LOS NÚMEROS DEL INFIERNO

Pedro Centeno Belver

Próxima a la Galeria degli Uffizi, adentrándose en algunas calles un poco apartadas de una de las zonas comerciales de Florencia, se encuentra, al doblar una esquina, la Casa di Dante, un edificio antiguo y remodelado numerosas veces que sólo con el tiempo ha ido recuperando la estructura original de la hacienda del mayor poeta medieval. La Via Santa Margherita acogía una suerte de juglar que recitaba de continuo pasajes de la Divina Comedia que, con ciertos aires de locura y mendicidad, abren paso hacia un mostrador en el que una amable señora, americana de nacimiento, da entrada al ahora museo.

Dos meses han pasado en el momento en que escribo estas líneas desde que realicé dicha visita y, ciertamente, pocas cosas hay entre aquellas paredes que no sean meras réplicas o paneles informativos. De hecho, pocas cosas hay en la ciudad renacentista por excelencia que puedan evocar los momentos más oscuros del excelso poema narrativo de Dante, pero la mera sensación de cruzar algunas pisadas con aquellas que el autor de la Vita Nuova pudo realizar ya regala, a quienes volvemos a su lectura repetidas veces, una esencia nostálgica que nos lleva a la selva oscura en la que comienza una de las grandes obras de la Literatura universal.

Con estos recuerdos retomamos el tema que abrimos en el número anterior de esta sección sobre la numerología en las disciplinas humanas. Por ello, nos acercamos en esta ocasión a la obra de Dante para comprobar cómo las cifras adquieren un significado más allá de la mera utilidad matemática. Si la primera cuestión numérica que suscita la Comedia parte del primer verso, donde innumerables expertos han postulado sus teorías acerca de la edad de Alighieri, no podemos dejar de reconocer en cada una de las menciones o símbolos un esmerado cuidado que habla de su intención de codificar algo más que meras palabras.

En este sentido, podemos observar cómo la exégesis dantesca ofrece ejemplos del significado adicional que cobran los números cuando éstos se emplean de determinadas formas, pero también cómo se eleva a veces el significado de los mismos haciendo de circunstancias que bien pueden ser casuales méritos que son de discutible atribución. Es cierto que nuestra sociedad está acostumbrada a desvelar profecías, predicciones o similares basada en argumentos místicos difícilmente asumibles, pero llegar a la conclusión de que la Divina Comedia posee una estructura basada en un código numerológico sobre la cuantía de versos de cada canto es llegar casi tan lejos como aquellos que desvelaron -mediante una compleja fórmula matemática- las más recientes tragedias de nuestro siglo. Personalmente, si creo que nadie puede descifrar la palabra avión de las Sagradas Escrituras por la sencilla razón de que el hebreo no refleja las vocales -por tanto, las combinaciones posibles son innumerables-, más allá de que conceptualmente no sería posible en aquella época, no me inclinaré a pensar que en la Comedia se puedan dar mensajes más trascendentes de los que, expresa o veladamente, se manifiestan.

Podemos comprobarlo de una manera sencilla. Algunos autores han atribuido un código numérico interno a la gran obra de Dante aseverando que el resultado de sumar las cifras que componen el total de versos de cada canto siempre es 4, 7, 10 ó 13. Es decir, si nos encontramos con un canto de 115 versos y realizamos dicha operación, 1+1+5=7; si se tratan de 148, 1+4+8=13; y así sucesivamente.

Esta afirmación es un hecho y basta comprobarlo con el propio texto para verificarlo; sin embargo, Dante escribe sus cantos en tercetos encadenados que se cierran en un serventesio, lo que nos deja una fórmula constante de 3n+1 (donde “n” sería el número de estrofas), es decir, estamos ante miembros de una progresión aritmética al uso.

Hecha esta comprobación, podemos costatar que los cantos de la Divina Comedia oscilan entre los 115 y los 166 versos y que la operación mencionada en el párrafo anterior siempre nos da, como dijimos, 4, 7, 10 ó 13. Ahora bien, realizar una enrevesada hipótesis matemática en base a esto es, cuando menos, inocente, sobre todo si tenemos en cuenta que en toda la progresión (que, lógicamente, va al infinito) sucede lo mismo.

