EL ALQUIMISTA DEL TIEMPO

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Editorial: Stella Maris (Barcelona)
Fecha de publicación: febrero 2015
Número de páginas: 410
ISBN: 978-84-16128-40-2

José Guadalajara no solo propicia rellenar un hueco documental sino hace del pasado un tiempo verosímil, una respuesta viva para interpretar la Historia con imaginación y talento.

José Luis Morante (Pandora Magazine)


Trama

Las luchas por el poder, la búsqueda del conocimiento y la apasionada vivencia del amor cortés traman una historia insólita que se desarrolla en una época de transición al Renacimiento. El alquimista del Tiempo está ambientada  en una Roma convulsa tras la vacancia de la Cátedra pontificia. Un acontecimiento que precipitará la lucha entre las poderosas familias de los Orsini y los Colonna.

Tres anhelos entretejen la novela: la necesidad que tiene un astrólogo –el sabio maese Cerebruno– de encontrar a un viejo alquimista para que le desvele las claves de un antiguo plano y así construir el primer reloj mecánico del mundo. La falsificación de una bula papal que legitime el matrimonio de Sancho IV con María de Molina. Y el enamoramiento “de oídas” de Jorge Rudelia, que viaja desde Sevilla a Roma con el único propósito de conocer a la hermosísima Nicoletta di Fiori.

Una magistral novela narrada de forma muy dinámica –con capítulos breves y en un estilo ágil, con un lenguaje rico y evocador– que nos sumerge en una época de grandes cambios en donde aflora la belleza del amor, pero también la maldad humana.

Un fragmento de la novela

En el panteón de Agrippa, una tarde, Ptolomeus le explicó sus teorías astrológicas, simbolizadas en ese edificio, cúmulo de poderosas irradiaciones cósmicas, donde ambos se sentían dioses inmortales. Bajo el óculo celeste situado en el centro mismo de la bóveda, la luz les tocaba apenas para filtrarse a través de la materia de los cuerpos y llenarles de energías poderosas.

Al salir de aquel espacio mágico, volvieron a toparse con los contadores de estrellas, los contadores de números, los contadores de palabras, los contadores de personas y los contadores de latidos.

—Ya llevo cuatro mil setecientas dieciocho estrellas. ¡Esta noche he contado una más!

Un poco después, pisando ya otra realidad, se enteró de que el rey Sancho IV había conquistado Tarifa y de que había cerrado así las puertas del Estrecho.

—Dicen que muy pronto conquistará también Granada —apuntó un mercader.

—Eso no lo creo. ¡Granada es reino poderoso! —respondió el maese.


BULA FALSIFICADA DE SANCHO IV

La bula falsificada existió. Con ella se quiso legitimar el matrimonio de Sancho IV con María de Molina. EL ALQUIMISTA DEL TIEMPO, en una de sus tramas, presenta a los hombres que intervinieron en dicha falsificación. Basándose en testimonios reales, José Guadalajara ha convertido en novela todas las peripecias que llevaron a este engaño.

Inicio de la bula

La novela recoge en apéndice el texto completo.

«Nicolás, obispo, siervo de los siervos de Dios, a Sancho, amado hijo de Dios, ilustre rey de Castilla y León, y a María, amada hija de Dios, esposa de aquel, salud y bendición apostólica.

Vuestra petición, expuesta humildemente ante nosotros, contenía que entre vosotros contrajisteis matrimonio consentido por ambas partes per verba de presenti, no ignorando que erais parientes en tercera línea, como declaráis, y que, siendo conscientes,  de este modo celebrasteis el matrimonio, como es costumbre, ante la iglesia. Después, vosotros, tras producirse la unión carnal y tener descendencia, sobrevenida una gran contrición en vuestros corazones con respecto a vuestro contrato matrimonial, quisisteis celebrar un divorcio entre vosotros. Y como de este divorcio, si se producía, podrían derivarse muchos peligros y escándalos para vuestros parientes y vuestros otros amigos, para las personas y vuestros propios reinos, como hemos sabido por personas de confianza, con la devoción que convenía, suplicasteis que por la bondad de la sede apostólica nos dignáramos misericordiosamente a realizar una dispensa respecto a esto, a que estéis obligados a permanecer en dicho matrimonio así contraído, pese al impedimento expuesto a nosotros, y a que desde esta Sede cuidemos de legitimar con especial gracia la prole tenida de este matrimonio, es decir, Fernando, vuestro primogénito y heredero, Isabel, Pedro y Enrique».