DE PUTA MADRE

Gonzalo J. Sánchez Jiménez

PM10021A2AAunque malsonante, siempre me ha chocado el valor expresivo de esta locución, que aúna dos valores socialmente contrapuestos y, sin embargo, es reconocida en todos los grupos sociales como el súmmum de los superlativos, lo mejor de lo bueno, lo mayor de lo grande, pues son fundamentalmente la calidad y el tamaño de las cosas y de las personas los conceptos a los que se cuelga esta etiqueta. Como todo en la vida puede valorarse por esas variables, se aplica a cualquier motivo: un coche de puta madre, una finca de puta madre, una clase de puta madre, un amigo de puta madre, una chica de puta madre, un jugador de puta madre, una fiel esposa de puta madre… De la misma manera que algunos adverbios admiten un superlativo (muy bien), de puta madre también vendría a ser un superlativo adverbial: canta de puta madre.

Su origen se debe a un oxímoron, lexicalizado ya; esto es, a la “combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; por ejemplo: un silencio atronador” (diccionario de la RAE). A pesar de que puta y madre no son palabras de significado opuesto -no es preciso profundizar-, sí se vislumbran ciertas connotaciones en cada una de ellas que normalmente excluirían los valores de la otra. Todo gira en torno al amor. Por un lado el amor maternal, puro, desinteresado, generoso, de la que no hay más que una, la madre. Por el otro, el amor carnal, lascivo, desinhibido, sin compromiso alguno, que se compra a la profesional del sexo. ¿Qué más se podría pedir? Si en otras ocasiones he criticado absurdos usos sexistas de la lengua (léase idioma), ahora reconozco el tremendo carácter machista de esta fórmula.

En ocasiones me traslado a su campo, al de las mamás. Me imagino a algunas madres oyendo este elogio alusivo a alguno de sus hijos. Me pongo en su lugar cuando quieren alabar a su vástago. ¿Le dirán, por ejemplo: “Muy bien, mi niño, te has portado como un hijo de puta madre”? No digo que no haya quién, pero me cuesta, me cuesta.

JMB0700071ACiertamente no es una construcción fácil de entender en principio; más aún para cualquier extranjero, dado que ambas palabras son de las que primero se aprenden en cualquier idioma y casi me atrevería a afirmar que, además, en ese orden de aparición. ¡Pobres estudiantes de español! Si hay algún concepto respetable y respetado en todas las culturas es el de la maternidad. ¿Qué cara pondrán cuando se enteran de que todavía hay algo que engrandece más a la madre? ¿Qué pensarán al descubrir que aquí tenemos dos clases de madres: las de segunda categoría, las madres normales, y las de primera, las putas madres?

La estructura obedece a varias peculiaridades formales. Si jugamos un poco con ella, observaremos que es una construcción rígida, anclada; en dos sentidos:

  1. El valor de posición. Como en los adjetivos, el significado puede variar según vayan antepuestos o pospuestos al sustantivo; no es lo mismo pobre hombre que hombre pobre. Tampoco es igual que a uno le digan: “Hay que ver cómo te portas con tu padre, eres un hijo de puta madre” o “Hay que ver cómo te portas con tu padre, eres un hijo de madre puta” (o simplemente hijo de puta). En un instante se puede pasar del disfrute de la alabanza al deseo irrefrenable de partirle la cara al interlocutor.
  2. Esta construcción es cerrada, no es susceptible de admitir otros elementos conservando la misma función sintáctica y sin cambios significativos notables; si se incluye algún determinante, se modifica drásticamente el significado:

                   Se oían las voces de puta madre.

                   Se oían las voces de tu puta madre.

Ello se debe a su polivalencia, como adjetivo y como adverbio. En el primer caso tiene un valor adverbial complementario del verbo, sinónimo de perfectamente, muy bien, etc. En el segundo, la aparición del determinante tu actualiza el sintagma haciendo que cambie de función; ahora es un complemento nominal de voces. Por consiguiente, también cambia el significado.

 Mal de todos, consuelo de tontos; dice el refrán. El contagio es el peor enemigo de la correcta dicción. El empleo de estos comodines lingüísticos empobrece el léxico y no por ser usuales son recomendables. A todos se nos escapa algún gazapo en el habla coloquial, pero debemos tratar de evitarlos; del mismo modo que cuidamos nuestro aspecto, presentemos una expresión correcta, sencilla, sin alardes ni exquisiteces, pero rica en vocabulario, que a la postre puede ser la mejor de nuestras imágenes.