EL REINO DE LOS CIELOS

Juan Angulo Serrano

kingdom-of_00405570Año 1184. Tiempos confusos. Guerras y fanatismos. La segunda Cruzada fracasó hace más de 30 años. En Jerusalén, Balduino IV, al que consume la lepra, no puede controlar su reino, que funciona como un sistema feudal importado desde Europa por los cruzados, por lo que su poder es limitado. Además, las Órdenes Militares de los Templarios y Hospitalarios, que ya han olvidado sus ideales místicos de ocupar Tierra Santa para los cristianos, se dedican ahora a fustigar a los musulmanes y a ampliar sus territorios y su influencia en palacio. Pero Salah-el-Din (Saladino) espera su oportunidad.

Había ocupado Egipto, sobre el que gobernaba, y, a la muerte de Nur-al-Din, emir de Siria, le sucedió en el poder, consiguiendo así la unidad de los musulmanes y proclamando la “yihad”, que, extrañamente, no había sido declarada antes por nadie, a pesar de los casi cien años transcurridos desde la primera Cruzada.

Ésta es la situación histórica en la que se desarrolla El Reino de los Cielos.

Como no podía ser de otra manera en estas superproducciones (nada menos que de USA, Alemania, Inglaterra y España), la ambientación está muy conseguida, recreándose los Santos Lugares en el Castillo de Loarre (Huesca), Alcázar de Sevilla, Catedral del Salvador de Ávila y Marruecos. Resulta curioso observar que en los títulos de crédito finales aparece el nombre de su actual rey Mohamed VI. ¡Hasta en las películas ha de figurar su aprobación!

Sin embargo, cosas de la vida, no se pudo conseguir que el Cabildo de la Catedral de Córdoba dejara filmar en la Mezquita. Hubiera sido una buena ocasión para promocionar una de las más bellas construcciones del genio humano. Justo lo contrario de lo que aconteció en Loarre, que recibió una propaganda extraordinaria. Como se ampliaron las dimensiones externas de su castillo con unos espléndidos decorados, que se mantuvieron en pie algún tiempo después de la filmación, durante varios meses se produjo una afluencia masiva de visitantes. Yo estuve allí más tarde, aunque ya habían sido quitados.

La belleza de esta construcción y su situación aislada sobre una loma te va sobrecogiendo según te acercas a ella. Puede observarse su magnificencia en el espectacular pasaje de la entrevista entre Balduino IV y Saladino, con el castillo al fondo como mudo testigo de piedra. Se trata de un castillo-monasterio románico de los siglos XI y XII, aunque quedan vestigios prerrománicos, rodeado por una espléndida muralla. Contiene más de setenta capiteles, obras maestras de la escultura de esa época.

Aunque invada territorios que corresponden a mi colega de esta Página, Luis Moratilla, un viaje por la zona es altamente recomendable, pues también pueden visitarse lugares como las espectaculares Peñas de Riglos y de Agüero, la maravilla de San Juan de la Peña, monasterio románico excavado en la roca, y Jaca, que, además de ser una hermosa ciudad, guarda en el Museo Diocesano de su Catedral una de las mejores colecciones de pintura románica y gótica.

El-reino-de-los-cielos1Esta película originó importantes controversias políticas, ya que algunos musulmanes rechazaron acaloradamente la visión que se daba de ellos; por el contrario, con la situación de Iraq al fondo (no se iban a rescatar los “Santos Lugares”, sino el “Santo Petróleo”), algunos sectores occidentales también rechazaron el modo cómo se representaba a Saladino y sus huestes. Aunque Ridley Scott dice que no quiso tomar partido, lo cierto es que quedan mucho mejor parados los musulmanes que los cristianos. Apunto en este sentido que Saladino, cuando tomó Jerusalén respetó la vida de sus moradores y dejó paso libre a los peregrinos cristianos, que pudieron practicar su culto. No hicieron así los cristianos en la toma de la ciudad en 1099 (Primera Cruzada), que no dejaron bicho viviente. Recojo la opinión de un testigo:

Montones de cabezas, de manos y de pies se veían por las calles… dejadme decir que en los alrededores del templo de Salomón la sangre llegaba hasta las rodillas. Fue justo y especial castigo de Dios que aquel lugar fuese cubierto con la sangre de los infieles que por tanto tiempo habían acudido allí a blasfemar. (Crónica de Raimundo de Puy).

Volviendo a la película, sin encontrarse entre las obras maestras de Ridley Scott, a mí me convenció más que la “oscarizada” Gladiator. Rezuma épica por todos los lados: esas tomas laterales de la caballería musulmana, que me recuerdan a los vaqueros de Thelma y Louise bailando country, esas torres de asalto que se acercan a las murallas de Jerusalén como cíclopes de madera y esas batallas con un montaje sin respiro y unos primeros planos impactantes contrapesados con tomas aéreas que sobrecogen. No obstante, me resultaron a veces excesivas, sobre todo la toma de Jerusalén por Saladino, en detrimento de la importantísima batalla de Hattin, decisiva para la conquista de la ciudad santa, y que Scott soluciona con una elipsis entre la preparación de la batalla y el campo sembrado de cristianos muertos que recuerda el inició de Gladiator con los bárbaros desparramados por el suelo.