Si tomáramos la secuencia al completo, las únicas excepciones que nos encontramos en los primeros miembros resultan 16 (por ejemplo, 88: 8+8=16), donde si, a su vez, sumamos sus cifras tornamos al 7 (pero pongamos un ejemplo más complicado: el término 666 de la progresión es 1996, donde: 1+9+9+6=25 — 2+5=7). También de este modo llegaríamos a reducir a 3 los números resultantes (teniendo en cuenta que 10: 1+0=1; y 13: 1+3=4; sólo tenemos 1,4 y 7) que, a la postre, presenta una combinación ternaria, lo que sería mucho más sugerente para estas enrevesadas teorías.

Ciertamente, resulta compleja esta maraña de números, lo que, sin duda, propicia una serie de hipótesis extrañas, pero tomando el término general que rige dicha progresión es sencillo ver cómo esta regla siempre se cumple. Es más, lo que realmente resulta sorprendente es que la secuencia sea siempre la misma: 1, 4 y 7. Lástima que Fermat no dedicara alguna de sus glosas a nuestro autor florentino.

Sin embargo, más allá de las meras coincidencias, la Divina Comedia sí da una enorme importancia al significado de los números. Para comprobarlo, tan sólo es necesario adentrarse en su Infierno -que no es poco decir-. En primer lugar, nos encontramos con que dicho libro de los tres que componen la obra es el único que tiene en su haber 34 cantos -y, si rizamos el rizo, 3+4 son 7-, bien es cierto que esto es para lograr un total de 100 y, puesto que el primero se ha considerado el proemio de todo el poema, obtendríamos un total de 3 partes con 33 cantos cada una. El 3 simboliza, necesariamente, la trinidad y el 9 -99 cantos en total-, entre otras cosas, el neonato, la vida -aun cuando Freud tardaría en aportar su opinión sobre el significado del número-. Dante conoce a Beatriz cuando ésta tiene 9 años y, en cierto modo, con su amor nace una nueva vida para su autor.

Ya inmerso en el viaje, Dante conoce los nueve círculos del Infierno en una estructura que establece firmemente toda una topografía del inframundo cristiano. Son impactantes sus encuentros con cada una de las almas pecadoras y el contrapasso que le impone como castigo hace pensar en el autor como un juez severo, pío, pero implacable a la hora de imponer los castigos. No en vano Alighieri aprovecha su obra para “poner en su sitio” a parte de los nobles, hombres de iglesia y personajes públicos de su época.

Las siete murallas que atraviesa durante su travesía se corresponden con las artes del trivium y del cuadrivium, pero también, más adelante, éste será el número que refleje los pecados capitales. Las notas musicales, los principales planetas -cosmología y música nos recuerdan a Pitágoras- también comparten este número, como los días que dura la creación.

Por tanto, reconocemos en Dante un interés y manejo de los símbolos numéricos a los que les da una interpretación concreta. Necesitaríamos analizar uno por uno para ver cuál es el significado concreto de cada uno de ellos, si bien sí podemos concluir que éstos se vertebran en una tradición que hereda de su cultura cristiana.

No podemos hablar de innovaciones en este sentido, puesto que el manejo de la alegoría y el cifrado es, asimismo, muy frecuente en su propia época, por no decir que Alighieri era puramente aristotélico -baste con leer la Monarquía para comprobarlo- y que a Aristóteles, por ejemplo, se le atribuye un tratado sobre los pitagóricos. Sin embargo, es cierto que buscar relaciones en este sentido serían muy polémicas y que mucho más sencillo es dar cuenta del platonismo acusado que se presencia en los textos de San Pablo, entre otros, recordando la importancia que el maestro griego daba a la matemática y, por ende, a los números. Pero ni siquiera hace falta, el propio cristianismo se encarga de ir creando su propia simbología de las cifras, y Dante crea su poema para mostrarse ante el mundo, ante todo, como un servidor del Dios en el que cree.

Realmente, la elaboración de hipótesis a propósito de los significados ocultos que un libro puede ofrecer es una de las tareas más complejas y entretenidas que puedan existir. No han cesado en la historia ni lo hará nunca y, pues en el fondo la práctica totalidad de los números simboliza algo concreto, ¿no crees, lector, que es curioso que acabes de leer estas líneas un día en el que la suma de los dígitos de esta fecha dé este resultado tan particular?