LAS CIEN CARAS DE LA NOVELA HISTÓRICA

José Guadalajara

Carcassonne-eEscribo un tipo de novelas en las que siempre, antes de comenzarlas, me enfrento al mismo dilema: ¿A quién pongo por delante, a la Historia o la ficción?

Primero suelo delimitar el espacio cronológico en el que deseo moverme, buscando entre los retazos del tiempo perdido un momento crucial, un reinado o una época que, por alguna razón, suscite mi interés y pueda suscitar también el de mis lectores. El novelista histórico, cuyas palabras son los túneles que conducen al pasado, tiene ante sí una difícil situación antes de empezar a escribir sobre el papel o sobre el cuadrado luminoso del ordenador las primeras palabras de su novela.

Mis pasos iniciales me llevan inevitablemente a la penosa tarea de documentarme para tratar de atesorar todo aquello que pueda tener relación con la época seleccionada, una vez que he decidido cuál ha de ser ésta. En esta fase de aprendizaje y profundización, que produce al mismo tiempo desazón y deleite, se van interminables horas, densas horas, cansadas horas, sobre todo cuando uno tiene que deshojarse la sesera ante las páginas de una tupida crónica medieval o dejarse los ojos frente a la pantalla en negativo –fondo negro sobre diminutas letras blancas- de un monitor para consultar viejos periódicos del siglo XIX que desperezan ante la vista sus láminas de recuerdos. Esto, al menos -a lo que cabe añadir un acerado dolor de las órbitas oculares-, es lo que me sucedió en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional mientras muchas mañanas o tardes me documentaba para mi última novela.

Cuando por fin has conseguido un buen aprovisionamiento a base de memoria y anotaciones y subrayados, y la imaginación se te ha despertado para construir un argumento y dar existencia a unos personajes, llega el supremo instante del encaje. Ficción e Historia se entrecruzan entonces y te tienes que enfrentar a lo que me gusta denominar el “problema de la dosis”. Ahora debes decidir cómo administrarás los ingredientes y en qué quieres convertir tu futura novela.

Si repasamos novelas históricas y novelistas de todas las épocas nos daremos cuenta de la diversidad de respuestas con que nos encontraremos ante este “problema de la dosis”. Cada autor lo soluciona a su modo y tira por el camino que más le conviene. Cientos de respuestas en forma de relato histórico nos han ofrecido, nos ofrecen y nos ofrecerán los novelistas de todos los tiempos: Walter Scott, Manuel López Soler, Benito Pérez Galdós, Marguerite Yourcenar, Manuel Mújica Láinez, Mika Waltari, Umberto Eco, Bernard Cornwell, Gore Vidal… y tantos otros.

No es fácil hacer una clasificación de sus novelas, es decir, de la novela histórica en general, aunque de una manera simplificada me atrevo a delimitar lo que considero sus líneas esenciales. Para ello escojo como criterio de clasificación la relación Historia-Ficción, que me parecen sin duda los dos componentes básicos -¿fundamentales?- de este género sobre los que recae la acción creativa del escritor.

Antes, por su parentesco o afinidad con la novela histórica, me referiré a dos categorías, no obstante, diferentes:

Ensayo histórico: Estudio científico, con notas o sin notas a pie de página o al final, de un tema histórico. Puede incluir bibliografía e índices onomásticos.carcassonne_n133._paul_palau

Historia novelada: Es la Historia narrada con un estilo literario, en donde la búsqueda de la amenidad expositiva se convierte en un objetivo fundamental para el autor. Cabe incluso la subjetividad narrativa, con comentarios e inclusión de diálogos y anécdotas.

En cuanto al género de la novela histórica, ofrezco la siguiente taxonomía en la que cada lector podrá incluir prácticamente todas las novelas que haya leído o comprobar a qué modalidad o subgénero pertenecen éstas. Naturalmente, pueden darse interferencias entre todas estas categorías, pero el modelo sirve para delimitar sus formas fundamentales.

NOVELA HISTÓRICA:

  • De verdad histórica o verídica: “Novelización”, lo más ajustada posible a los datos conocidos, de hechos históricos. El argumento trata de reproducir una secuencia de acontecimientos reales sobre los que se da una recreación verosímil.
  • De ficción: Los hechos históricos y sus protagonistas se ven envueltos o alterados por un argumento ficticio sacado de la inventiva del autor, que puede incluir además personajes que no han protagonizado en la Historia los hechos narrados.
  • De recreación: Se introducen una intriga y unos personajes ahistóricos en un espacio y tiempo históricos determinados. La Historia, como excusa, es el fondo o marco decorativo y ambiental que está detrás del argumento.
  • De investigación: La trama gira alrededor de la indagación de un acontecimiento histórico abordado desde el presente, casi siempre a partir de una serie de vestigios o testimonios que se convierten en el punto de partida.
  • Ucronía: Ficción basada en el tópico del “mundo al revés”, ya que presenta los hechos históricos desde la posibilidad de que éstos hubieran sucedido al contrario de cómo sucedieron.