LAS FALSIFICACIONES DE LAS HURDES

Sergio Guadalajara

Las falsificaciones en el ámbito de la balada europea no son, desde luego, un hecho infrecuente. Hombres como Vaclav Hanka, Stefan Verkovitch, Hersart de la Villemarqué o Thomas Chatterton constituyen un buen ejemplo de ello. Este artículo dará cuenta de un caso curioso acaecido en la comarca extremeña de Las Hurdes que pone en evidencia cómo, a través de lo literario, se intenta en muchísimas ocasiones falsificar la propia realidad.

Desde el principio, romances o baladas fueron vistos por los movimientos nacionalistas europeos como un instrumento capaz de demostrar la identidad propia de un pueblo que, supuestamente, otro trataba de negar. Por este motivo, algunos investigadores de regiones de todo el continente se lanzaron a la búsqueda de los posibles testimonios que hubiesen podido conservarse de su propia tradición baladística. Así, el pueblo que encontrara textos orales de una mayor riqueza literaria e histórica podría alegar que contaba con un pasado y una cultura más legitimados y respaldados que el resto. Se creía que las baladas compendiaban el pasado histórico de una nación, cuando la realidad es que apenas suelen conservar datos históricos por su modo de transmisión oral. Gran error.

En la Península Ibérica, por ejemplo, la exploración y la recogida de romances comenzó antes, y de una forma más intensa, en áreas de la periferia (Portugal y Cataluña) que en Castilla, por lo que, en apariencia, los romances se convertían en algo único, propio y característico de la tradición catalana y portuguesa. Cuando se comenzaron a recoger y a publicar los primeros romances castellanos de la tradición oral moderna (no olvidemos que por medio de las fuentes escritas del siglo XVI, como cancioneros o romanceros, se conservaron muchos), el interés de las zonas de la periferia por el estudio de los suyos propios decayó ante la ya evidente imposibilidad de demostrar su identidad nacional por esta vía.

En algunos casos, en los que no se habían encontrado suficientes ejemplos de baladas o romances para evidenciar la autonomía nacional de un pueblo respecto a otro, se recurría, si era necesario, a la invención de tales muestras literarias. Es el caso de los autores citados en el primer párrafo, que trataron de dotar a sus respectivas naciones (Chequia, Bulgaria o Bretaña) de una tradición que no se correspondía con lo que ellos decían haber recogido.

En España, gracias al enorme número de romances que han podido llegar hasta nosotros por la tradición oral moderna (es, en comparación, una cantidad muy superior al conservado en el resto de naciones del continente), apenas ha habido falsificaciones, exceptuando la que intentó sin éxito Manuel Murguía, impulsor del Rexurdimento gallego y marido de Rosalía de Castro, durante el siglo XIX. Esta ausencia de falsificaciones se mantuvo, al menos, hasta finales de los años noventa del siglo pasado, cuando en Las Hurdes aparecieron nuevos, inéditos e insólitos testimonios de romances nunca conocidos durante más de quinientos años de historia en la Península Ibérica.

Son romances con temas que no eran propios del romancero extremeño y que se encontraban en un estado excelente de conservación. Verdaderamente, el hallazgo habría colocado al romancero hurdano como uno de los más completos y ricos del ámbito hispánico. Poco a poco, fueron saliendo romances de tema morisco, épico, novelesco, histórico, religioso, etc. Incluso, el mismísimo Carlomagno pareció renacer de entre los antiguos cantares medievales en romances en los que se contaban las hazañas que habían realizado los hurdanos al hacerle frente. Siempre, ante un hallazgo de esta naturaleza, hay que mantener la cautela.

No solo es esta excepcionalidad temática y cualitativa la que hace sospechar al lector de los romances hurdanos de su posible carácter falso. Ya desde las primeras campañas de recolección de romances que se hicieron por toda España desde comienzos del siglo XX, la zona de las Hurdes había sido encuestada en momentos distintos por diferentes especialistas. Todos, después de realizar el trabajo, obtuvieron muestras de un romancero muy próximo en temas, diversidad y tipos al que es propio de Extremadura. No había salido a la luz nada como lo que ahora se estaba dando a conocer. ¿Tan ciegos podían estar tantos especialistas en el romancero?

De hecho, personas que en esas encuestas anteriores (en los años 80, sin alejarnos mucho en el tiempo) habían recitado un repertorio romancístico muy similar al del resto de regiones limítrofes no hicieron ni una sola mención a las “maravillosas” y desconocidas versiones que aparecieron cerca del año 2000 de la penitencia del rey Rodrigo o de Lanzarote y el ciervo del pie blanco. Parece ser que, veinte años después, las recordaron. Esa casual reminiscencia parecía que iba a revolucionar los estudios del Romancero hispánico.

