KICHAY, (ALEJANDRO ROMERA)

José Guadalajara

El autor y José Guadalajara.

Conocí a Alejandro Romera a través del correo electrónico de los Escritores de Rivas, cuando se puso en contacto con nosotros para hacernos llegar la noticia de la publicación de su primer libro. Dimos información del mismo en la sección Literalia de nuestra revista. Después, tuve la ocasión de conocerlo en persona en una de las numerosas presentaciones de libros y actos culturales a los que asisto habitualmente. Alto, con extraña barba desmadejada, mirada huidiza y voz de cadencias poéticas y entrañables, hablamos con brevedad en ese primer instante de reconocimiento.

Enseguida descubrí en él a un hombre generoso, humilde y de sencilla compostura, un hombre con el que resulta fácil sintonizar desde un comienzo. Alejandro me brindó una magnífica impresión, la de esas personas con las que sabes que te llevarás bien, porque las aguas que encauza son las de un río que fluye en mansedumbre y con las que yo mismo me siento en confluencia. Eso lo supe desde un principio, lo mismo que, en otras ocasiones, también he sabido que los meandros y las rocas del cauce de algunas personas me impedirán realizar un viaje placentero.

Desde hace unas semanas ha pasado a formar parte de Escritores de Rivas. Su acreditación: la calidad literaria y la originalidad de sus historias. Alejandro ha publicado una novela y un libro de relatos: Miradas de ébano (2011) y Kichay (2012). La primera es un viaje al África de los contrastes y de los retazos de vida cotidiana; el segundo consta de quince historias que nos adentran en un mundo de ideales, obsesiones y situaciones paradójicas de las que Alejandro extrae con habilidad numerosas gotas de quintaesencia.

Me complace mucho contar con su amistad y que, junto a otros autores que ya han pasado por esta sección, aparezca ahora entre Mis amigos escritores.

LA VOZ DEL AUTOR

Cuando hace casi treinta años escribía mis primeras páginas en un cuaderno de cuadros de los que usaba en el cole, no podía ni siquiera imaginar que algún día mis cuentos llegarían a publicarse. Yo era aún muy pequeño y escribía sin ningún objetivo concreto, simplemente por el hecho de escribir. El cuerpo me lo pedía.

Han pasado muchos años desde entonces y el cuerpo me lo sigue pidiendo. He escrito muchísimo desde aquellas primeras historias, nunca he dejado de hacerlo. Por eso, cuando ahora, a mis treinta y pico, tengo la oportunidad de compartir mis relatos, siento que he cumplido uno de los sueños que siempre me ha perseguido. Un sueño que siempre creí inalcanzable.

Kichay es mi segundo libro. Se compone de quince relatos cortos en los que intento profundizar de algún modo en la esencia de nuestros actos, en cómo nuestro comportamiento influye en el mundo que nos rodea y en cómo, a su vez, ese mundo influye en nuestro comportamiento.

El relato más antiguo de Kichay lo escribí en el año 1998 y el último en junio de este año 2012. Durante todo este tiempo, he ido observando alrededor de mí, aprendiendo, intentando mejorar. Escribir no es solo tener una buena idea, es trabajar duro, es echarle horas y horas para conseguir que las palabras sean capaces de expresar lo que ronda en la cabeza. Pero es un trabajo gratificante, un esfuerzo que se disfruta palabra a palabra, frase a frase.

Para mí, hablar de Kichay es hablar de un sueño cumplido. Ahora solo me queda esperar que los lectores -vosotros- disfrutéis tanto leyendo los relatos como yo he disfrutado escribiéndolos.