LA SOMBRA DE NAYÁ (FELIPE GALÁN)

José Guadalajara 

“Yo nunca salgo bien en las fotos”, me aseguró Felipe mientras posábamos para dejar constancia de nuestra imagen en esta sección literaria dedicada a Mis amigos escritores. El caso es que, no sé si por su funesta predicción y por la cámara,  no salimos bien ninguno de los dos en la fotografía que nos hicieron el día que firmó ejemplares de su última novela La sombra de Nayá en la librería El Rincón de la Lectura de Rivas Vaciamadrid. Hemos tenido que hacernos otra, así que en ésta dejamos ya a los lectores que juzguen por sí mismos tanto de la calidad de la imagen como de la pose y gestos de ambos.

Felipe Galán, integrante del grupo Escritores de Rivas –y cuya pista, además de en su blog www.felipegalan.blogspot.com, podemos seguir en la revista www.escritoresderivas.es- está exultante con esta nueva novela. Se le nota en la cara y en las palabras. ¡Y no es para menos! Me ha contado que le ha dedicado mucho tiempo de su escaso tiempo, documentándose con profundidad, escribiendo e imaginando entre sus partidos de baloncesto como locutor de Telemadrid y el trasiego constante de sus quehaceres domésticos.

Su trayectoria literaria arranca en el género de la literatura juvenil, con Pedro y el invento del siglo (2007), Operación ozono (2010) y su libro de poesía Amigo di verso (2011). La sombra de Nayá, con sus 396 páginas, es, hasta la fecha, su publicación más ambiciosa, aunque, según me ha contado, anda ya metido en otro proyecto literario de envergadura y del que se encuentra profundamente satisfecho.

Sin duda, Felipe Galán, hombre acogedor, tranquilo y cariñoso en el trato humano, ha emprendido con La sombra de Nayá un viaje sorprendente hacia lo más recóndito y misterioso de las antiguas civilizaciones americanas y, desde luego, puedo asegurar que esta vez ha salido estupendamente en esa foto.

LA VOZ DEL AUTOR

Como tantos otros libros, La sombra de Nayá es el fruto de una maravillosa casualidad. De hecho, mi intención era escribir una novela centrada en Diego de Landa, un religioso español que llegó a ser obispo de Yucatán y que pasó a la historia por organizar el famoso auto de fe de Maní, donde se quemaron cientos de códices e ídolos mayas al considerarlos obra del diablo.

Pero entonces, mientras buscaba información sobre aquel suceso ocurrido en 1562, se cruzó en mi camino el Popol Vuh, un libro conocido como La Biblia de los mayas que recopila las leyendas de la civilización mesoamericana sobre el origen del mundo y sobre sus deidades.

En ese momento me di cuenta de que era verdad lo que decían algunos escritores: que en muchas ocasiones no es el narrador el que busca la historia, sino que es la propia historia la que se muestra de alguna forma para llamar la atención del escritor, para asegurarse de que va a ser contada.

Eso fue lo que me ocurrió a mí al descubrir que uno de los lugares descritos por el Popol Vuh existía en la realidad y que nadie había reparado en ese misterioso detalle. De manera inmediata sentí la necesidad de abrir mi mente a lo desconocido, de dejarme llevar por la mitología maya y de recorrer junto a los personajes de la novela el mundo de Xibalbá.

Así nació La sombra de Nayá, aunque todavía faltaba una última casualidad para que la historia viera cumplido su deseo de salir a la luz: la aparición de una editorial interesada precisamente en ese tipo de narraciones, Appaloosa. Nada más leer los dos primeros capítulos, la editora se enamoró de aquel misterio oculto entre las páginas del Popol Vuh y pocos meses después la novela llegaba a las librerías envuelta en una enigmática portada.

Ahora queda lo más importante, que los lectores sientan la misma emoción que me embargó a mí al descubrirlo todo.