Domingo 19 de mayo
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Nº XXVIII (abril-mayo): ROMA, LA CIUDAD ETERNA … MENTE CAÓTICA (III)
por Luis Moratilla



ROMA, LA CIUDAD ETERNA... MENTE
CAÓTICA (III)


 

En anteriores crónicas hemos visitado la Roma antigua y algunos de los principales templos romanos, así que ahora vamos a dedicarnos a pasear tranquilamente por la capital, por sus calles, fuentes y plazas.

Dicen que el 99% de los turistas nos alojamos junto a la estación de Termini, así que el paseo lo iniciaremos desde allí.  La primera parada será en la Plaza de la República, donde, además de la fuente de las Náyades, fuente con más de un siglo de antigüedad, se encuentran las Termas de Diocleciano, curiosamente anexas a la iglesia de Santa María de los Ángeles. Estas termas formaron en su momento el mayor complejo termal de Roma y dejaron de funcionar con la llegada de los bárbaros. Sus naves principales fueron aprovechadas para construir la iglesia.

De aquí marcharemos a la Vía Delle Quattro Fontaine, nombre nada casual, ya que deriva de las cuatro curiosas fuentes que adornan cada una de las esquinas en la intersección entre esta calle y la Vía del Quirinale.

Retomamos la vía anterior, que finaliza, como ya habréis imaginado, junto a otra fuente: la fontana del Tritone,  (plaza Barberini) obra de Bernini, siglo XVII, en la que  el Dios Tritón lanza un chorro de agua a través de una enorme caracola. No os asustéis si por esta zona escucháis sirenas y constante presencia de vehículos policiales. Estamos cerca del Palacio del Quirinal, antigua residencia papal y hoy sede del Presidente de la República.


Y como todos recordamos a Audrey Hepburn y la famosa película de Vacaciones en Roma, continuaremos nuestro paseo por la Vía Sixtina para desembocar junto a la Piazza que lleva el nombre de Spagna. Y como hemos tenido la precaución de alcanzar la plaza en su parte superior, junto a la Iglesia de Trinitá dei Monti, los más de cien escalones (inaugurados, no sé si subiéndolos o bajándolos por Benedicto XIII en 1725) que la embellecen los descenderemos, eso sí,  en varias etapas, sentándonos junto a otros tantos turistas que aprovechan las vistas para tomar un merecido descanso. Una vez abajo, nos podremos volver a sentar junto a la barroca Fontana della Barcaccia, obra también de Bernini.

Pero nuestro paseo no ha concluido. Proseguiremos por la vía del Babuino para alcanzar la Piazza del Popolo. Esta es una plaza amplia, inmensa, como corresponde a lo que en su momento fue una de las puertas de entrada en la ciudad. Si llegáis a ella ya de noche, quizá después de cenar, os sorprenderá su silencio, solo roto por algún pequeño grupo de turistas recorriéndola o haciéndose fotografías junto al obelisco que la preside o las dos iglesias gemelas que la embellecen. En la parte norte de la plaza se alza la ladera del Pincio. Si ascendemos sus rampas, además de disfrutar sus fuentes y estatuas, contemplaremos, al alcanzar la cima, unas hermosas vistas de los alrededores.


Los que tengáis un mapa en la mano mientras leéis esta crónica, os habréis dado cuenta de que hemos ido paralelos a la línea A del metro, por lo que en cualquier momento, si el cansancio o la hora os obligan a regresar al hotel, os será fácil utilizando este medio de transporte.

Pero prosigamos nuestro paseo: estamos junto al Tíber, por lo que tomando la Vía di Savoia podemos pasear junto a su cauce hasta encontrarnos con el Mausoleo de Augusto y el Ara Pacis, pequeño museo y monumento que cuenta con magníficos relieves.

Junto al Puente Cavour abandonamos el río, tomamos la Vía Tomacelli y la Vía Condotti, una de las más impresionantes de la ciudad, y no por su belleza, sus fuentes o sus obeliscos, sino por las tiendas de lujo que acoge: desde Hermes a Chanel, pasando por Cartier o Bulgari. Y claro, tanto lujo tiene que implicar grandes palacios en los alrededores, y a ellos nos dirigiremos. La Vía Condotti merece la pena recorrerla dos veces, así que, si retrocedemos sobre nuestros pasos, por la Vía F. Borghese, llegamos al palacio del mismo nombre, y junto a este, el de Montecitorio y el Chigi, este último  en la Piazza Colonna, y presidida por la majestuosa Columna de Marco Aurelio, construida en el siglo II para celebrar las victorias de dicho emperador.  La siguiente plaza es la de Pietra, donde nos sorprende el Templo de Adriano, nada menos que once enormes columnas corintias en todo el lateral de la plaza.

