LA DAMA DE HIERRO

Juan Angulo Serrano

Me surgen varias dudas al intentar escribir sobre esta película. ¿Es un documental? ¿Es un biopic? ¿Un melodrama? ¿Histórica? Creo que todo eso y, seguramente, algo más.

Pero lo más difícil es discernir entre sus valores cinematográficos y su planteamiento histórico-político, ya que su valoración resulta totalmente distinta y hasta opuesta, según el criterio que utilicemos.

Punto de vista cinematográfico

La crítica no le ha sido demasiado favorable. Pienso que por no separar ambos planteamientos. Me pareció notable el guión, que utiliza con acierto y con generosidad la técnica del  “flash-back”, para relacionar el momento presente de una Sra. Thatcher  de 86 años, perdida en su apartamento y en su incipiente alzheimer, con su peripecia personal y política, así como con sus delirios y alucinaciones.

Como consecuencia de ello resulta un montaje que desarrolla a la perfección dicho guión, visto desde la perspectiva de la propia protagonista y sus recuerdos.  Espléndida la escena en la que se la ve bailando con destacados políticos de su época: Reagan, Mandela…., al estilo Forrest Gump, así como aquella en la que empaqueta la ropa de su marido, muerto diez años antes, para deshacerse de ella, a la misma vez que su fantasma se va alejando.

 …Y Meryl Streep. La mejor baza. Además, envuelta en un maquillaje tan portentoso que te cuesta reconocerla, sobre todo de anciana. Competirá para el Oscar de esta especialidad contra Albert Nobbs, Glen Close haciendo de hombre, y contra J.Edgar, Leonardo Dicaprio dando vida a John Edgar Hoover, creador y director del F.B.I durante cuarenta años. Ambas cintas recrean a personajes reales también.

Lo siento por la gran Gleen Close, en su interpretación comentada anteriormente y por Rooney Mara, recreando a Lisbeth Salander en la nueva versión de Millenium, de David Fincher, que no desmerece en absoluto de la anterior, protagonizada por Noomi Rapace. Ambas serían merecedoras de sendos Oscar, premio que va a ser difícil que obtengan  contra la Streep, no sólo por su apabullante demostración, sino porque ha sido nominada 17 veces y ha ganado únicamente dos (Kramer contra Kramer, éste como actriz de reparto, y La decisión de Sophie), y porque la Academia de Hollywood es muy proclive a premiar papeles de personajes disminuidos, física o psíquicamente, o aquellos que representan a personajes reales, como es el caso.

Mis conocimientos de inglés son rudimentarios, pero suficientes para percibir como consigue el acento adecuado y el tono de voz de la Primera Ministra, por lo que es muy recomendable verla en su versión original.

También son destacables las interpretaciones y caracterizaciones de Alexandra Roach, como Dª Margarita de joven, o de Jim Broadbent y Harry Lloyd,  recreando a su marido Denis Thatcher, de anciano y de joven respectivamente.

Para su directora, Phyllida Lloyd, es ésta su segunda película. Curiosamente, la primera fue Mamma mia, también protagonizada por Meryl Streep.

Punto de vista histórico-político

Puede entenderse, pero en absoluto compartirse, la visión distorsionada que se nos da de este emblemático personaje, uno de los más destacados de la segunda mitad del siglo XX. Si nos dejamos arrastrar por cómo se nos cuentan los hechos, concluiríamos en que fue una estupenda gobernante, que se desvivió por su país y que todo lo que hizo era inevitable. La terrible lucha contra los mineros; la huelga de hambre de los presos del I.R.A.;  la aplicación de un neo-liberalismo feroz en la economía británica, aumentando desaforadamente el número de pobres; la guerra contra Argentina por las Islas Malvinas, etc. etc., pasan por la pantalla como decisiones adecuadas sin tratar en absoluto las terribles consecuencias que acarrearon.

Si, además, se nos muestra desde la perspectiva de una “pobre” y senil anciana, tenemos a un personaje más cercano a Teresa de Calcuta que a la Dama de Hierro. Lógico si tenemos en cuenta que, salvo la protagonista, casi todos los artistas y técnicos son ingleses, y claro, la Sra. Thatcher es considerada por la mayoría de sus paisanos como una heroína que, con lo de Las Malvinas, les retrotrajo a los años de gloria de su extinto Imperio Victoriano y que la sirvieron para ganar de calle las siguientes elecciones. Por otro lado, la circunstancia de que esté viva y, posiblemente, las presiones de la familia, hayan influido no poco en este planteamiento.

Lo grave de este enfoque es que, después de treinta años transcurridos desde su dimisión, las nuevas generaciones que no vivieron aquella época, adquieran una visión totalmente opuesta a la que fue en realidad. Y no hay que despreciar la gran influencia del cine sobre las ideas y la interpretación de la Historia. Indudablemente, hasta el más inepto y déspota gobernante hace también cosas meritorias.