 1521 regresa en pos de su sueño, aunque muere en Cuba, herido por una flecha envenenada. Las leyendas que corrían en las tierras descubiertas habían causado tan profunda impresión en el ánimo de Juan Ponce de León que centró más sus esfuerzos en la entelequia de la Fuente Encantada que en los propios progresos de la colonización.

La Fuente de la Eterna Juventud, como metáfora de rejuvenecimiento y longevidad, perdura en el imaginario folklórico-literario a través de múltiples manifestaciones que recrean desde diferentes ópticas y variantes esos deseos de eternidad que perviven en el inconsciente individual y colectivo. A nivel de lo imaginario, el ser humano moderno reactualiza -en general de forma inconsciente- esa resurrección simbólica de la degeneración a la vitalidad, de la corrupción a la pureza o de la ignorancia a la sabiduría a través de rituales sagrados o profanos, de divertimientos folklóricos-populares, de evasiones del tiempo lineal a través de celebraciones festivas. Mecanismos que, como señala Mircea Eliade, tratan de “curar al hombre del dolor de la existencia en el tiempo”.