Pero, ¿qué es eso que se escucha? ¿Qué rumor se oye a lo lejos? ¿Es la gente? ¿Es el agua? Vamos a descubrirlo. Cruzaremos la Vía del Corso y, caminando perpendiculares a ella, el rumor irá creciendo. Efectivamente, hemos llegado a la Fontana di Trevi. Dicen que se visite de noche, cuando la plaza está más tranquila, pero la tranquilidad en Roma no existe, y en la Fontana nunca. Llegamos de noche, y cientos de personas habían tenido nuestra misma idea, pero eso no la hace perder su encanto; su frontal, 40 metros, impresiona. Por supuesto, arrojamos allí nuestra moneda y nos sentamos para escuchar de cerca el rumor de sus aguas, para contemplar al Dios Neptuno, que la preside. Esa noche la terminamos cenando en Il Chianti, Vía del Lavatore 81, recomendado en algunas guías y con una relación calidad-precio aceptable (37 euros, dos personas, con agua y sin postre).



Pero prosigamos nuestro paseo y tomemos uno de esos minibuses eléctricos que recorren el centro de Roma, y que nos acercará de nuevo a la ribera del Tíber, junto al Castillo de Sant Angelo. El puente del mismo nombre es uno de los más concurridos y más bellos de la ciudad, y desemboca en la renacentista Vía del Coronari, para mí una de las calles más hermosas de Roma, y es que, además de por su bello diseño, sus escaparates acogen multitud de curiosas galerías de anticuarios. El pasearla es sencillamente una delicia. Y en su extremo nos encontramos con la más bella plaza ¿del mundo?, la barroca Piazza Navona. ¿Qué destacamos en ella? ¿La Fuente de los Ríos, obra de Bernini? ¿El templo de San Agnese in Agone? ¿Quizá sus famosas heladerías? ¿Los pintores siempre exhibiendo su obra? Yo quiero destacar a quien no encontraréis en ninguna otra parte del mundo, la bella acordeonista que nos susurraba con el lánguido sonido de su acordeón, con la poesía que de su música fluía, la vi también el día anterior en la Piazza de la Rotonda, frente al Panteón, y si allí me enamoré, aquí confirmé mi amor. Si pensáis que exagero, podéis  ver su foto en: http://www.flickr.com/photos/43657504@N03/6080611858/


Para deshacer el embrujo me tomé un helado, y luego caminamos hacia el Campo di Fiori, plaza situada en el corazón de la Roma medieval. Por desgracia, llegamos a ella por la tarde, por lo que no pudimos disfrutar del encanto que emana de su popular mercado, de sus tiendas de flores y de frutas, ya que sólo funcionan en las mañanas.

Tras cruzar la plaza, rodeamos el Palacio Farnese, último palacio renacentista de la ciudad y uno de los más imponentes, obra de varios arquitectos, entre ellos, Miguel Ángel. Y de nuevo llegamos al Tíber, y caminando unos metros por su orilla, nos encontramos de frente con la Isla Tiberina, con forma de un gran buque y que ahora acoge un hospital. Y cruzando el Tíber, llegamos al Trastevere, la zona, en la noche, más hermosa y bulliciosa de la ciudad.


 

En el Trastevere se juntan turistas y juventud, unos con ganas de cenar en cualquiera de sus populosos y económicos restaurantes y otros con ganas de divertirse en sus múltiples locales de tapeo. Y que mejor sitio para acabar mi crónica. El Trastevere es para recorrerlo sin un itinerario marcado, hay que descubrir por sorpresa sus calles, callejuelas y plazas. Eso sí, recordaros que el tranvía 8 recorre su artería principal, el Viale di Trastevere, por lo que tomándolo podréis retornar cómodamente al centro de la ciudad.

 

Un último consejo: será difícil planificar dónde podremos encontrarnos al acabar nuestra jornada, por lo que fijaos varios sitios como posible punto final del paseo. Buscad entonces qué autobuses son los que podéis tomar en cada uno de esos puntos para regresar a vuestro hotel. Este plano, por ejemplo, que podéis descargar de “Atac”, la página  oficial de transportes de Roma e imprimir por partes, me fue de gran utilidad: http://www.atac.roma.it/files/doc.asp?r=2

Y ahora sí, me despido. En la última parte de mi crónica visitaremos el Estado más pequeño del mundo: la Ciudad del Vaticano. ¡Pero eso será en la próxima entrega!

 

 









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Publicado en: 2012-04-08 (343 Lecturas)

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