FUGITIVAS DEL MAR (LAURA OLALLA)

José Guadalajara

Conocí a Laura Olalla al final de un acto literario. Se me acercó para hablar conmigo, me dijo que era escritora y que le gustaría pertenecer a la Asociación Escritores de Rivas. Le respondí que me mandara su currículum y que le daría una respuesta.

Cuando le di esa respuesta positiva a su petición, ya sabía que había sido actriz de fotonovela en 1971 y que había publicado cuatro libros de poemas, entre ellos En un rincón cualquiera de la casa y Laberinto de agua, por los que ha recibido varios premios. Se incorporó a Escritores de Rivas y, desde entonces, ha participado en los diversos actos de ER. En la actualidad, es la tesorera de la Asociación.

A Laura le mueve un impulso estético y pasional. Su palabra es desbordante cuando te habla y se nota en ella un arrebato por contar, por explicar, por conducir las aguas de sus versos hasta su interlocutor. Vive la poesía en primera persona, lo mismo que la pintura, otra de sus pasiones, aunándolas ambas, como sucede ahora en su último libro, Fugitivas del mar, que será presentado el día 10 de octubre en Rivas Vaciamadrid, en la artística sala Miguel Hernández de Covibar.

“La palabra es un monstruo con la gracia del cisne” y Laura se acoge a ella para extraer sus brillos, sus evocaciones, esos pasos fugitivos que se adentran en el bosque de su poesía.

LA VOZ DEL AUTOR

Creo que en casi todo texto, fuere o no poético, se reconoce un viaje, el viaje de la vida con sus logros y sus fracasos. Una continua espera que nos acerca, sobre todo en los primeros poemas, a la “Odisea”, donde una madre (al igual que Penélope tejiendo un manto diurno y deshaciéndolo en la noche para protegerse de la adversidad que la rodea en ausencia de su amado Ulises) espera el resurgir de su primogénita, perdida en la oscuridad de sí misma. Volcando en la palabra viva recuerdos infantiles, momentos de un pasado y un presente que nos evoca la búsqueda de esa calle en que amarse presencial y espiritualmente. Dos grandes guerreros en lucha constante y por diferentes motivos se despojan de sus miedos y vergüenzas sociales para dirigir sus pasos, repletos de esperanza, hacia esa unidad solidaria en pos del reencuentro con uno mismo.

Una fusión de amor entre madre e hija alcanza la libertad de dos almas entregadas al reconocimiento de sus propios errores, y recogidas y aceptadas en la dimensión celestial como ángeles con otra nueva vida; sin llantos, sin tristezas, sólo en la plenitud de ser concebidas por la providencia divina. Fugitivas del mar es una tea encendida, reflejo de nuestro tiempo, de ese tiempo pasado y presente que rebosa la belleza del amor en cualquier océano. Acción y contemplación, dos ingredientes inseparables para que sus versos fluyan como remanso de paz y bendición para el lector.