Y, sobre todo ello, la exaltación de los valores caballerescos de la fidelidad, honor, compañerismo, fe, altos ideales, defensa del débil… y también la traición, la ambición, la falsedad… (Tiberius a Balian cuando le ofrecen el Reino: “Jerusalén no necesita un caballero perfecto”). Lógicamente, hablamos de una obra que yo encajaría en el cine de aventuras con fondo histórico, pero con bastantes licencias de guión. Valga como ejemplo la figura del protagonista, que pasa de repente de ser un simple herrero a manejar hábilmente la espada, que se convierte en terrateniente bondadoso y benévolo con sus siervos y que después lidera a los cristianos con el apoyo de Balduino IV, que le ofrece la mano de su hermana Sibylla y con ella la corona de Jerusalén, que nuestro protagonista rechaza por sus altos ideales, aunque previamente ya se ha acostado con ella a pesar de estar casada con Guy de Lusignan. Finalmente, pacta la rendición con Saladino y vuelve a su país con Sibylla sin ningún equipaje ni fortuna. ¡Ni el Capitán Trueno! Pero, ya digo, es de aventuras y a mí me vale.

kingdom-of-heaven-2005-40-g[1]Nuestro protagonista, Balian de Ibelin, fue un personaje real del que se conocen bastantes datos históricos. Estuvo felizmente casado con María Conmeno, viuda de Amalarico I, anterior rey. Y de quien se enamoró Sibylla no fue de Balian, sino de su hermano Balduino.

Por supuesto, también hay otras licencias históricas que yo no voy a rebatir, ya que se trata de una película y no de un documental, aunque creo que las situaciones, hechos importantes y ambientes se acercan bastante a lo que se conoce.

Me encantó la escena final cuando, contemplando su vieja herrería destrozada, llegan unos caballeros preguntándole por el camino a Tierra Santa: -“¿Quién eres? – Soy el herrero. – Y yo, el Rey de Inglaterra”.

Se trata de Ricardo Corazón de León que va a iniciar junto con Federico Barbarroja y Felipe Augusto de Francia la Tercera Cruzada.

No es que Orlando Bloom me parezca excesivamente adecuado para el papel protagonista, pero reconozco que sale airoso, seguramente mejor que lo hubiera hecho Arnold Schwarzenegeer, que había sido propuesto bastantes años atrás, cuando se inició el proyecto.

El resto del reparto es memorable, como suele suceder con los filmes de este director, con un Liam Neeson (Godofredo de Ibelin) en un corto pero dramático papel de padre arrepentido y falto ya de los ideales que le hicieron participar en la cruzada (llegó a recordarme al caballero de “El Séptimo Sello”, de Bergman), con un Jeremy Irons (Tiberius) solvente haga lo que haga, y con otra serie de actores menos conocidos, entre los que destacaría a David Thewils, como el Caballero Hospitalario que acompaña a Godofredo, y Ghassan Massoud (Saladino), famoso actor sirio. ¡Ah! y Eva Green (Sibylla), bellísima, que aguanta espléndidamente unos largos primeros planos y que venía de rodar Soñadores con Bertolucci, ¡haciendo un papel de adolescente!

Por cierto, he leído a “críticos” que destacan el papel de Edward Norton, por supuesto estupendo actor, pero que aquí interpreta al leproso Balduino IV y que aparece toda la película cubierto con una careta. ¡Tiene que haber opiniones para todos los gustos!

No oculto que Ridley Scott es uno de mis directores favoritos, sobre todo entre los vivos, aunque haya realizado algunas obras que sería mejor olvidar , como, por ejemplo, La teniente O’Neill, pero para siempre será el creador de Blade Runner, Thelma y Louise y, Allien, el octavo pasajero”. Le pasó lo mismo a otros grandes, sin ir más lejos a John Huston.

Finalmente, quisiera destacar algo que me llamó la atención al preparar esta reseña y repasar su filmografía. Entre sus películas existen tres de Ciencia Ficción (Allien, Blade Runner y Legends) y cuatro de tema histórico (1492, Black Hawk Derribado, Gladiator y ésta de El Reino de los Cielos). Curioso, ¿no? Que la mitad de sus películas se engloben en estos dos géneros deberá querer decir algo, máxime en un director considerado ecléctico. Me agrada pensar que, al igual que me ocurre a mí y a mucha gente que conozco, como a mi amigo Sergio, cuando eres amante de la Historia también sueles serlo de la Ciencia Ficción, pues ¿no es ésta en muchas ocasiones una proyección de la Historia hacia el futuro?

FICHA TÉCNICA: subir imagenes Director: Ridley Scott. Intérpretes: Orlando Bloom (Balian de Ibelin), Eva Green (Sibylla), Jeremy Irons (Tiberius), David Thewlis (Hospitalario), Brendan Gleeson (Reynaldo), Marton Csokas (Guy de Lusignan),Liam Neeson (Godofredo de Ibelin), Alexander Siddig (Imad), Ghassan Massoud (Saladino),Velibor Topic (Almaric). Música: Harry Gregson-Williams. Fotografía: John Mathieson. Año de producción: 2005. Duración: 145 minutos.