Numerosos datos extralingüísticos referentes a la recolección de los romances (normalmente, el cantor recita el romance ante el estudioso encargado de recoger los nuevos romances) y a su transmisión no encajan con los que tendría un texto genuino y auténtico. Así lo demuestra esta pequeña anécdota: ciertos especialistas fueron invitados a Las Hurdes para escuchar de viva voz como estos desconocidos romances eran cantados entre las gentes del pueblo. Normalmente, los habitantes de un misma localidad conocen un mismo romance (al menos, una versión), por lo que, si varias personas de ese lugar comienzan a recitar alguno, inmediatamente los demás le seguirán a coro. Sin embargo, en esta reunión cada cantor era el único que conocía el romance que estaba recitando; por lo tanto, puede extraerse de esto que ese romance no fue adquirido por tradición oral sino que se aprendió a partir de otra vía, pues, de lo contrario, todos lo habrían sabido o recordado. Esto sucedió así con cada uno de los “nuevos romances” que se dieron a conocer.

Unos minutos más tarde, esos mismos informantes recitaron otros romances. Lo hacían ya sin la supervisión de la autoridad local, que era la que les había estado indicando qué debía ser recitado. Curiosamente, estos romances, que son los que aparecen en los romanceros extremeños y que son bien conocidos, se los sabían todos los cantores. ¿Qué conclusión puede extraerse de este hecho? Muy sencilla: las primeras composiciones habían sido introducidas en el repertorio de cada uno de los habitantes de forma artificial, mientras que las segundas eran conocidas desde la infancia porque eran auténticos testimonios de la tradicional oral hurdana.

Otros detalles, los lingüísticos, también arrojan sospechas (y no pocas) sobre el auténtico carácter oral que pudieran tener estas composiciones. No entraré ahora en detalles, pues no me lo permite el carácter breve de este artículo, pero mencionaré los más relevantes de ellos. De forma sistemática, se observa en muchos romances una mezcla de léxico vulgar, culto y contemporáneo, hibridación imposible en un romance auténtico y que aquí tiene la única intención de aparentar autenticidad. Además, las asonancias que presentan las nuevas versiones hurdanas son completamente distintas a las demás versiones que aparecen en romanceros, fuentes antiguas, encuestas y antologías (como, por ejemplo, la magnífica que ha compilado Giuseppe di Stefano). Este cambio violento, dentro de las distintas variaciones que puede sufrir un romance, no sucede nunca de este modo. Por otra parte, no hay ni un solo romance al que le falte un solo verso o que esté incompleto. Esto es del todo anómalo al tratarse de testimonios que proceden de la tradición oral, pues no es raro que con el transcurso de los años existan pérdidas o partes del texto mal transmitidas, como puede comprobarse en multitud de fuentes.

En algunos testimonios, aparecen dos formas similares de una palabra en versiones muy próximas del mismo romance. Por ejemplo, dentro del romance de la penitencia del rey Rodrigo son mencionadas “rodilla” y “rodillera” para referirse a lo mismo, cuando lo lógico sería que se aplicase esa palabra para las dos versiones, sobre todo porque “rodillera” queda embutida de un modo algo extraño en el romance (la serpiente que le come las ¿rodilleras? Esto no encaja). En adición a lo anterior, en ciertos romances la narración es ampliada de manera considerable con numerosos detalles que, bien al principio o al final, no se encuentran en ninguna otra versión conocida y que parecen del todo introducidos. Finalmente, muchos de los nombres han sido cambiados de forma burda (Moriana o Mariana, registrado en miles de testimonios, aquí es Marciana) y otros han sido inventados (como los hermanos del romance de Lanzarote y el ciervo de pie blanco).

Podría continuar exponiendo más y más argumentos que desmontarían la teoría de que estos romances hurdanos pertenecen a la tradición oral, pero creo que, en esencia, queda claro la inautenticidad de gran parte de ellos. No todos, sin embargo, son falsos, pues, para que estos últimos pasen más fácilmente por auténticos, se recogen junto con otros que sí son tradicionales. La falsificación parte de fragmentos de romances verdaderamente tradicionales, pero a estos se les han introducido construcciones sintácticas alternativas (y que violentan la composición), diferentes asonancias y un léxico muy lejano del que se recita desde hace siglos en Las Hurdes. El corpus temático, supuestamente recogido solo en la zona de las Hurdes (que, recordemos, no son más de cinco municipios y unos cuarenta núcleos de población de escaso tamaño), es demasiado grande y variado. Abarca numerosísimos y muy variados temas, incluso algunos que no son propios a esta región de Cáceres.

¿Cuáles serían las intenciones del falsario al querer dotar a este bello rincón de Extremadura de una tradición oral que no se corresponde con la real? Pueden ser muchas, pero parece claro que quería hacer creer que Las Hurdes, una zona que ha sido considerada durante mucho tiempo como una de las más deprimidas y atrasadas de España, poseía uno de los romanceros más ricos y mejor conservados de todo el ámbito hispánico. No era necesario un engaño y un ridículo de semejante magnitud. Ya no se piensa en este bello y tranquilo paraje como uno igual de decadente y pobre al que visitó Alfonso XIII en 1922. Eso queda ya muy lejos; hoy en día, cuenta con las mismas facilidades y adelantos que se pueden encontrar en el resto del país.

No era necesario.