CANTIGAS DE AMOR Y DE AMIGO

José Guadalajara

grab_cantiga-musicos_maxDesde fines del siglo XII hasta comienzos de la segunda mitad del XIV, se desarrolló en Galicia y norte del actual Portugal una poesía lírica que puso, en labios de hombres y mujeres, constantes lamentos y deseos de amor. Toda ella ha pervivido en diferentes cancioneros que fueron copiados en épocas diversas, si bien los más antiguos ―como el Cancioneiro de Ajuda― datan del siglo XIII. Éste, junto con el Cancioneiro de la Biblioteca Nacional y el de la Biblioteca Vaticana, los dos del siglo XVI, contienen el grueso de la poesía galaico-portuguesa medieval.

En total se han conservado alrededor de mil doscientas de estas composiciones, cuya denominación literaria responde a los nombres de cantigas de amor y cantigas de amigo. Ambas desarrollan un contenido amoroso, pero hay entre ellas, al menos, dos importantes diferencias: las primeras son poemas cultos, mientras que las cantigas de amigo se circunscriben en una tradición de poesía oral transmitida de generación en generación. La segunda diferencia fundamental es que el amor es abordado en estas modalidades desde perspectivas contrarias: las primeras tienen un enfoque masculino y siguen el modelo del “amor cortés”; las cantigas de amigo, en cambio, ofrecen la visión sentimental de una mujer que añora, busca o se ilusiona con su enamorado, envolviéndose a veces en lamentos de soledad e insatisfacción.

Hay, por ejemplo, siete poemas conservados ―casi de milagro― que pertenecen al trovador Martín Codax y que aparecieron en las guardas de un libro encuadernado en el siglo XVIII. Se le conoce con el nombre de Pergamino o Rótulo Vindel y contiene un pequeño muestrario de cantigas de amigo a las que, por fortuna, acompañan también las notaciones musicales con que eran interpretadas. Lo curioso es que, aunque han sido escritas por un hombre, son composiciones protagonizadas por una mujer, hecho que no debe extrañar ya que Martín Codax se hace eco de una tradición paneuropea de canciones femeninas que tiene otros modelos como las jarchas, las chanson de femme, las frauenlieder o los villancicos. Un fragmento de una de estas cantigas, sin duda reelaborada por el autor a partir de los moldes tradicionales, nos ofrece los rasgos y contenido característicos de este tipo de poemas:

 Mandad´ei comigo,

ca ven meu amigo.

E irei, madr´a Vigo.

Comigo´ei mandado,

ca ven meu amado.

E irei, madr´a Vigo.

(Un mensaje he recibido, / que viene mi amigo. E iré, madre, a Vigo. / Conmigo tengo un mensaje, / que viene mi amado. / E iré, madre, a Vigo).

Tocadores de trompeta nas Cantigas de Santa María (cantiga 320, códice j.b.2, século XIII).  Fotografía do autor.Por el contrario, la cantiga de amor ―imitación de la cançó provenzal importada a través de la ruta jacobea por los trovadores del sur de Francia― nos ofrece una perspectiva y planteamiento bien distintos. El amor cortés, modelo literario en el que están sustentadas, exige la sumisión del amante, la fidelidad, el sufrimiento y, casi siempre, la falta aparente de correspondencia por parte de la amada, a la que el trovador denomina mia senhor. Una composición extraída de la poesía profana del rey Alfonso X el Sabio nos puede servir de ejemplo:

Ben sabia eu, mia senhor,

que, pois m’eu de vós partisse,

que nuncá veria sabor

de ren, pois vos eu non visse,

 porque vós sodes a melhor

 dona de que nunca oisse

 hom falar,

 ca o vosso boo semelhar

 sei que par

 nunca lh’omen pod’achar.

(Bien sabía yo, señora / mía que, después de separarme de vos, / nunca recibiría gusto / por nada en cuanto no os viese, / porque sois la mejor / mujer de la que nunca / oyó nadie hablar, / que a vuestro buen aspecto / nadie pudo / hallarle nunca igual).

El galaico-portugués, lengua en la que están escritas estas composiciones, fue durante dos siglos el idioma de la lírica medieval hispánica hasta que el castellano, ya en el siglo XV, lo desplazó para iniciar, bajo el influjo del amor cortés en la lírica culta, una andadura que ha quedado plasmada en autores como Alfonso Álvarez de Villasandino, Juan Alfonso de Baena, Pedro González de Mendoza y otros cientos de poetas que compusieron las canciones y cantigas castellanas que han preservado Cancioneros como el de Baena, Stúñiga y otros tantos.